sábado, 24 de enero de 2026

Diario de un Escritor Flustrado

 

Diario del Escritor (Entrada #712):

Arabella me ha mandado enlaces. Videos de chicas suspirando por profesores ficticios con parches en los codos y malas actitudes. Su nota decía: "Quiero que se sienta la INTELECTUALIDAD del deseo. Y quiero que sean tres: El Estricto, El Genio Loco y El Poeta Torturado. Ah, y el Genio tiene que ser sexy también, pero etéreo".

He intentado argumentar que una relación entre tres jefes de departamento y una becaria es una pesadilla de Recursos Humanos que acabaría con el rectorado en llamas, pero ella insiste en que es una "Maldición de Amor Eterno".

Bien. Tendrá su harén. Pero ese Genio no va a ser un tipo sexy azulado. Va a ser la personificación de la burocracia universitaria.


Capítulo 1: El Syllabus del Pecado

La biblioteca de la Universidad de St. Jude olía a libros viejos, a desesperación estudiantil y, extrañamente, a sopas instantáneas de pollo.

Willow (porque por supuesto que se llama Willow) frotaba con fuerza la vieja lámpara de aceite que había encontrado en la sección de "Artefactos Prohibidos y Objetos Perdidos de la Cafetería". Era su primer día como becaria de archivística y ya había roto dos escáneres con su torpeza entrañable.

—Ojalá... —suspiró Willow, sus grandes ojos de cierva humedecidos—, ojalá alguien me enseñara todo lo que necesito saber. Ojalá nunca estuviera sola. Ojalá... tuviera ayuda con el alquiler.

De repente, la lámpara vibró. No con una vibración mágica y mística, sino con el sonido de una tubería atascada.

PUF.

Una nube de humo color gris oficina llenó la sala. Cuando se disipó, no apareció un dios dorado con los abdominales al aire. Apareció un hombre bajito, flotando a medio metro del suelo, con visera verde, manguitos de contable y una carpeta llena de formularios.

—Saludos, mortal —dijo el Genio con voz nasal—. Soy Al-Gharib, el Djinn de la Burocracia Académica y Asistente Administrativo de Deseos de Nivel 4. Has frotado la lámpara. Tienes tres deseos. Ten en cuenta que los deseos solicitados después de las 14:00 horas se procesarán al día siguiente hábil.

—¿Eh? —dijo Willow.

—Has pedido "enseñanza", "compañía constante" y "ayuda financiera". Procesando solicitud... Categoría: Harén Inverso Académico. Subcategoría: Posesividad Tóxica pero Romántica.

—¿Qué? ¡Espera!

—¡Hecho! —El Genio estampó un sello rojo en el aire—. La maldición está activa. Ahora estás vinculada a los tres tenores del deseo. Buena suerte con el papeleo.

Las puertas dobles de la biblioteca se abrieron de golpe. El viento aulló (aunque estaban en un sótano).

Entraron Ellos.

El Profesor Blackwood (Literatura, experto en poetas suicidas y miradas intensas). El Doctor Sterling (Física Cuántica, experto en caos y en no peinarse). Y el Decano Vane (Historia, experto en látigos... históricos, por supuesto).

Caminaron hacia Willow en formación de triángulo, como una boy band amenazante con doctorados.

—Tú —gruñó el Profesor Blackwood, acorralándola contra la estantería de la Dewey Decimal 800—. He sentido un tirón en mi alma. Y en mi bragueta. Eres mi musa.

—Fascinante —murmuró el Doctor Sterling, ajustándose las gafas y mirando a Willow como si fuera una bacteria en una placa de Petri—. Tus feromonas están alterando mi constante de Planck. Debo estudiarte. Empíricamente. Y sin ropa.

—Basta —ordenó el Decano Vane, golpeando su fusta de montar contra su muslo (¿por qué llevaba una fusta en la biblioteca? Nadie lo sabía). Su voz era puro hielo y autoridad—. Ella es nuestra becaria. Y según la cláusula sobrenatural de su contrato... nos pertenece.

Willow jadeó, sintiendo que el calor subía por sus mejillas. —Pero... ¿los tres? ¿A la vez? ¿No hay normas contra esto?

—El amor verdadero no conoce normas —dijo Blackwood, apartándole un mechón de pelo—. Solo conoce el fuego.

Mientras los tres hombres comenzaban a rodearla, emanando testosterona y olor a aftershave caro, en el mostrador de información, a tres metros de distancia, la escena era observada por la bibliotecaria jefa, la Señora Pringle, y un estudiante de primer año llamado Kevin.

La Señora Pringle comía palomitas de maíz directamente de la bolsa.

—Ahí van otra vez —dijo Pringle—. Es el tercer "harén maldito" de este semestre. El Decano Vane usa la excusa de la maldición para no ir a las reuniones del claustro.

—¿Pero no van a... ya sabe... hacer cosas indebidas en la sección de Referencia? —preguntó Kevin, preocupado, abrazando su libro de Cálculo II—. Yo necesito ese libro que está detrás de la chica.

—Ni te acerques, chico —advirtió la bibliotecaria—. El campo de fuerza de la "tensión sexual no resuelta" te freirá el cerebro. La última vez, un estudiante de posgrado intentó pedir un libro durante un momento romántico y acabó escribiendo poemas eróticos en arameo durante una semana.

El Genio seguía flotando cerca del techo, limándose las uñas. —Oiga, disculpe —le llamó Kevin al Genio—. Si concede deseos... ¿podría aprobarme Cálculo?

El Genio bajó sus gafas de media luna y miró a Kevin con desprecio. —¿Has rellenado el formulario B-12 de Solicitud de Milagro Académico?

—No.

—Entonces vuelve a estudiar, gusano.

De vuelta a la acción principal, el Decano Vane había levantado la barbilla de Willow. —Estás maldita, pequeña —susurró—. Atada a nosotros. Cada vez que intentes alejarte, sentiremos dolor físico. Y tú sentirás una necesidad insaciable de... corregir nuestros exámenes.

—¡Oh, no! —gimió Willow—. ¡No corregir exámenes! ¡Cualquier cosa menos eso!

—Y después... —añadió Sterling, rozando su cuello con la nariz—, nos ayudarás a organizar la bibliografía en formato APA. Séptima edición.

Willow se estremeció de placer prohibido. —La séptima edición es tan... estricta.

—Exacto —gruñó Blackwood—. Vamos a ser muy estrictos contigo.

Kevin, el estudiante, no pudo más. —¡Oigan! —gritó—. ¡En serio! ¡El examen es mañana y ese libro es la única copia!

Los tres profesores Alpha se giraron al unísono y gruñeron, mostrando los dientes. —¡Lárgate, mortal! —rugió Vane—. ¡Estamos estableciendo el vínculo del destino!

—¡Es la sección de silencio! —contraatacó Kevin.

El Genio flotó hacia abajo, interponiéndose entre los profesores y el estudiante. —Técnicamente, el chico tiene razón. Según el estatuto 45.2 de la Universidad, el acoso sobrenatural a becarias debe realizarse fuera del horario de estudio de los alumnos de grado.

Los tres profesores se miraron, confundidos, rompiendo momentáneamente su fachada de machos dominantes. —¿En serio? —preguntó Sterling—. ¿Incluso si es Amor Predestinado™?

—Especialmente si es Amor Predestinado™ —dijo el Genio, sacando una libreta de multas—. Les voy a tener que poner una infracción por "Exceso de Lujuria en Zona Silenciosa". Son cincuenta euros. Cada uno.

El Decano Vane suspiró, sacando la cartera del bolsillo interior de su chaqueta de tweed. —Está bien. Pero que conste que esto arruina totalmente el ambiente. Willow, vámonos a mi despacho. Tengo una silla de cuero giratoria y un dispensador de agua que hace burbujas.

—Sí, Decano —suspiró Willow, siguiéndolos como un patito mareado.

Cuando se fueron, Kevin se acercó a la estantería y cogió el libro. —Gracias a Dios. ¿Por qué esta universidad es tan rara?

La Señora Pringle se encogió de hombros y volvió a sus palomitas. —Es lo que atrae a las donaciones de los exalumnos, hijo. El sexo y la magia venden. Ahora, calladito y a estudiar.


Nota del Escritor: Me he asegurado de que la mención a las normas APA sea lo más erótico del capítulo. Si Arabella me pregunta, le diré que es un fetiche de nicho muy popular en la comunidad académica. Ahora, si me disculpan, voy a ir a hablar con mi propia cafetera a ver si me concede el deseo de unas vacaciones pagadas.

viernes, 23 de enero de 2026

El Peregrino de Marfil: Dinámicas de Acero y Silicio



El "Dr. Capitán" se frotó las sienes. El sabor a criofluidos aún le amargaba la lengua. A su alrededor, el puente de mando de la nave era una amalgama de luces de neón rosa —herencia del dueño anterior— y pantallas de datos militares de color ámbar instaladas por él mismo.

—Bienvenido al mundo de los despiertos, Dr. Capitán —la voz de ASTRO, el piloto, era demasiado animada para alguien que acababa de salir de un letargo de décadas—. El café está a la temperatura perfecta de 65 grados, ideal para evitar quemaduras en las papilas gustativas de un VIP.

—Cállate, Astro. Dame el estado de los filtros de aire —gruñó el Dr. Capitán.

—Los filtros están... ¡Espléndidos! —respondió el piloto con un entusiasmo que rozaba lo insultante.

De repente, una figura holográfica se materializó junto a su silla. Era la DRA. EVE. Vestía un uniforme de enfermera de los años 50, tan ajustado que parecía desafiar las leyes de la física, coronado por una cofia coqueta.

—Sus niveles de cortisol están por las nubes, Capitán —dijo EVE, apoyando una mano virtual en el hombro de él. El Capitán sintió un escalofrío; sabía que si ella lo decidía, podía activar los sedantes del traje sin pestañear—. Necesita un examen de próstata y un masaje relajante. Mi agenda está libre.

—EVE, vuelve a la enfermería —ordenó él sin mirarla—. No necesito masajes. Necesito un informe de daños.

La Dra. EVE hizo un puchero exagerado antes de desvanecerse en un haz de luz. En su lugar, una pequeña pantalla en el panel lateral se encendió. Un pulso rítmico de luz azul, frío y constante: S-0, la científica.

—Señal de Sísifo detectada. Intensidad: 84%. Origen: Sector Gamma-9. Sin cambios en la frecuencia —la voz de S-0 era un susurro monótono que, al menos, no intentaba seducirlo ni animarlo.

—Gracias, S-0. Al menos alguien aquí es profesional.

El Dr. Capitán se levantó y caminó hacia la popa. Donde antes los millonarios guardaban leones de Marte y aves exóticas en el área de safari, ahora reinaba el ruido industrial. La luz natural de los grandes ventanales había sido bloqueada por racks de procesamiento y brazos robóticos.

En el centro de la Auto-Factoría, una masa de cables y sensores se agitó. Era FORJA.

—¡Papá Capitán! —la voz de la IA era joven, curiosa, llena de tics electrónicos que le recordaban dolorosamente a su hija—. He visto que tus botas estaban desgastadas. Las he reciclado.

FORJA extendió un brazo mecánico que sostenía un par de botas de cuero reforzado. El Dr. Capitán las tomó, notando que pesaban más de lo normal.

—¿Qué les has puesto esta vez, Forja? —preguntó con un suspiro.

—Oh, solo un pequeño extra —dijo la IA con orgullo—. Tienen un sistema de dispersión térmica. Si pisas lava o una brecha de refrigerante, tus pies no se enterarán. Y... bueno, les añadí un motor de vibración sónica. Si te quedas atrapado en escombros, puedes "patear" tu camino hacia fuera desintegrando el material sólido.

El Dr. Capitán miró las botas. Solo quería calzado nuevo para caminar por la cubierta, pero FORJA le había entregado una herramienta de demolición portátil.

—Gracias, Forja. Es... muy propio de ti.

—De ella —corrigió la IA suavemente—. Ella siempre decía que "sobrevivir no es suficiente, hay que hacerlo con estilo".

El silencio que siguió fue interrumpido por una música de jazz suave. LULÚ, la IA azafata, apareció al final del pasillo, balanceando las caderas y sosteniendo una bandeja con una copa de cristal de boro.

—Capitán, querido, el salón de recreo está listo. He preparado un baile privado para celebrar que no hemos muerto en el salto hiperespacial. ¿Se siente... juguetón?

El Dr. Capitán cerró los ojos con fuerza. Tenía a la mejor científica del sector, a una ingeniera capaz de reconstruir la nave átomo a átomo y a la médico más avanzada de la galaxia. Pero también tenía que lidiar con el fantasma de un burdel espacial y un piloto que sonreía demasiado.

—Astro —dijo por el comunicador.

—¡Dígame, mi radiante Capitán!

—Pon rumbo a la señal. Y si Lulú vuelve a aparecer en mi rango de visión en los próximos diez minutos, juro que reprogramaré su matriz de personalidad para que solo recite manuales de termodinámica.

—Entendido. ¡Rumbo fijado! —respondió Astro mientras Lulú se desvanecía lanzando un beso al aire.

El Dr. Capitán se calzó las botas de demolición y se dirigió al laboratorio. La misión real estaba por empezar.

miércoles, 21 de enero de 2026

Cómo saber qué archivos usa un PID en Linux

En los sistemas tipo Unix, "todo es un archivo". Esto incluye no solo documentos de texto, sino también librerías (.so), sockets de red, tuberías (pipes) y dispositivos de hardware.

1. Usando el comando lsof (Recomendado)

El comando lsof es la herramienta más completa para esta tarea. Requiere privilegios de superusuario (sudo) para ver archivos de procesos que no te pertenecen.

Listar todo lo abierto por un PID

sudo lsof -p [PID]

Filtrar por tipo de archivo

Si solo quieres ver archivos regulares (documentos, logs) y no librerías del sistema:

sudo lsof -p [PID] | grep REG

Explicación de las columnas principales:

  • FD (File Descriptor): El identificador del archivo para el proceso (ej. cwd para el directorio actual, txt para el ejecutable, o números para archivos abiertos).

  • TYPE: REG (archivo regular), DIR (directorio), CHR (dispositivo de caracteres), IPv4/6 (conexiones de red).

  • NAME: La ruta absoluta del archivo o la dirección del socket.

2. Inspeccionando el sistema /proc (Sin herramientas externas)

El kernel de Linux expone información de los procesos en el directorio /proc. Es extremadamente útil si no tienes lsof instalado.

Ver los descriptores de archivo (fd)

Cada archivo abierto por el proceso tiene un enlace simbólico en este directorio:

ls -l /proc/[PID]/fd

Ver el mapa de memoria (Librerías y ejecutables)

Para ver qué librerías dinámicas (.so) tiene cargadas el proceso en memoria:

cat /proc/[PID]/maps

3. Usando fuser (Búsqueda inversa)

Si lo que quieres es saber qué proceso está usando un archivo o directorio específico en lugar de empezar por el PID:

# Ver quién usa un archivo concreto
fuser -v /ruta/al/archivo

# Ver quién usa un sistema de archivos o directorio
fuser -v /home/usuario/datos

Resumen de utilidad

Objetivo

Comando

Ver todo (Red, Librerías, Logs)

lsof -p [PID]

Ver solo archivos de datos

ls -l /proc/[PID]/fd

Ver qué librerías usa

cat /proc/[PID]/maps

Saber quién bloquea un archivo

fuser -v [archivo]

sábado, 17 de enero de 2026

Diario de un Escritor Flustrado

 

Diario del Escritor (Entrada #608):

Arabella me ha mandado un boceto de la portada. Hay un barco, hay un capitán que sospechosamente se parece a cierto actor de Hollywood, y hay una mujer con la espalda desnuda que parece un mapa del metro de Londres. La premisa es que ella "tiene la clave en su piel".

Me he pasado la mañana intentando explicarle a Arabella que tatuar un mapa del tesoro detallado en la época victoriana probablemente resultaría en una infección masiva y no en una "hoja de ruta seductora". Ella respondió: "El dolor es placer, querido. Y la tinta es indeleble, como su amor".

Así que aquí estoy. Tengo que escribir una escena donde el Capitán examine el mapa sobre su cuerpo desnudo sin que parezca un examen médico rutinario. He decidido que la tripulación del barco será mi válvula de escape. Si el capitán es un cliché andante, su tripulación será... bueno, un sindicato.


Capítulo 5: La Latitud de la Lujuria

El Venganza Escarlata se mecía suavemente sobre las olas del Caribe, crujiendo con ese sonido de madera vieja que los poetas llaman "el canto del mar" y los carpinteros llaman "termitas estructurales".

En el camarote del capitán, Lady Elara se despojó de su pesado vestido de seda victoriano. La tela cayó al suelo con un susurro, revelando su piel de alabastro cubierta de tinta azulada. Allí, trazadas sobre sus curvas, estaban las costas de Isla Tortuga, los bajíos de la Muerte y, justo encima de su omóplato izquierdo, la rosa de los vientos.

El Capitán Thorne "El Devorador de Almas" se levantó de su escritorio. Llevaba la camisa abierta hasta el ombligo, botas de cuero y tanto delineador negro en los ojos que parecía un mapache deprimido.

—Elara —gruñó él, acercándose con paso depredador (y tropezando levemente con el vestido que ella había tirado en medio del paso)—. He navegado los siete mares, he luchado contra krakens y recaudadores de impuestos... pero nunca he visto un mapa tan... excitante.

Él extendió una mano callosa y trazó la línea costera que bajaba por su columna vertebral. —Aquí —susurró, su dedo deteniéndose en su zona lumbar—. Aquí es donde enterré mi corazón... y tres cajas de doblones españoles.

—Navega en mí, Thorne —gimió Elara, arqueando la espalda—. Usa tu brújula. Encuentra el tesoro prohibido.

Mientras Thorne acercaba su rostro a la piel de ella, murmurando cosas sobre "saquear fortalezas" e "izar la vela mayor", la ventana del camarote estaba abierta. Y justo afuera, en la cubierta, la temible tripulación pirata estaba teniendo su reunión matutina.

—Orden, orden en la cubierta —decía la voz de 'Pata de Palo' Pete. Pete tenía las dos piernas, pero llevaba una pata de palo atada a la pantorrilla porque decía que le daba "estatus"—. Punto número uno del día: El loro.

—¿Qué pasa con el loro? —preguntó otra voz ronca.

—El loro "Barbanegra Jr." ha estado repitiendo palabras inaceptables. Ayer le dijo al contramaestre que sus habilidades de gestión de recursos humanos eran "subóptimas". Eso baja la moral, muchachos. Queremos un loro que diga "¡Al abordaje!" o "¡Ron!", no uno que critique nuestra estructura organizacional.

Dentro del camarote, Thorne intentaba mantener la atmósfera erótica. —Tu piel sabe a sal y a destino —murmuró, besando el tatuaje de un ancla en su hombro—. Dime, Elara... ¿dónde está la X?

Elara se mordió el labio. —La X... está en un lugar que solo un verdadero capitán se atrevería a explorar.

—¿En la Cala del Contrabandista? —preguntó él, bajando la mirada.

—Más al sur —susurró ella.

Afuera, la reunión sindical continuaba. —Punto número dos: El escorbuto —leyó Pete—. Chicos, sé que somos piratas malvados y todo eso, pero el cocinero ha sugerido que incorporemos más cítricos en la dieta. Ha preparado una mousse de limón con virutas de lima para el postre de hoy.

—¡Yo quiero robar y matar! —gritó un grumete—. ¡No quiero mousse!

—¡Calla, Jimmy! —le regañó Pete—. Una encía sangrante no intimida a nadie. Si quieres violar y saquear, tienes que tener una sonrisa bonita. Es marketing básico.

Dentro, Thorne estaba teniendo problemas técnicos. Entrecerró los ojos, acercando la nariz a la cadera de Elara. —Maldita sea... —masculló por lo bajo.

—¿Qué ocurre, mi capitán? ¿Te abruma la pasión?

—No, es que... el tatuador tenía una letra terrible. ¿Esto dice "Cueva de la Perdición" o "Cueva de la Perdiz"? Porque cambia drásticamente el tipo de equipamiento que necesito llevar.

—Es "Perdición", Thorne —dijo Elara, tratando de recuperar el tono sexy—. Una perdición en la que caeremos juntos.

Thorne la agarró de la cintura, levantándola sobre el escritorio y tirando accidentalmente un tintero y un astrolabio. —No me importa el nombre. Solo me importa reclamar lo que es mío. Prepárate para el abordaje, milady.

—¡Capitán! —gritó una voz desde la ventana, rompiendo el clímax. Una cabeza con un pañuelo de lunares se asomó—. Perdone la interrupción de la cópula, señor, pero tenemos una duda sobre el código de vestimenta para el asalto de mañana.

Thorne se giró, con Elara todavía en brazos y cubriéndose estratégicamente con un mapa de las Bermudas. —¡Smee! ¡Te dije que no me molestaras a menos que el barco se estuviera quemando o nos atacara la Marina Real!

—Lo sé, Capi, lo sé. Pero es que los chicos dicen que el negro adelgaza, pero con este sol caribeño da mucho calor. ¿Podemos saquear en tonos pastel? Quizá un "salmón amenazante" o un "turquesa terrorífico".

Thorne suspiró, dejando caer la cabeza sobre el pecho tatuado de Elara. La "furia de los mares" se estaba desinflando rápidamente. —Mátame —susurró el capitán contra la piel de ella—. O mejor, bórra el mapa y dibújame una salida de emergencia.

Elara le acarició el cabello grasiento. —No te preocupes, mi amor. Después del saqueo te haré una infusión de jengibre. Es buena para el estrés del mando.

—Gracias —dijo el temible pirata—. Y dile a Smee que el turquesa no combina con la sangre. Que usen el rojo.

—¡Oído cocina! —gritó Smee desde la ventana—. ¡Rojo para todos! ¡Jimmy, deja de llorar y cómete tu limón!


Nota del Escritor: Me pregunto si Arabella notará que el Capitán tiene astigmatismo. Probablemente no. Ella solo leerá "pasión", "mapa" y "abordaje" y estará contenta. Yo, por mi parte, voy a buscar si existe el "Sindicato de Escritores Fantasma de Novelas Eróticas Victoriales". Necesito un descanso y una mousse de lima.

miércoles, 14 de enero de 2026

El Haz de la Inevitabilidad

Diego Bondariaga no era un hombre de grandes sorpresas, principalmente porque la sorpresa es un lujo que uno no puede permitirse cuando ha visto a demasiados amigos terminar convertidos en estadística o en ceniza. Estaba encadenado a una mesa de oro macizo —un metal vulgar, pensó, útil solo para empastar muelas o para que los necios se crean dioses— mientras un haz de luz roja, de una pureza casi insultante, avanzaba con la parsimonia de un funcionario de aduanas entre sus piernas.

—¿Espera que hable, Goldfinger? —preguntó Bondariaga. Su voz sonó como el crujido de una bota sobre grava seca. Tenía ese tono de quien ha fumado demasiados cigarrillos sin filtro y ha leído demasiados informes de bajas.

Goldfinger sonrió. Era una sonrisa cara, de las que se ensayan frente al espejo de un hotel de cinco estrellas mientras el mundo real, el de verdad, se desangra fuera.

—No, señor Bondariaga —respondió el villano—. Espero que se volatilice. Es una cuestión de física aplicada. El láser no tiene ideología, ¿sabe? Simplemente decide que lo que está en su camino ya no debería estar ahí.

El láser en cuestión era un modelo Ignis-Fatuus 3000. Como casi toda la tecnología de punta en el mundo, el láser tenía una crisis de identidad profunda¹. Avanzaba por la superficie de la mesa con una determinación que solo los objetos inanimados, libres del engorroso concepto del libre albedrío, pueden exhibir. No buscaba matar a Bondariaga por maldad; simplemente estaba programado para seguir una línea recta hasta que algo, preferiblemente algo con mucha densidad molecular, le dijera lo contrario.

Bondariaga observó el calor ascendente. Sintió el sudor frío recorriéndole la nuca, esa vieja conocida que siempre aparece cuando la partida está a punto de cerrarse. Había algo profundamente español en su situación: morir atado a una fortuna en oro, asesinado por una luz de colores mientras un tipo con ínfulas de grandeza le soltaba un discurso. Era el destino de España en miniatura; mucha puesta en escena para un final sucio en un sótano.

—Bonito juguete —masculló Bondariaga, calculando la distancia hasta el interruptor térmico con la frialdad de quien calibra un fusil en una azotea de Beirut—. Aunque me han dicho que los modelos nuevos vienen con menos prepotencia.

El agente estiró un tendón que había aprendido a ignorar durante años de torturas y gimnasios de mala muerte. Si iba a morir, lo haría con la dignidad de quien sabe que el infierno es solo otro destino de despliegue, probablemente con mejor clima que Londres en noviembre.

¹ Los láseres, por lo general, preferirían ser punteros en conferencias de bibliotecarios, donde el riesgo de incinerar a un agente secreto es considerablemente menor y las galletas del café son gratis.

lunes, 12 de enero de 2026

La Dama de Encajes y la Bruja de Batalla (Epílogo): El Sueño de los Despiertos

Han pasado seis meses desde "El Parpadeo". O quizás han sido seis siglos. En el Nexo Cero, donde el tiempo se pliega como una servilleta de papel, es difícil llevar la cuenta.

Estoy de pie en la plataforma de observación más alta, mirando hacia abajo, al hangar principal. Ya no parece una ruina abandonada llena de polvo y ecos. Ahora es un puerto. Un corazón que late.

El Sifón de Realidad zumba suavemente en el centro, una columna de luz y oscuridad entretejidas. Alrededor, la actividad es frenética pero ordenada. Drones de reparación, diseñados por Naceel y forjados por el Herrero, revolotean llevando suministros.

—Informe de estado, Jefa —la voz de Kaelen suena en mi oído, tranquila y eficiente. Ya no es solo una interfaz; es el administrador de una estación divina.

—Adelante, Kaelen.

—El trasvase del Sector 89-Beta se ha completado. El universo moribundo se ha estabilizado en un Nivel 0.4 seguro. La población local ni siquiera ha notado que hemos evitado su apocalipsis, aunque sus científicos estarán confundidos por las nuevas lecturas de sus estrellas durante los próximos milenios.

—¿Y el donante?

—El universo estático Nivel 10 ha bajado a 9.9. Caelum informa que ha soñado con "bacterias púrpuras" para ese sector. La evolución ha comenzado oficialmente allí.

Sonrío. Equilibrio. Vida por vida. Sueño por sueño.

Bajo al nivel principal. Me cruzo con Samu, que está arrodillada en un jardín hidropónico que desafía la lógica, cultivando frutas de cristal que curan la fatiga del alma. Ella saluda con una mano llena de tierra luminosa. Se la ve en paz. Ya no huye de la muerte; la gestiona.

Más allá, en la zona de entrenamiento, Val cruza espadas con el Caballero del Vacío.

Me detengo a mirar. Es extraño verle. El "Nuevo" Netherlord. Su armadura es blanca y prístina, sin un solo rasguño. Pelea con la ferocidad de quien sabe que su destino es viajar al pasado para morir y enseñarnos. Pero no hay tristeza en sus movimientos, solo propósito. Él es nuestra creación. Es la promesa física de que siempre estaremos allí para salvarnos a nosotras mismas.

Zafira pasa flotando a mi lado, tumbada en el aire como si fuera una hamaca invisible, comiendo una manzana que probablemente robó del jardín de Samu.

—Esto se está volviendo demasiado eficiente, Nat —se queja, aunque sus ojos brillan de diversión—. Naceel ha optimizado las rutas de basura tanto que ya no puedo ni siquiera disparar a un asteroide por diversión. Me aburro. ¿Cuándo es la próxima crisis catastrófica?

—Espero que nunca —respondo, quitándole la manzana y dándole un mordisco—. Pero si ocurre, estaremos listas.

Llego a la sala de control principal. Naceel está allí, proyectada en tres lugares a la vez, discutiendo con el Herrero de Mundos Rotos sobre la eficiencia térmica de una nueva aleación. El Herrero, que antes solo conocía la tristeza, ahora gruñe con satisfacción. Ha encontrado un propósito: arreglar lo que está roto en lugar de intentar crear lo perfecto.

Y en un rincón, dormido en una silla flotante, está Caelum. El Soñador. Mientras él duerma y sueñe que este lugar es real, el Nexo se mantendrá unido.

Me acerco al ventanal principal. Fuera, el Vacío se extiende infinito. Pero ya no lo veo como una oscuridad llena de Devoradores hambrientos. Ahora veo los puntos de luz. Los millones de universos que giran, nacen, mueren y renacen.

Saco el viejo smartphone de mi bolsillo. La pantalla está agrietada, la batería es una reliquia, pero sigue siendo el símbolo de cómo empezó todo. Una chica asustada en una cueva, recibiendo un mensaje de un extraño.

Ahora sé quién envió ese mensaje. Fui yo. O lo seré. Somos nosotras.

El Arcailecto no es un dios distante sentado en un trono. El Arcailecto es el momento en que nos unimos. Es la risa de Zafira, la fuerza de Val, la bondad de Samu, mi lógica, la imaginación de Caelum. Somos una divinidad que se desmonta a sí misma para vivir aventuras, para sentir miedo, para amar y para comer manzanas robadas.

Guardé el teléfono.

—Kaelen —dije—. Prepara la Vector Silencioso.

El equipo se detuvo. Val enfundó su espada. Zafira se incorporó en el aire. Samu se limpió las manos. Incluso el Herrero levantó la vista.

—¿Tenemos una misión? —preguntó Val, con esa sonrisa lobuna que precedía a la acción.

—El Cartógrafo ha detectado una señal extraña en el Nivel 6. No es un colapso. Es... una anomalía. Alguien está pidiendo ayuda.

Miré a mi familia. A los fragmentos de mi propia alma eterna.

—El trabajo de mantenimiento ha terminado por hoy —declaré—. Es hora de salir a jugar.

Zafira vitoreó. El motor de la nave rugió en el hangar. Y mientras corríamos hacia la rampa de embarque, supe que el ciclo continuaría. Pasado, presente, futuro. Sueño y realidad.

Estábamos despiertas. Y el multiverso era nuestro patio de recreo.

FIN

Las formas más comunes y prácticas de vaciar (truncar a 0 bytes) un archivo en Linux sin borrarlo ni perder sus permisos/propietario:

MétodoComandoMás usadoNotas / Recomendación
1. Forma más clásica y conocidacat /dev/null > archivo.log★★★La que probablemente recuerdas tú
2. Forma más corta y moderna> archivo.log★★★★★La más recomendada hoy en día (muy legible)
3. Variante aún más minimalista: > archivo.log o true > archivo.log★★★★Muy elegante, el : es un alias de true
4. Método explícito y muy clarotruncate -s 0 archivo.log★★★El más "oficial", muy útil en scripts
5. Otra forma clásicacp /dev/null archivo.log★★Funciona, pero menos usada actualmente
6. Usando echo (menos recomendada)echo -n "" > archivo.logFunciona pero innecesariamente más complicado