Diario del Escritor (Entrada #608):
Arabella me ha mandado un boceto de la portada. Hay un barco, hay un capitán que sospechosamente se parece a cierto actor de Hollywood, y hay una mujer con la espalda desnuda que parece un mapa del metro de Londres. La premisa es que ella "tiene la clave en su piel".
Me he pasado la mañana intentando explicarle a Arabella que tatuar un mapa del tesoro detallado en la época victoriana probablemente resultaría en una infección masiva y no en una "hoja de ruta seductora". Ella respondió: "El dolor es placer, querido. Y la tinta es indeleble, como su amor".
Así que aquí estoy. Tengo que escribir una escena donde el Capitán examine el mapa sobre su cuerpo desnudo sin que parezca un examen médico rutinario. He decidido que la tripulación del barco será mi válvula de escape. Si el capitán es un cliché andante, su tripulación será... bueno, un sindicato.
Capítulo 5: La Latitud de la Lujuria
El Venganza Escarlata se mecía suavemente sobre las olas del Caribe, crujiendo con ese sonido de madera vieja que los poetas llaman "el canto del mar" y los carpinteros llaman "termitas estructurales".
En el camarote del capitán, Lady Elara se despojó de su pesado vestido de seda victoriano. La tela cayó al suelo con un susurro, revelando su piel de alabastro cubierta de tinta azulada. Allí, trazadas sobre sus curvas, estaban las costas de Isla Tortuga, los bajíos de la Muerte y, justo encima de su omóplato izquierdo, la rosa de los vientos.
El Capitán Thorne "El Devorador de Almas" se levantó de su escritorio. Llevaba la camisa abierta hasta el ombligo, botas de cuero y tanto delineador negro en los ojos que parecía un mapache deprimido.
—Elara —gruñó él, acercándose con paso depredador (y tropezando levemente con el vestido que ella había tirado en medio del paso)—. He navegado los siete mares, he luchado contra krakens y recaudadores de impuestos... pero nunca he visto un mapa tan... excitante.
Él extendió una mano callosa y trazó la línea costera que bajaba por su columna vertebral. —Aquí —susurró, su dedo deteniéndose en su zona lumbar—. Aquí es donde enterré mi corazón... y tres cajas de doblones españoles.
—Navega en mí, Thorne —gimió Elara, arqueando la espalda—. Usa tu brújula. Encuentra el tesoro prohibido.
Mientras Thorne acercaba su rostro a la piel de ella, murmurando cosas sobre "saquear fortalezas" e "izar la vela mayor", la ventana del camarote estaba abierta. Y justo afuera, en la cubierta, la temible tripulación pirata estaba teniendo su reunión matutina.
—Orden, orden en la cubierta —decía la voz de 'Pata de Palo' Pete. Pete tenía las dos piernas, pero llevaba una pata de palo atada a la pantorrilla porque decía que le daba "estatus"—. Punto número uno del día: El loro.
—¿Qué pasa con el loro? —preguntó otra voz ronca.
—El loro "Barbanegra Jr." ha estado repitiendo palabras inaceptables. Ayer le dijo al contramaestre que sus habilidades de gestión de recursos humanos eran "subóptimas". Eso baja la moral, muchachos. Queremos un loro que diga "¡Al abordaje!" o "¡Ron!", no uno que critique nuestra estructura organizacional.
Dentro del camarote, Thorne intentaba mantener la atmósfera erótica. —Tu piel sabe a sal y a destino —murmuró, besando el tatuaje de un ancla en su hombro—. Dime, Elara... ¿dónde está la X?
Elara se mordió el labio. —La X... está en un lugar que solo un verdadero capitán se atrevería a explorar.
—¿En la Cala del Contrabandista? —preguntó él, bajando la mirada.
—Más al sur —susurró ella.
Afuera, la reunión sindical continuaba. —Punto número dos: El escorbuto —leyó Pete—. Chicos, sé que somos piratas malvados y todo eso, pero el cocinero ha sugerido que incorporemos más cítricos en la dieta. Ha preparado una mousse de limón con virutas de lima para el postre de hoy.
—¡Yo quiero robar y matar! —gritó un grumete—. ¡No quiero mousse!
—¡Calla, Jimmy! —le regañó Pete—. Una encía sangrante no intimida a nadie. Si quieres violar y saquear, tienes que tener una sonrisa bonita. Es marketing básico.
Dentro, Thorne estaba teniendo problemas técnicos. Entrecerró los ojos, acercando la nariz a la cadera de Elara. —Maldita sea... —masculló por lo bajo.
—¿Qué ocurre, mi capitán? ¿Te abruma la pasión?
—No, es que... el tatuador tenía una letra terrible. ¿Esto dice "Cueva de la Perdición" o "Cueva de la Perdiz"? Porque cambia drásticamente el tipo de equipamiento que necesito llevar.
—Es "Perdición", Thorne —dijo Elara, tratando de recuperar el tono sexy—. Una perdición en la que caeremos juntos.
Thorne la agarró de la cintura, levantándola sobre el escritorio y tirando accidentalmente un tintero y un astrolabio. —No me importa el nombre. Solo me importa reclamar lo que es mío. Prepárate para el abordaje, milady.
—¡Capitán! —gritó una voz desde la ventana, rompiendo el clímax. Una cabeza con un pañuelo de lunares se asomó—. Perdone la interrupción de la cópula, señor, pero tenemos una duda sobre el código de vestimenta para el asalto de mañana.
Thorne se giró, con Elara todavía en brazos y cubriéndose estratégicamente con un mapa de las Bermudas. —¡Smee! ¡Te dije que no me molestaras a menos que el barco se estuviera quemando o nos atacara la Marina Real!
—Lo sé, Capi, lo sé. Pero es que los chicos dicen que el negro adelgaza, pero con este sol caribeño da mucho calor. ¿Podemos saquear en tonos pastel? Quizá un "salmón amenazante" o un "turquesa terrorífico".
Thorne suspiró, dejando caer la cabeza sobre el pecho tatuado de Elara. La "furia de los mares" se estaba desinflando rápidamente. —Mátame —susurró el capitán contra la piel de ella—. O mejor, bórra el mapa y dibújame una salida de emergencia.
Elara le acarició el cabello grasiento. —No te preocupes, mi amor. Después del saqueo te haré una infusión de jengibre. Es buena para el estrés del mando.
—Gracias —dijo el temible pirata—. Y dile a Smee que el turquesa no combina con la sangre. Que usen el rojo.
—¡Oído cocina! —gritó Smee desde la ventana—. ¡Rojo para todos! ¡Jimmy, deja de llorar y cómete tu limón!
Nota del Escritor: Me pregunto si Arabella notará que el Capitán tiene astigmatismo. Probablemente no. Ella solo leerá "pasión", "mapa" y "abordaje" y estará contenta. Yo, por mi parte, voy a buscar si existe el "Sindicato de Escritores Fantasma de Novelas Eróticas Victoriales". Necesito un descanso y una mousse de lima.
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