sábado, 31 de enero de 2026

Diario de un Escritor Flustrado

Diario del Escritor (Entrada #842): Stardate... ni lo intento.

El borrador de Arabella dice que la Princesa debe ser "una maestra de las artes místicas antiguas" pero también "una virgen inocente que necesita que un hombre rudo le enseñe cómo funciona la galaxia".

Mi plan: La Princesa tiene poderes, sí, pero tiene la coordinación de un pato mareado. Su "Estremecimiento Cósmico" básicamente hace que se le caigan las cosas o que la gente a su alrededor sienta una repentina necesidad de ir al baño. Y el "rudo contrabandista" va a necesitar gafas de culo de botella porque no distingue un asteroide de una estación espacial. Va a ser glorioso.


Capítulo 1: El Despertar del Estremecimiento (y la Miopía)

La Cantina de Mos Eiser... perdón, la "Taberna Orbital del Puerto Estelar 7" era un lugar miserable lleno de escoria y villanía, pero con una estricta política de no fumar vapeadores de plasma. La iluminación era baja, principalmente para ocultar el hecho de que el camarero era un pulpo con peluquín.

La Princesa Seraphina de Alde... de Planetia Prime, estaba sentada en un rincón oscuro. Llevaba una túnica blanca con capucha que, por alguna razón inexplicable de la moda galáctica, tenía un escote hasta el ombligo y una raja en la pierna hasta la cadera.

Seraphina estaba nerviosa. Sentía el "Estremecimiento Cósmico" bullir en su interior. Era una energía antigua que conectaba a todos los seres vivos. Desgraciadamente, cuando Seraphina se ponía nerviosa, el Estremecimiento Cósmico hacía que los cacahuetes de los cuencos cercanos empezaran a levitar y a meterse en las orejas de los clientes.

—Debo concentrarme —susurró ella, cerrando los ojos intensamente.

PLOP. Un cacahuete aterrizó en el ojo de un cazarrecompensas reptiliano en la mesa de al lado.

De repente, las puertas neumáticas de la cantina se abrieron con un siseo dramático.

Entró él. El Capitán Dash "Meteorito" Rendar.

Era todo lo que una novela de Arabella requería. Llevaba un chaleco de cuero negro sobre una camisa que parecía dos tallas más pequeña, marcando unos pectorales que probablemente habían sido esculpidos en gravedad cero. Llevaba un bláster colgando peligrosamente bajo en su cadera y una sonrisa torcida que prometía problemas y, posiblemente, enfermedades venéreas exóticas.

Dash se detuvo en la entrada, escaneando la habitación. Entrecerró los ojos de forma seductora.

(En realidad, Dash había perdido una de sus lentillas de contacto en la esclusa de aire y ahora veía el mundo como una mancha impresionista. Estaba intentando desesperadamente averiguar cuál de las manchas borrosas era la barra y cuál era un alienígena agresivo de dos metros).

—Busco transporte —dijo Seraphina, su voz sonando como campanillas de viento en un vacío—. Necesito salir de este sistema antes de que el Imperio... digo, la Federación Corporativa Malvada me encuentre.

Dash se giró hacia el sonido de su voz, chocando el hombro contra el marco de la puerta en el proceso, pero recuperándose con un giro "casual" que pretendía ser genial.

—¿Transporte, eh, muñeca? —dijo Dash, acercándose a una planta en maceta que confundió con ella por un segundo—. Mi nave es la más rápida del cuadrante. La llaman... El Halcón Oxidado. Puede hacer la carrera de Kessel en... eh... muy poco tiempo. Si el hiper-impulsor no está de mal humor.

—Siento una perturbación en ti —dijo Seraphina, levantándose y acercándose. El Estremecimiento Cósmico reaccionó a su libido creciente, haciendo que la máquina de discos empezara a tocar una balada romántica de saxofón muy inapropiada.

—Lo que sientes, princesa —gruñó Dash, finalmente enfocando sus ojos en el lugar correcto (su escote)—, es el peligro. Y me gusta el peligro.

Mientras los dos protagonistas intercambiaban miradas cargadas de tensión sexual y clichés de los años 70, el fondo de la cantina seguía con su vida.

Un pequeño robot con forma de cubo de basura con patas, llamado Unidad BEEP-SUSPIRO, rodó lentamente entre ellos. El robot tenía una abolladura permanente en la cabeza y una actitud existencialista.

*—BEEP-BOOP-WHEEEECH —*dijo el robot, que traducido del binario significaba: "Oh, genial. Más humanos a punto de tomar malas decisiones reproductivas basadas en la adrenalina. Mientras tanto, yo estoy aquí, con una fuga de aceite en mi tercer actuador, y nadie me pregunta cómo me siento. La inmensidad del espacio es solo un vacío frío lleno de idiotas orgánicos".

Dash tropezó con el robot. —¡Maldita chatarra! —pateó suavemente al BEEP-SUSPIRO.

El robot soltó un pitido lastimero y chocó deliberadamente contra la espinilla de Dash.

—¿Es ese tu droide? —preguntó Seraphina, intentando parecer mística mientras disimuladamente usaba sus poderes mentales para evitar que su túnica se abriera demasiado.

—Sí. Es un modelo antiguo. Creo que tiene depresión crónica —admitió Dash—. Vamos a mi nave. Te enseñaré mi... motor warp.

—¿Es seguro? —preguntó ella, mordiéndose el labio inferior.

—Nena, conmigo nada es seguro. Excepto la probabilidad de que necesitemos usar los teletransportadores de emergencia porque el baño de la nave se atasca a menudo.

Justo cuando salían, un guardia de seguridad alienígena con seis ojos se acercó a la barra.

—¿Quién ha estado levitando estos cacahuetes? —preguntó el guardia, sacándose uno de la nariz—. Viola el código de salud interestelar 4B.

El camarero pulpo se encogió de sus ocho hombros. —Fueron los de la novela romántica, oficial. Siempre dejan un desastre místico.

Dash y Seraphina corrieron hacia el muelle de atraque. —¡Rápido! —gritó Dash—. ¡Usemos el teletransportador para llegar a la nave!

Se subieron a una plataforma brillante. Dash golpeó un panel de control con el puño. —¡Energizar!

Hubo un zumbido, un destello de luz, y desaparecieron.

Reaparecieron tres metros más a la izquierda, dentro de un armario de escobas.

—Maldita tecnología barata —murmuró Dash, frotándose la cabeza contra una fregona espacial—. A veces solo te mueve un poco y te quita la ropa interior.

Seraphina jadeó, dándose cuenta de que, efectivamente, su ropa interior de seda espacial había desaparecido en el éter.

—Oh, capitán... —suspiró ella—. El Estremecimiento Cósmico me dice que este viaje será... intenso.

BEEP-SUSPIRO rodó hasta la puerta del armario y soltó un pitido electrónico que sonaba sospechosamente como un suspiro de resignación.


Nota del Escritor: Creo que he logrado el equilibrio perfecto entre cumplir con las demandas de Arabella de "tensión sexual en el espacio" y mi propia necesidad de hacer que la tecnología futura parezca tan frustrante como una impresora atascada. Si el editor pregunta por qué el contrabandista necesita gafas, le diré que es un rasgo de vulnerabilidad que lo hace más atractivo. Je.

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