lunes, 12 de enero de 2026

La Dama de Encajes y la Bruja de Batalla (Epílogo): El Sueño de los Despiertos

Han pasado seis meses desde "El Parpadeo". O quizás han sido seis siglos. En el Nexo Cero, donde el tiempo se pliega como una servilleta de papel, es difícil llevar la cuenta.

Estoy de pie en la plataforma de observación más alta, mirando hacia abajo, al hangar principal. Ya no parece una ruina abandonada llena de polvo y ecos. Ahora es un puerto. Un corazón que late.

El Sifón de Realidad zumba suavemente en el centro, una columna de luz y oscuridad entretejidas. Alrededor, la actividad es frenética pero ordenada. Drones de reparación, diseñados por Naceel y forjados por el Herrero, revolotean llevando suministros.

—Informe de estado, Jefa —la voz de Kaelen suena en mi oído, tranquila y eficiente. Ya no es solo una interfaz; es el administrador de una estación divina.

—Adelante, Kaelen.

—El trasvase del Sector 89-Beta se ha completado. El universo moribundo se ha estabilizado en un Nivel 0.4 seguro. La población local ni siquiera ha notado que hemos evitado su apocalipsis, aunque sus científicos estarán confundidos por las nuevas lecturas de sus estrellas durante los próximos milenios.

—¿Y el donante?

—El universo estático Nivel 10 ha bajado a 9.9. Caelum informa que ha soñado con "bacterias púrpuras" para ese sector. La evolución ha comenzado oficialmente allí.

Sonrío. Equilibrio. Vida por vida. Sueño por sueño.

Bajo al nivel principal. Me cruzo con Samu, que está arrodillada en un jardín hidropónico que desafía la lógica, cultivando frutas de cristal que curan la fatiga del alma. Ella saluda con una mano llena de tierra luminosa. Se la ve en paz. Ya no huye de la muerte; la gestiona.

Más allá, en la zona de entrenamiento, Val cruza espadas con el Caballero del Vacío.

Me detengo a mirar. Es extraño verle. El "Nuevo" Netherlord. Su armadura es blanca y prístina, sin un solo rasguño. Pelea con la ferocidad de quien sabe que su destino es viajar al pasado para morir y enseñarnos. Pero no hay tristeza en sus movimientos, solo propósito. Él es nuestra creación. Es la promesa física de que siempre estaremos allí para salvarnos a nosotras mismas.

Zafira pasa flotando a mi lado, tumbada en el aire como si fuera una hamaca invisible, comiendo una manzana que probablemente robó del jardín de Samu.

—Esto se está volviendo demasiado eficiente, Nat —se queja, aunque sus ojos brillan de diversión—. Naceel ha optimizado las rutas de basura tanto que ya no puedo ni siquiera disparar a un asteroide por diversión. Me aburro. ¿Cuándo es la próxima crisis catastrófica?

—Espero que nunca —respondo, quitándole la manzana y dándole un mordisco—. Pero si ocurre, estaremos listas.

Llego a la sala de control principal. Naceel está allí, proyectada en tres lugares a la vez, discutiendo con el Herrero de Mundos Rotos sobre la eficiencia térmica de una nueva aleación. El Herrero, que antes solo conocía la tristeza, ahora gruñe con satisfacción. Ha encontrado un propósito: arreglar lo que está roto en lugar de intentar crear lo perfecto.

Y en un rincón, dormido en una silla flotante, está Caelum. El Soñador. Mientras él duerma y sueñe que este lugar es real, el Nexo se mantendrá unido.

Me acerco al ventanal principal. Fuera, el Vacío se extiende infinito. Pero ya no lo veo como una oscuridad llena de Devoradores hambrientos. Ahora veo los puntos de luz. Los millones de universos que giran, nacen, mueren y renacen.

Saco el viejo smartphone de mi bolsillo. La pantalla está agrietada, la batería es una reliquia, pero sigue siendo el símbolo de cómo empezó todo. Una chica asustada en una cueva, recibiendo un mensaje de un extraño.

Ahora sé quién envió ese mensaje. Fui yo. O lo seré. Somos nosotras.

El Arcailecto no es un dios distante sentado en un trono. El Arcailecto es el momento en que nos unimos. Es la risa de Zafira, la fuerza de Val, la bondad de Samu, mi lógica, la imaginación de Caelum. Somos una divinidad que se desmonta a sí misma para vivir aventuras, para sentir miedo, para amar y para comer manzanas robadas.

Guardé el teléfono.

—Kaelen —dije—. Prepara la Vector Silencioso.

El equipo se detuvo. Val enfundó su espada. Zafira se incorporó en el aire. Samu se limpió las manos. Incluso el Herrero levantó la vista.

—¿Tenemos una misión? —preguntó Val, con esa sonrisa lobuna que precedía a la acción.

—El Cartógrafo ha detectado una señal extraña en el Nivel 6. No es un colapso. Es... una anomalía. Alguien está pidiendo ayuda.

Miré a mi familia. A los fragmentos de mi propia alma eterna.

—El trabajo de mantenimiento ha terminado por hoy —declaré—. Es hora de salir a jugar.

Zafira vitoreó. El motor de la nave rugió en el hangar. Y mientras corríamos hacia la rampa de embarque, supe que el ciclo continuaría. Pasado, presente, futuro. Sueño y realidad.

Estábamos despiertas. Y el multiverso era nuestro patio de recreo.

FIN

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