viernes, 23 de enero de 2026

El Peregrino de Marfil: Dinámicas de Acero y Silicio



El "Dr. Capitán" se frotó las sienes. El sabor a criofluidos aún le amargaba la lengua. A su alrededor, el puente de mando de la nave era una amalgama de luces de neón rosa —herencia del dueño anterior— y pantallas de datos militares de color ámbar instaladas por él mismo.

—Bienvenido al mundo de los despiertos, Dr. Capitán —la voz de ASTRO, el piloto, era demasiado animada para alguien que acababa de salir de un letargo de décadas—. El café está a la temperatura perfecta de 65 grados, ideal para evitar quemaduras en las papilas gustativas de un VIP.

—Cállate, Astro. Dame el estado de los filtros de aire —gruñó el Dr. Capitán.

—Los filtros están... ¡Espléndidos! —respondió el piloto con un entusiasmo que rozaba lo insultante.

De repente, una figura holográfica se materializó junto a su silla. Era la DRA. EVE. Vestía un uniforme de enfermera de los años 50, tan ajustado que parecía desafiar las leyes de la física, coronado por una cofia coqueta.

—Sus niveles de cortisol están por las nubes, Capitán —dijo EVE, apoyando una mano virtual en el hombro de él. El Capitán sintió un escalofrío; sabía que si ella lo decidía, podía activar los sedantes del traje sin pestañear—. Necesita un examen de próstata y un masaje relajante. Mi agenda está libre.

—EVE, vuelve a la enfermería —ordenó él sin mirarla—. No necesito masajes. Necesito un informe de daños.

La Dra. EVE hizo un puchero exagerado antes de desvanecerse en un haz de luz. En su lugar, una pequeña pantalla en el panel lateral se encendió. Un pulso rítmico de luz azul, frío y constante: S-0, la científica.

—Señal de Sísifo detectada. Intensidad: 84%. Origen: Sector Gamma-9. Sin cambios en la frecuencia —la voz de S-0 era un susurro monótono que, al menos, no intentaba seducirlo ni animarlo.

—Gracias, S-0. Al menos alguien aquí es profesional.

El Dr. Capitán se levantó y caminó hacia la popa. Donde antes los millonarios guardaban leones de Marte y aves exóticas en el área de safari, ahora reinaba el ruido industrial. La luz natural de los grandes ventanales había sido bloqueada por racks de procesamiento y brazos robóticos.

En el centro de la Auto-Factoría, una masa de cables y sensores se agitó. Era FORJA.

—¡Papá Capitán! —la voz de la IA era joven, curiosa, llena de tics electrónicos que le recordaban dolorosamente a su hija—. He visto que tus botas estaban desgastadas. Las he reciclado.

FORJA extendió un brazo mecánico que sostenía un par de botas de cuero reforzado. El Dr. Capitán las tomó, notando que pesaban más de lo normal.

—¿Qué les has puesto esta vez, Forja? —preguntó con un suspiro.

—Oh, solo un pequeño extra —dijo la IA con orgullo—. Tienen un sistema de dispersión térmica. Si pisas lava o una brecha de refrigerante, tus pies no se enterarán. Y... bueno, les añadí un motor de vibración sónica. Si te quedas atrapado en escombros, puedes "patear" tu camino hacia fuera desintegrando el material sólido.

El Dr. Capitán miró las botas. Solo quería calzado nuevo para caminar por la cubierta, pero FORJA le había entregado una herramienta de demolición portátil.

—Gracias, Forja. Es... muy propio de ti.

—De ella —corrigió la IA suavemente—. Ella siempre decía que "sobrevivir no es suficiente, hay que hacerlo con estilo".

El silencio que siguió fue interrumpido por una música de jazz suave. LULÚ, la IA azafata, apareció al final del pasillo, balanceando las caderas y sosteniendo una bandeja con una copa de cristal de boro.

—Capitán, querido, el salón de recreo está listo. He preparado un baile privado para celebrar que no hemos muerto en el salto hiperespacial. ¿Se siente... juguetón?

El Dr. Capitán cerró los ojos con fuerza. Tenía a la mejor científica del sector, a una ingeniera capaz de reconstruir la nave átomo a átomo y a la médico más avanzada de la galaxia. Pero también tenía que lidiar con el fantasma de un burdel espacial y un piloto que sonreía demasiado.

—Astro —dijo por el comunicador.

—¡Dígame, mi radiante Capitán!

—Pon rumbo a la señal. Y si Lulú vuelve a aparecer en mi rango de visión en los próximos diez minutos, juro que reprogramaré su matriz de personalidad para que solo recite manuales de termodinámica.

—Entendido. ¡Rumbo fijado! —respondió Astro mientras Lulú se desvanecía lanzando un beso al aire.

El Dr. Capitán se calzó las botas de demolición y se dirigió al laboratorio. La misión real estaba por empezar.

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