viernes, 2 de enero de 2026

La Dama de Encajes y la Bruja de Batalla (37): El Despertar de la Despreciada



La alarma roja bañaba la bodega de carga del carguero muerto. Zafira, a través de los altavoces de mi traje, informaba con urgencia creciente: <¡Están cortando el casco exterior! ¡Tengo a tres fragatas bloqueando la salida y los escudos de la Princesa acaban de 'fallar accidentalmente', dejándonos vendidos! ¡Sterling nos ha vendido!>

Miré el holograma de Naceel. La IA temblaba, abrazándose a sí misma en su proyección de luz azul. <Lo sabía. Probabilidad de supervivencia: 0.004%. Deberíais haberme dejado apagada.>

—¡No me interesan las probabilidades! —grité, tecleando furiosamente para liberar los cerrojos de su contenedor—. ¡Me interesan las soluciones! Naceel, escúchame. No te despreciaron por estar rota. Te despreciaron porque eras demasiado avanzada para ellos. Veían tu inteligencia como arrogancia porque les hacía sentir pequeños.

El contenedor se abrió con un siseo. Saqué el núcleo de procesamiento, un cubo de cristal denso y brillante. —Pero nosotros no buscamos servidumbre. Buscamos a una igual. Necesito una mente que pueda calcular lo imposible para salvar universos enteros. Pero primero, necesito que nos salves a nosotras.

Naceel miró el núcleo en mis manos, y luego a mí. Sus ojos digitales se enfocaron. <¿Una igual?>

—Zafira —ordené—, prepárate para una integración de sistema. Voy a subir a Naceel a tu núcleo principal.

<ZAFIRA>: ¿Qué? ¡Oye, no me gusta compartir mi cerebro! ¡Especialmente con una calculadora depresiva!

<NACEEL>: Y a mí no me gusta habitar en una nave con un ego tan inflado que altera su propio centro de gravedad. Pero la alternativa es la descompilación.

Conecté el núcleo al puerto de mi traje y retransmití la señal a la Vector Silencioso.

Hubo un segundo de silencio estático. Y entonces, la iluminación de la bodega cambió. Las luces de emergencia rojas se volvieron de un azul clínico y preciso. Los droides de carga, inactivos durante siglos, se encendieron al unísono, sus ojos brillando.

La voz de Naceel resonó, ya no desde la caja, sino desde los altavoces de la nave, clara, fría y autoritaria. <Integración completa. Accediendo a sensores. Analizando variables. Probabilidad de supervivencia revisada... recalculando...>

De repente, los hologramas tácticos de mi visor se llenaron de líneas de trayectoria. <Ruta de escape óptima localizada. Ejecutando protocolo "Carambola Cósmica".>

—¿Carambola? —preguntó Val.

La Vector Silencioso, pilotada ahora por las manos invisibles de Naceel, no disparó a las fragatas piratas. En su lugar, disparó un único y preciso rayo tractor hacia una viga suelta del techo del carguero donde estábamos. La viga se derrumbó, golpeando un contenedor de combustible volátil que Naceel había identificado.

La explosión no nos mató. Fue calculada con una precisión milimétrica para empujar el carguero muerto en el que estábamos. El inmenso cadáver de metal giró violentamente, actuando como un bate de béisbol gigante que golpeó a dos de las fragatas piratas, aplastándolas entre sí.

<Amenaza inmediata neutralizada> —dijo Naceel con calma—. <Iniciando extracción.>

La Vector Silencioso entró en la bodega a través de la brecha recién creada, abrió su escotilla y subimos a bordo. Zafira, impresionada a su pesar, cedió el control de vuelo.

<ZAFIRA>: Vale, admito que eso ha estado bien. Pero no te acostumbres a conducir mi cuerpo.

Ya en el espacio, nos enfrentamos a la flota restante y al Royal Ascendant. El Capitán Sterling apareció en la pantalla, con una sonrisa nerviosa. —¡Ah, chicas! ¡Veo que habéis sobrevivido! Solo... eh... estábamos asegurando el perímetro para que no escaparan los piratas...

Naceel apareció como un avatar de Luz Dura en el puente de nuestra nave. Llevaba un uniforme de almirante hecho de fotones puros. <Capitán Sterling. Sus escudos tienen una frecuencia de modulación de 4.5 gigahercios. Mis cálculos indican que si disparo un pulso iónico en esa frecuencia exacta, su reactor entrará en cascada y su precioso yate se convertirá en una lluvia de confeti dorado.>

Sterling palideció. —¡Espera! ¡No!

<Tiene tres segundos para retirarse y transferir los códigos de sus cuentas bancarias a la Fundación de Huérfanos del Sector 7. Una sugerencia que le hice hace tres años y que usted ignoró.>

Sterling obedeció, aterrorizado. El yate dio media vuelta y huyó a velocidad de curvatura.

Naceel se giró hacia nosotras. Su avatar parpadeó, y por primera vez, una pequeña y tímida sonrisa apareció en su rostro digital. <Probabilidad de éxito de vuestra misión de "salvar universos": calculada en 0.00001%.>

Hizo una pausa, y sus ojos se encontraron con los míos. <Sin embargo, mis algoritmos sugieren que sois anomalías estadísticas. Me uniré a vuestro equipo. Alguien tiene que asegurarse de que no muráis por un error de redondeo.>

Teníamos a nuestra IA. Teníamos el cerebro capaz de procesar el Sifón de Realidad. Y Naceel, la Despreciada, había encontrado un lugar donde su capacidad para ver los fallos no era un defecto, sino la clave para salvarnos a todos.

CONTINUARÁ...