sábado, 21 de febrero de 2026

Diario de un Escritor Flustrado

 

¡Por las barbas de un enano! Hemos vuelto al principio. El ciclo se cierra. Es el Ouroboros de la literatura basura. Arabella ha decidido desempolvar sus viejos tropos: la "fantasía épica erótica".

El editor está dando palmas con las orejas. Dice que es un "retorno a la grandeza". Yo digo que es un retorno a las infecciones urinarias por llevar armaduras de metal directamente sobre la piel en cuevas húmedas.

Lo de "domar al dragón con poderes íntimos" me tiene fascinado. ¿Cómo funciona la logística? ¿Es un dragón de tamaño bolsillo? ¿O estamos hablando de un reptil de veinte toneladas que escupe napalm? En fin, he decidido que el dragón no va a ser una bestia lujuriosa, sino un anciano con reuma que solo quiere que le dejen en paz. Y los "orgasmos mágicos" van a ser interpretados de una forma... muy literal.

Aquí tienes el resultado. Que los dioses nos perdonen.


Diario del Escritor (Entrada #1001):

Arabella me ha enviado un boceto de la armadura de Liriana. Es básicamente tres monedas de oro unidas por hilo dental de mithril. Me ha adjuntado una nota: "Asegúrate de describir cómo el metal frío contrasta con sus pezones ardientes".

Yo solo puedo pensar en el tétanos. Y en las corrientes de aire. Y en lo incómodo que debe ser sentarse en una roca.

He decidido que la "Cueva del Dragón" no va a ser un lugar solitario y místico. Va a ser una atracción turística local. Porque si hay un dragón gigante en el vecindario, la gente va a querer verlo. Y vender bocadillos en la entrada.


Capítulo 1: La Llama de la Pasión (y la Artritis)

La Cueva de las Sombras Eternas estaba húmeda. No una humedad romántica y brillante, sino esa humedad penetrante que se te mete en los huesos y hace que te huela la ropa a perro mojado.

Liriana, la Doncella Guerrera de los Muslos de Acero, entró en la caverna con paso firme. Su armadura, la legendaria "Bikini de la Protección Inexistente +5", tintineaba suavemente. La pieza del pecho apenas cubría lo estrictamente legal en un reino conservador, y la parte de abajo era un desafío a la gravedad y a la decencia pública.

—¡Sal, bestia ancestral! —gritó Liriana, su voz resonando en las paredes de piedra—. ¡He venido a reclamar tu fuego! ¡He venido a fundirme contigo en un abrazo prohibido!

Hizo una pose heroica, arqueando la espalda de tal manera que se escuchó un crujido preocupante en sus vértebras lumbares.

Al fondo de la cueva, sobre una montaña de oro, joyas y (extrañamente) varias cajas de pizza vacías, dormía Ignis el Terrible.

Ignis abrió un ojo. Era un ojo amarillo, velado por cataratas y el cansancio de milenios. El dragón resopló, y una nube de humo con olor a azufre y menta (para el aliento) envolvió a Liriana.

—¿Otra vez? —retumbó la voz del dragón en la mente de ella. No sonaba seductora. Sonaba como un abuelo al que acaban de despertar de la siesta para venderle una enciclopedia—. ¿Es que no sabéis leer el cartel de la entrada? "Prohibido molestar entre las 2 y las 5". Es mi hora del té.

—¡No me rechaces, criatura magnífica! —Liriana avanzó, esquivando un charco de dudosa procedencia—. Siento el calor de tu escamas llamando a mi... eh... centro de poder. Mi magia íntima vibra por ti.

A unos metros de distancia, sentados en una mesa plegable cerca de una estalactita, había un grupo de cuatro pastores locales jugando a las cartas.

—Veo tus dos ovejas y subo una cabra —dijo el Pastor Bob, sin mirar siquiera a la guerrera semidesnuda. —No tienes una cabra, Bob —replicó el Pastor Ted—. La vendiste la semana pasada para comprar ese ungüento para las almorranas. —Shhh, callaos —susurró el Pastor Dave—. Esta es la parte en la que ella intenta hacerle un baile sexy y se resbala con el guano de murciélago. Es mi parte favorita.

Liriana, ignorando a la audiencia (o fingiendo que eran espíritus del bosque), comenzó a realizar los movimientos de la "Danza del Apareamiento Místico". Consistía básicamente en agitar las caderas mientras emitía gemidos agudos.

Ignis el dragón levantó la cabeza, crujiendo el cuello. —Niña, pareces una lagartija con convulsiones. ¿Tienes parásitos? Tengo un polvo muy bueno para eso. Me lo trajo un mago la semana pasada antes de que me lo comiera. Estaba un poco fibroso, el mago, no el polvo.

—¡Es la danza del deseo! —gritó Liriana, frustrada, deteniéndose en seco—. ¡Quiero forjar una alianza! ¡Mis entrañas arden!

—Eso es reflujo —diagnosticó el dragón—. Pasa mucho con esas armaduras tan apretadas. Te cortan la digestión.

De detrás de la pata del dragón salió un pequeño Kobold llamado Snivels, llevando una escoba y un recogedor. —Jefe, ¿quiere que la incinere o la añado a la pila de "Doncellas con Problemas de Autoestima"? Ya no nos queda sitio en el congelador.

—Espera, Snivels —dijo el dragón, entrecerrando los ojos—. Dice que tiene "manos calientes" o algo así.

Ignis acercó su enorme hocico a Liriana. Ella, pensando que era el momento del beso prohibido, cerró los ojos y puso boca de pato. El dragón, sin embargo, giró la cabeza y le ofreció su hombro derecho, cubierto de escamas duras como el diamante.

—Mira, tengo una contractura aquí, justo debajo del ala, desde la Segunda Era. Si esa "magia íntima" tuya incluye dar calor y masajes profundos, podemos hablar de esa alianza.

Liriana parpadeó, confundida. —¿Quieres que te dé un masaje? ¿No quieres... saquear mi virtud?

—Tengo tres mil años, niña. Mi libido se extinguió más o menos al mismo tiempo que los dinosaurios. Lo que quiero es alivio muscular. Frota ahí. Fuerte.

Liriana, viendo que su guion se desmoronaba, pero decidida a "sellar la alianza", puso sus manos sobre la escama gigante. Canalizó su "calor interior" (que en realidad era la fiebre provocada por el inicio de una gripe debido a la humedad de la cueva).

—¡Oh, sí! —gimió el dragón, sus ojos poniéndose en blanco—. ¡Ahí, ahí! ¡Eso es mejor que devorar un reino entero! ¡Sigue así y te daré lo que quieras!

—¿La salvación del reino? —preguntó Liriana, frotando con fuerza.

—Sí, sí, lo que sea. Y te daré una de esas joyas brillantes que tanto os gustan. Pero no pares. Snivels, trae el cronómetro. Quiero una sesión de cincuenta minutos.

Los pastores estallaron en aplausos. —¡Bravo! —gritó Bob—. ¡Ha durado más que el caballero de la semana pasada! ¡Ese intentó pincharle con la lanza y acabó siendo un kebab!

Liriana suspiró, resignada a su destino como masajista quiropráctica de reptiles gigantes. —Supongo que esto cuenta como "contacto íntimo" —murmuró para sí misma.

—¡Más fuerte! —rugió Ignis—. ¡Siento el "orgasmo mágico" en mi trapecio! ¡Es eterno! ¡O al menos hasta que cambie el tiempo!

Y así, la doncella y la bestia forjaron un vínculo inquebrantable, basado en el manejo del dolor crónico y la aplicación de calor localizado.


Nota del Escritor: He cumplido. Hay "contacto", hay "fuego", hay "gemidos" (de alivio muscular) y hay una "alianza". Si Arabella se queja, le diré que el dragón es sapiosexual y le excita la fisioterapia. Ahora, si me disculpan, voy a comprarme una manta eléctrica. Escribir esto me ha dado frío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario