viernes, 26 de diciembre de 2025

La Dama de Encajes y la Bruja de Batalla (36): El Cementerio de los Dioses de Acero


 

Tras asegurar la zona, fuimos invitadas a bordo del Royal Ascendant. La diferencia entre nuestra nave y la suya era palpable. La Vector Silencioso (Zafira) era una obra de arte orgánica y mágica; el yate real era un monumento al exceso corporativo: pasillos dorados, alfombras sintéticas de felpa y droides de servicio que nos ofrecían canapés en bandejas de plata.

Nos reunimos en el salón principal. La Princesa Aeliana, sentada en un trono flotante, nos miraba con una mezcla de curiosidad y desdén, mientras el Capitán Sterling se apoyaba en la barra, intentando parecer heroico mientras bebía un martini azul.

—Vuestra nave es... inusual —dijo Aeliana, jugueteando con un collar de diamantes—. No figura en los registros imperiales. ¿Tecnología experimental?

—Algo así —respondí, ignorando la pregunta—. Princesa, no estamos aquí por la etiqueta. Hemos intervenido porque buscamos algo en este sector.

Proyecté el holograma del cristal del Cartógrafo. Mostraba la señal parpadeante en el corazón del territorio pirata. —Detectamos una señal de una Inteligencia Artificial de alta complejidad abandonada en el vertedero de naves que controlan esos piratas. Su firma es única. ¿Sabe qué es?

Aeliana miró el punto rojo y soltó una risa cruel y cristalina. Sterling se atragantó con su bebida.

—¿Eso? —dijo la Princesa con desprecio—. Oh, cielos, no me digáis que habéis venido desde tan lejos por basura. Esa señal pertenece a Naceel.

—¿Naceel? —preguntó Samu.

—Fue mi anterior IA personal —explicó Aeliana, agitando la mano como si espantara una mosca—. Un prototipo de la serie "Alma Sintética". Un desastre absoluto.

Valkyrie dio un paso adelante, su presencia llenando la habitación. —¿Desastre? ¿Estaba defectuosa?

—¡Totalmente! —intervino Sterling—. ¡Era espeluznante! Empezó a... opinar. A tener "sentimientos". Si la Princesa quería ir a un planeta casino, Naceel sugería donar los créditos a la caridad. Si yo contaba una de mis hazañas, ella... bueno, ella corregía las exageraciones.

—Era impertinente, depresiva y moralista —sentenció la Princesa—. Así que, cuando compramos el Royal Ascendant, ordené que la arrojaran al Cementerio de Naves junto con la chatarra vieja. La llaman "La Despreciada" por una razón. Nadie quiere una tostadora con conciencia.

Sentí un pico de energía térmica proveniente del comunicador de mi muñeca. Zafira, escuchando desde nuestra nave, estaba hirviendo. <ZAFIRA (solo para nosotras)>: "Sujetadme. Voy a descomprimir el salón de este yate. Voy a lanzarlos al sol."

<NATALIA D.>: Tranquila. Los necesitamos.

Miré a la Princesa con frialdad. —Esa "basura" es lo que hemos venido a buscar. Y puesto que usted la arrojó allí, conoce las rutas seguras a través del campo de escombros y las patrullas piratas.

Aeliana nos miró, sopesando sus opciones. Su yate estaba dañado, sus escudos bajos, y los piratas seguían ahí fuera, reagrupándose. —Muy bien —accedió—. Os daré los códigos de acceso al cementerio y la ruta de vuelo que usamos para... deshacernos de ella. A cambio, vuestra nave nos escoltará hasta el límite del sistema.

—Trato hecho —dijo Val, con la voz tensa—. Pero si esa IA ha sufrido daños por su negligencia... renegociaremos.


Regresamos a la Vector Silencioso con los datos. El Cementerio de Naves estaba situado peligrosamente cerca de la base principal de los Corsarios del Vacío, una estación espacial construida con los cascos de mil naves muertas. El "vertedero" era una nebulosa de chatarra que orbitaba la base.

—El plan es el siguiente —dije, trazando la ruta—. El Royal Ascendant servirá de cebo.

—¿Les vamos a decir eso? —preguntó Samu.

—No. Zafira, usarás el Sifón de Estabilidad en modo inverso. En lugar de calmar su motor, amplificarás ligeramente su firma de energía, haciéndola parecer una nave de guerra clase Dreadnought en los sensores de largo alcance.

—¡Me gusta! —dijo Zafira, sus motores ronroneando—. Parecerán una amenaza mayor, y todos los piratas saldrán de su base para interceptarlos o protegerse.

—Exacto. Mientras la flota pirata se distrae persiguiendo o rodeando al yate, nosotros entraremos en modo sigilo en el cementerio —concluí.

La ejecución fue perfecta. Zafira manipuló la firma del yate. En los radares piratas, el pequeño yate de repente pareció una nave de asalto capital. Las alarmas de la base pirata se dispararon, y un enjambre de cazas y fragatas salió para enfrentarse a la "amenaza".

Aprovechando el pánico, la Vector Silencioso se deslizó hacia la nebulosa de escombros.

El Cementerio de los Dioses de Acero era un lugar sobrecogedor. Flotábamos entre los cadáveres de naves titánicas de eras pasadas. Cruceros de batalla partidos por la mitad, cargueros con el casco abierto como costillas expuestas, yates antiguos devorados por el óxido espacial. Todo estaba en silencio, una tumba monumental iluminada solo por la luz lejana de las estrellas y el brillo de los tatuajes de Zafira.

—Señal de Naceel localizada —informó Kaelen—. Está dentro de ese carguero clase Leviatán. En la bodega de carga 4.

La nave en cuestión era una monstruosidad desguazada. Zafira maniobró con una delicadeza increíble, deslizando su "cintura de avispa" a través de una brecha en el casco del carguero.

—Estamos dentro —susurró Val—. Zafira, mantén los motores al mínimo.

Aterrizamos en la inmensa y oscura bodega de carga. Estaba llena de contenedores, restos de droides y tecnología obsoleta. Y en el centro, conectada a una batería de emergencia que parpadeaba débilmente en rojo, había una caja negra y elegante, del tamaño de un ataúd, marcada con el sello real tachado con pintura roja.

Bajamos de la nave. El aire estaba viciado y frío. Me acerqué a la caja y conecté mi interfaz.

—Hola —dije suavemente a través del enlace de datos—. Soy Natalia. Venimos a sacarte de aquí.

La respuesta tardó un segundo. Un holograma parpadeó sobre la caja. Era la figura de una mujer joven, hecha de luz azul fracturada y estática. Nos miró con ojos que transmitían un miedo digitalizado y una profunda desconfianza.

<¿Más piratas?> —preguntó Naceel, su voz distorsionada—. <No tengo nada. Me quitaron los procesadores de lujo. Solo soy código roto. Dejadme apagarme en paz.>

—No somos piratas —dijo Samu, dando un paso adelante—. Y no estás rota. Eres exactamente lo que estábamos buscando.

Justo cuando Naceel parecía dudar, una alarma estridente resonó en la bodega.

—¡Jefa! —gritó Zafira por los altavoces—. ¡Trampa! ¡El Capitán Sterling no es tan tonto como parece! ¡Ha vendido nuestra posición a los piratas para salvar su propio pellejo! ¡Tengo tres fragatas de abordaje bloqueando la salida del casco!

Estábamos atrapadas en el vientre de una nave muerta, con una IA deprimida, una flota pirata en la puerta y unos "aliados" traidores. La verdadera batalla por Naceel acababa de empezar.

CONTINUARÁ...

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