miércoles, 9 de marzo de 2011

La computadora de Anticitera

Fuente: La pizarra de Yuri

Hace más de dos mil años, alguien creó un objeto absolutamente extraordinario.
Pasarían catorce siglos de oscuridad hasta que volviera a verse algo parecido sobre la faz de la Tierra.
La costa frente a la que se produjo el naufragio de Antikitera.
La costa frente a la que se produjo el naufragio de Anticitera hace unos 2.100 años, en la actualidad. Foto: Mellis (Clic para ampliar)
Agradecimiento: Escrito con la inestimable cooperación del Dr. Tony Freeth,
secretario del Antikythera Mechanism Research Project.
Donde se indique, las imágenes son propiedad del AMRP o de Images First.
Thank you very much again, Dr. Freeth!

Faltaban unas seis u ocho décadas para el año cero que no fue cuando un buque de tecnología romana y unas trescientas toneladas de desplazamiento se hizo a la mar en el Mediterráneo Oriental. No sabemos realmente quién era su armador, ni el puerto de donde partió, ni a dónde se dirigía, ni en qué fecha exacta lo hizo, ni quiénes navegaban en él. Pero se hundió en la posición 35° 53′ norte 23° 18′ este, a poca distancia de un cabo septentrional de la isla de Anticitera (o Antiquitera), entonces llamada Aigilia u Ogylos y hoy en día parte de la Grecia contemporánea. Esta isla, donde se encuentra el antiguo puerto de Pótamos Aigilii, era por aquel entonces un refugio de piratas a quienes hacía la guerra la Rodas aliada de Roma; quizá el mercante había sido capturado. Otra posibilidad es que simplemente, sobrecargado como iba, se hundiera de viejo: la madera de olmo con que fue construido ha sido datada mediante radiocarbono entre el 177 y el 263 aC, o sea que el barco (o su maderamen, que se solía reutilizar) contaba al menos noventa años de antigüedad y puede que hasta dos siglos. O cualquier otra cosa. Han pasado dos mil y pico años; vete tú a saber qué viento se lo llevó.
Restos del naufragio de Anticitera.
Restos del naufragio de Anticitera: un fragmento del casco, construido en madera de olmo con tecnología romana, y diversos trozos de cerámica entre los que se distingue el cuello de un ánfora del siglo I a.C. Imagen obtenida a 52 m. de profundidad por miembros del Instituto Egeo, operando desde el barco Calypso del comandante Cousteau, en 1975. Foto: Aegean Institute (Clic para ampliar)
En octubre de 1900, casi veinte siglos después, un grupo de recolectores de esponjas al mando del capitán Dimitrios Kondos andaba faenando en el lugar mientras esperaban a que se disipara una fuerte tormenta que se interponía en su regreso a casa. Uno de los buceadores, Elías Stadiatos, regresó de su inmersión hablando despavorido sobre cuerpos de hombres y animales pudriéndose en el fondo. Pensando que Elías deliraba por sufrir borrachera de las profundidades, el capitán Kondos bajó a comprobarlo. Así hallaron el pecio, o lo que quedaba de él, a unos sesenta metros de profundidad. Contenía ánforas, estatuas de mármol y cobre, cerámica grecorromana y una diversidad de utensilios corrientes en los buques del último siglo antes de nuestra era. Basándose en los restos encontrados, incluyendo algunas monedas pergamenses del 86 – 67 y efesias atribuidas al periodo 70 – 60, los arqueólogos concluyen que el naufragio tuvo que suceder entre el 85 y el 60 aC. Si fuera anterior, estas monedas no deberían estar presentes; si fuera posterior, habría objetos más tardíos con toda probabilidad.
Algunos historiadores creen que pudo tratarse de uno de los barcos que transportaban a Roma el botín obtenido por Sila durante la Primera Guerra Mitridática; al parecer hay un texto de Luciano de Samosata, dos siglos y medio posterior, que menciona la pérdida de uno de estos navíos. Obviamente, esto no pasa de ser un tiro lejano. No es sólo el tiempo transcurrido entre el suceso y el comentario de Luciano: es que el Mediterráneo Oriental es uno de los primeros mares de la civilización y el paso entre Citera, Anticitera y Creta ha sido surcado por incontables navíos desde tiempos muy antiguos. Antes de que llegaran las tecnologías de navegación modernas, muchos de ellos naufragaban por mil motivos diferentes; aún sigue ocurriendo de vez en cuando, aunque muchísimo menos. Pero durante milenios, las costas mediterráneas han estado plagadas de viudas espectrales mirando eternamente al mar, a la espera de sus incontables esposos e hijos perdidos que no volvieron jamás.
El extraño cargamento.
Mapa del naufragio de Anticitera.
Mapa clásico del naufragio de Anticitera, sucedido alrededor del 85 - 60 aC en los pasos entre el mar Crético y el Jónico. Se encuentra en el corazón de las rutas marítimas entre el mundo griego y el romano, muy frecuentadas entonces y ahora. Se supone que el buque, viejo y sobrecargado, podría haber estado haciendo el recorrido de Atenas o Pérgamo a Roma; en realidad, no se sabe a ciencia cierta. (Clic para ampliar)
La carga del barco hundido estaba fundamentalmente compuesta por copias de estatuas y otras que parecen ser más originales, entre las que se encuentra la cabeza del filósofo, la representación de un niño, el efebo de Anticitera, un lanzador de disco, un Hércules, un toro de mármol y una lira de bronce. Eran artículos probablemente valiosos (también) en su tiempo, por lo que muchos piensan que se trataba de una especie de barco del tesoro; choca entonces que eligieran un navío tan viejuno para el transporte. Otros sugieren que podía tratarse de una carga comercial relativamente corriente en un periodo de gran esplendor, desplazada en uno más de los barcos que surcaban aquellos mares, aunque la carga parece más importante que eso. E incluso un buque capturado por los piratas donde se hubiese reunido el botín obtenido en varios navíos. De nuevo, todo es posible, o cualquier otra cosa; simplemente hace demasiado tiempo y la memoria se ha perdido.
Sin embargo, entre los restos sumergidos se encontró también algo distinto. Algo francamente extraño. Estaba tan deteriorado por tanto tiempo bajo el mar que al principio no hizo más que levantar alguna ceja, empezando por la de su descubridor, el arqueólogo Valerios Stais (1902). Lo que Valerios recuperó del fondo, murmurando aquello de “¡qué curioso…!”, era una especie de mecanismo construido en bronce y compuesto por treinta engranajes. El bronce fue el primer gran metal de la civilización, una aleación de cobre con estaño menos dura pero también menos quebradiza que el hierro; al quedar expuesto a la intemperie sólo se oxida en una capa de su superficie y así es capaz de resistir la corrosión (incluyendo la marina) incluso mejor que los aceros sencillos. Si hubiera sido fabricado con hierro, se habría desvanecido en las sombras del Mediterráneo y de la historia mucho tiempo atrás.
Astrolabio de ocho engranajes de Al-Biruni (996 dC)
Esquema de Al-Biruni para un calendario lunisolar de ocho engranajes (996 dC). El mecanismo de Antiquitera, casi once siglos antes, presenta treinta, contaba con al menos 35 y puede que hasta 72. Imagen: Wikimedia Commons.
Durante las siguientes décadas, se recuperaron un total de ochenta y tres fragmentos correspondientes a este objeto (82 según otras fuentes). Cabe dividirlos en una pieza central o mecanismo principal, cinco o seis secundarias y el resto terciarias, muchas de ellas poco más que esquirlas. Si quisieras verlo en persona, se conserva actualmente en la Colección del Bronce del Museo Arqueológico Nacional de Atenas. El conjunto mide treinta centímetros de alto, quince de largo y siete y medio de profundidad. Estaba dispuesto originalmente en una caja de madera de unos 34 x 18 x 9 cm, con puertas o tapas delanteras y traseras, así como inscripciones cubriendo la mayor parte del mecanismo. La caja y los paneles anterior y posterior quedaron aplastados por los restos del naufragio que tenían encima, y probablemente el mecanismo en sí se rompió también por este motivo, pero las inserciones calcáreas protegieron los restos durante todo este tiempo.
La pieza que suele concentrar todo el interés, lógicamente, es el mecanismo principal que conserva veintisiete de los treinta engranajes; pero todas resultan esenciales para comprenderlo. De manera muy notable, en algunas de las secundarias se hallan inscritos unos tres mil caracteres griegos habitualmente denominados el manual de instrucciones; se estima que en el objeto completo había de diez a veinte mil.
En otros fragmentos se observan finísimas marcaciones angulares milimétricas correspondientes a alguna clase de instrumento geométrico. Y todas ellas son testigos enigmáticos de un instante asombroso de la Antigüedad en el que alguien fue capaz de crear una sofisticada máquina cuyo grado de complejidad y perfección mecánica no surgiría otra vez hasta el siglo XIV europeo, mil cuatrocientos puñeteros años después. Su grado de miniaturización es aún más asombroso: pocas veces se vuelve a ver hasta la Edad Moderna. Observa esta belleza y recuerda que estamos hablando de un objeto anterior a nuestra era:
Microescalas angulares múltiples en el fragmento C, vista frontal del mecanismo de Anticitera. Imagen: Wikimedia Commons.
Microescalas angulares múltiples en el fragmento C, vista frontal del mecanismo de Anticitera, tal como se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Imagen: Wikimedia Commons.
Así, no es extraño –y hasta se me antoja disculpable, aunque sólo sea por una vez– que los magufillos le añadan su dosis habitual de exageraciones y lo consideren un oopart creado por extraterrestres o atlantes o viajeros en el tiempo o cosas así. Nosotros, en cambio, intentaremos una aproximación más científica e histórica: no es preciso irse al mundillo de los enigmas a saldo para valorar en su justa medida un objeto verdaderamente enigmático, verdaderamente asombroso y verdaderamente extraordinario como el mecanismo de Anticitera. En la opinión de este que te escribe, nos encontramos ante el objeto más portentoso de la Antigüedad, una manifestación suprema del conocimiento perdido con la destrucción de las grandes bibliotecas del pasado. Como, por ejemplo, la Biblioteca de Alejandría.
Mecanismo de Anticitera, fragmento A (mecanismo principal), vista frontal. Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)
Mecanismo de Anticitera, fragmento A (mecanismo principal), vista frontal, tal como se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Imagen:. Wikimedia Commons. (Clic para ampliar)
La verdad es que visto así y después de tirarse dos mil años bajo el agua, no parece gran cosa. Es raro, ¿verdad? Ahora, vamos a hacerle una radiografía para empezar a comprender lo que se oculta en su interior:
Radiografía del fragmento A del mecanismo de Anticitera. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project
Radiografía del fragmento A del mecanismo de Anticitera. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
O mejor aún, un escáner de rayos X:
El interior del mecanismo de Anticitera (fragmento A) por CT de rayos-X.
Cuatro "cortes" o "lonchas" del interior del mecanismo de Anticitera (fragmento A) obtenidos mediante tomografía computerizada de rayos X para el AMRP. © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
Sí. Es lo que parece: un complejo mecanismo de relojería, creado 1.200 años antes de que se desarrollaran los primeros relojes puramente mecánicos en Al-Ándalus. Sólo hay un pequeño problema: el mecanismo de Anticitera es mucho, muchísimo más que un simple reloj. Vamos allá.
El objeto.
Aunque el mecanismo de Anticitera conserva treinta de sus engranajes (27 en el mecanismo principal del fragmento A y tres en los fragmentos B, C y D), los especialistas coinciden en que para tener sentido mecánico debía contar al menos treinta y cuatro y posiblemente treinta y cinco; los últimos cuatro o cinco se habrían perdido a consecuencia del naufragio y el tiempo. Algunos autores elevan la cifra, proponiendo mecanismos más complejos aún, hasta un máximo de setenta y dos. Están dispuestos en trenes compuestos; durante un tiempo se pensó incluso que podía contener engranajes diferenciales (como en los analizadores diferenciales) para calcular las fases de la luna, aunque parece que esta hipótesis ha sido descartada por innecesaria y actualmente se considera incorrecta. Todos los dientes de los engranajes son triángulos equiláteros.
Esquema del mecanismo de Anticitera.
Estructura del mecanismo de Anticitera en vista lateral (sección). Las partes indicadas en color rojo no se han encontrado y son por tanto hipotéticas. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd; traducción de La Pizarra de Yuri.
Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera completo en su caja, sin las puertas que lo cerraban y sólo con los textos recuperados.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Reconstrucción por ordenador, en vista anterior y posterior, del mecanismo de Anticitera completo en su caja, sin las puertas que lo cerraban y sólo con los textos recuperados.© 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Esquema general del mecanismo de Anticitera en vista superior. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Esquema general del mecanismo de Anticitera en vista superior. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
El propósito primario del mecanismo era mostrar diversos datos de índole astronómica en una serie de diales circulares o esferas (en el sentido relojero) situadas en la cara frontal y posterior, referidos a una fecha. Esta fecha se indicaba haciendo girar una manivela lateral, hoy perdida; la pieza con el orificio para introducirla se conserva. Había una esfera principal en la parte delantera y dos en la trasera, con otras más pequeñas en su interior.
La esfera frontal presenta dos escalas concéntricas. La exterior está indicada con los 365 días del calendario egipcio, basado en el ciclo sótico, que podía moverse para compensar el día bisiesto cada cuatro años. Cabe reseñar que el primer calendario grecorromano con años bisiestos, el juliano, no se instituyó hasta el 46 aC (aunque hubo un intento previo en Egipto, con el Decreto de Canopus, en el 238 aC; pero no tuvo éxito). El mecanismo de Anticitera precedería, pues, a este adelanto en varias décadas y puede que hasta un siglo.
Dentro de esta primera escala en la esfera frontal, hay otra marcada con los signos griegos del zodíaco clásico y dividida en grados. En esta esfera frontal había al menos tres agujas, una para indicar la fecha seleccionada y otra para indicar la posición del Sol y la Luna respecto a los signos zodiacales helénicos. El indicador lunar está compensado para reflejar las irregularidades conocidas de la órbita de nuestro satélite; se supone que el solar tendría algún sistema parecido, pero si existió, ha desaparecido. En esta misma esfera frontal hay un indicador más para mostrar las fases de la Luna.
En las inscripciones en griego se hallan varias referencias sobre Venus y Marte, lo que ha conducido a algunos autores a afirmar que el mecanismo contendría una sección adicional –hoy perdida– para indicar la posición de estos astros e incluso de todos los cinco planetas que conocían los griegos mediante trenes sucesivos hasta un total de 72 engranajes. Conservarse, sólo se conserva un engranaje adicional de utilidad desconocida, desconectado de los demás; por ello, cabe considerar especulativa esta posibilidad.
La esfera frontal contiene también un parapegma, precursor de los almanaques modernos, que indicaba la salida y el ocultamiento de varias estrellas específicas indicadas mediante iniciales en griego. Parece haber referencias cruzadas a este respecto en las inscripciones grabadas por toda la máquina.
Por la cara posterior tenía dos esferas en vez de una, llamadas “alta” y “baja”. La alta tiene forma de espiral, con 47 marcas en cada vuelta hasta totalizar los 235 meses del ciclo metónico.  El ciclo metónico de 6.940 días, que se estudió en Babilonia y constituye la base del posterior calendario hebreo, es una aproximación bastante exacta al múltiplo común de los ciclos del sol y de la luna: equivale más o menos a 19 años tropicales y 235 meses sinódicos a la vez. Metón el Ateniense observó este fenómeno ya en el siglo V aC –de ahí su nombre– e incluso describió una fórmula correcta para corregir la pequeña diferencia entre ambos, con lo que el mecanismo de Anticitera permite esta corrección. Sobre esta base, se pueden crear y ajustar calendarios lunisolares con gran facilidad. Dicho de otra manera: en un tiempo en que la mayoría del mundo aún estaba prácticamente en el Neolítico, con un mecanismo de Anticitera tú podías llegar a cualquier sitio y levantar un calendario en cuestión de horas.
Trenes de cálculo lunar de la máquina de Anticitera, vista posterior. Imagen base: © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd. (Clic para ampliar)
Trenes de cálculo lunar de la máquina de Anticitera, vista posterior. Imagen base: © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd (Clic para ampliar)
La esfera posterior baja está también dispuesta en forma espiral, con 223 divisiones para mostrar los meses del ciclo de Saros, originado en la cultura caldea. El ciclo de Saros es excepcionalmente interesante, pues equivale al tiempo transcurrido entre dos momentos en que el Sol y la Luna se encuentran en parecida posición con respecto a la Tierra, y por tanto entre ocurrencias del mismo eclipse. En combinación con el metónico, permite predecir los eclipses con bastante exactitud. Esta esfera posterior baja contiene además una aguja más pequeña que indica el exeligmos o triple Saros de 54 años, para corregir las imprecisiones del ciclo de Saros, dado que éste no es un número entero exacto sino que consta de 6.585 días y un tercio. Recientemente (2008), se ha descubierto también una esfera menor adicional que parece corresponder al ciclo calípico de 76 años, dividida en cuatro secciones con los nombres de los cuatro juegos panhelénicos (incluida la Olimpiada) más otros dos de menor importancia; uno de ellos permanece sin descifrar.
Así, el mecanismo de Anticitera resulta ser un pasmoso computador analógico, un autómata de la Antigüedad, que suma y aplica los conocimientos de toda la media luna donde se originó la civilización occidental (Grecia, Egipto, Levante, Mesopotamia). Esa es la clase de conocimiento desaparecido que se encontraba en lugares como la Biblioteca de Alejandría. Quien llevara consigo un mecanismo de Anticitera, estaba perfectamente ubicado en el tiempo con respecto al Sol, la Luna y las estrellas. Podía predecir las épocas de siembra y cosecha, los eclipses, las estaciones, practicar las formas de adivinación antigua (sí, lo que quieras, pero en aquella época era muy importante), todo. El mecanismo de Anticitera es un instrumento protocientífico avanzado, la herramienta perfecta para un astrólogo, un astrónomo, un astrofísico de la Antigüedad, como no volvió a ser posible hasta milenio y medio después. Con ese nivel de miniaturización, más aún. Y es único en el mundo: no se conoce ninguno más ni nada siquiera parecido. Ciertamente, no resulta nada raro que algunos lo consideren uno de esos oopart.
El contexto.
Pero el mecanismo de Anticitera no es un oopart, por dos motivos. Primero, porque nadie ha encontrado jamás un oopart verdadero (¡ojalá!), y este no es una excepción. El segundo, y más importante, porque cuadra con la ciencia y la tecnología de más alto nivel disponible en el periodo, y además existen escritos de aquella época que se refieren a esta clase de aparatos. Por ejemplo, el contemporáneo Cicerón (106 – 43 aC) habla en su De re publica sobre dos dispositivos creados por por Arquímedes (287 – 212 aC) que parecen alguna especie de planetario de mesa por engranajes capaz de representar posiciones astronómicas y realizar predicciones en base a las mismas. Las máquinas de Ctesibio de Alejandría (285-222 aC) o Filón de Bizancio (280-220 aC) que culminarían en tiempos de Herón de Alejandría (10-70 dC) nos evocan una memoria casi perdida de objetos alimentados por medios mecánicos, neumáticos, hidráulicos e incluso a vapor; sistemas de cálculo analógico basados en el recuento de pasos de engranajes simples y compuestos; y toda una serie de autómatas elementales, entre muchas cosas más.
El indicador de fechas para las festividades deportivas, entre ellas las Olimpiadas, identificado en el mecanismo de Anticitera por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
El indicador calípico de fechas para las festividades deportivas, entre ellas las Olimpiadas, identificado en el mecanismo de Anticitera por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
Reconstrucción de las inscripciones en el mecanismo de Anticitera, a partir de las imágenes obtenidas por tomografía de rayos X. Imagen: © 2005 Antikythera Mechanism Research Project. (Clic para ampliar)
Hizo falta un avanzado nivel teórico para concebir una máquina así. Pero también estaba disponible por aquel entonces, si bien vendría a equivaler al nivel de la física teórica que se encuentra hoy en día detrás de instrumentos como el LHC. Las partes más difíciles y complejas son el ciclo metónico y el calípico que eran bien conocidos en el periodo e incluso antes, procedentes de las culturas mesopotámicas. Se desarrollaron tras los tiempos de Hiparco de Nicea, más de un siglo tras Eratóstenes de Cirene o Aristarco de Samos; y mucho después que Pitágoras y Eudoxo de Cnidos. A principios del siglo I aC, las culturas del Mediterráneo Oriental y la helénica en particular sabían del movimiento cíclico de los astros, incluyendo la precesión de los equinoccios; conocían que era posible calcularlo matemáticamente; y eran capaces de construir mecanismos para hacerlo.
Así pues, el mecanismo de Anticitera está contextualizado en su periodo histórico y no contiene nada ni está sustentado en nada que no supieran los griegos antiguos. Por tanto, no estamos ante el habitual misterio barato de pacotilla, sino ante un instrumento científico de muy alta tecnología y extrema precisión, el equivalente clásico a una nave de espacio profundo en un tiempo donde tales preocupaciones eran aún más raras que en la actualidad. De hecho, por el momento no se ha encontrado ninguno más. Existen indicios muy fuertes para pensar que hubo más, aunque sólo sea porque su grado de desarrollo y acabado hace muy difícil pensar que se tratara del primer intento de construir un dispositivo así. Pero, muy lamentablemente, estos otros objetos se han disuelto en el tiempo. Los tristes restos del mecanismo de Anticitera parecen ser el superviviente único de un tiempo perdido, cuya singularidad va a la par con su sofisticación y extrañeza.
Reloj de De'Dondi (ca 1364 dC)
Parte inferior del reloj-planetario de De'Dondi, en un grabado de la época (ca 1364 dC). Hasta entonces, no había vuelto a aparecer otra máquina computadora tan compleja como el mecanismo de Anticitera. Más de 1.400 años de tinieblas les separan. Imagen: Wikimedia Commons.
Alguien, viéndolo, podría decir: “¡pero si es sólo como un reloj viejo!”. Y sí, pero es algo muy parecido a un reloj mecánico moderno creado un milenio y medio antes de que aprendiéramos a hacer relojes mecánicos modernos. Ni el astrolabio mecánico de Al Biruni (aprox. 1000 dC), ni el reloj automático programable de Al Jazarí (también inventor del cigüeñal, aprox. 1200 dC), ni el reloj medieval de Wallingford fueron tan complejos y ni remotamente tan compactos. Hay que irse al reloj de De’Dondi (siglo XIV dC) para encontrar mecanismos tan complejos y prácticamente a la Edad Moderna para que sean al mismo tan pequeños y compactos. Es casi como si detectáramos ahora mismo, en una órbita alrededor del Sol, una nave espacial lanzada por los sinosudistas o alguien así el año en que nació Mahoma.
La interpretación.
La interpretación práctica del mecanismo de Anticitera es extrema, extrema, extremadamente difícil porque, para empezar, ni sabemos de dónde salió, ni quién lo utilizaba, y no existe ninguna otra pieza ni remotamente parecida en el mundo entero para comparar. El hecho de haberlo hallado en un naufragio, perdido en tránsito, complica aún más las cosas porque no permite conocer el lugar en que se usaba habitualmente; a menos que se empleara como parte del equipo de navegación de a bordo (cosa poco probable: difícilmente un marino de su tiempo le habría hallado alguna utilidad inmediata) o fuera transportado por un pasajero en alguna clase de viaje de investigación (ve y pregunta a qué se dedicaban los ocupantes de un oscuro navío hundido dos mil cien años atrás…).
El llamado manual de instrucciones, grabado por todas partes en griego con pintas de koiné, no acaba de aportar luz al respecto. No es un verdadero manual de instrucciones en el sentido actual del término, sino más bien unos apéndices de referencia, dando por sentado que el usuario sabe para qué sirve la máquina y cómo utilizarla. Tiene toda la lógica: este objeto sólo tiene sentido en manos de un científico que lo entendiera o, como rareza, en el tesoro de un rey. El idioma en el que está escrito, más allá de vincularlo genéricamente a la cultura helénica, tampoco proporciona ningún dato en particular: el griego koiné era el “inglés” de su tiempo, una lingua franca de uso en todo el Mediterráneo, que aparece en objetos tan dispares como la piedra de Rosetta (Egipto, 196 aC) o el Nuevo Testamento (Asia Menor, aprox. 125 – 250 dC).
En todo caso, sin duda, se trata de un instumento científico-técnico portátil para la realización de cálculos astronómicos o astrofísicos elementales desarrollado en el contexto de la civilización grecorromana oriental en torno a principios del siglo I aC. Es un autómata, seguramente no-programable de ninguna manera práctica, construido en bronce y madera, con sistemas de cálculo, representación y alimentación basados en la ingeniería mecánica. Incluye tablas de operación y referencia. Entendido como máquina calculadora o computadora, estamos ante un ordenador analógico de la Antigüedad, creado a partir de los conocimientos teóricos más avanzados disponibles en el periodo.
Desde las profundidades del tiempo y el mar, silencioso en sus expositores del Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el mecanismo de Anticitera aún guarda muchos misterios de los de verdad y un mensaje inquietante para nosotros. Contiene una advertencia. Nos dice que el progreso no está garantizado. Nos recuerda que las sociedades pueden retroceder, como sucedió: mil años largos, oiga, hasta que alguien volviera a hacer algo parecido. Las sociedades que dejan de aspirar a la libertad de pensamiento, que renuncian al avance de la ciencia, de las artes y de las ideas, que se acomodan o refugian en sus valores tradicionales (que a menudo no lo son tanto) y en los cantos de sirena de la superstición… se estancan, retroceden y retrocederán. Entre el mecanismo de Anticitera y el reloj de De’Dondi, su inmediato sucesor, hubo 1.400 años de tinieblas. Si el modelo de civilización que creó esta computadora de la Antigüedad hubiera podido seguir adelante, ¿por dónde andaríamos hoy, ya?
PD: Se había comentado que la palabra “ISPANIA” aparecía en el mecanismo de Anticitera. El Dr. Freeth, del Antikythera Mechanism Research Project, me confirma que se trató de un error de interpretación y este nombre no se halla en el dispositivo.

martes, 8 de marzo de 2011

Encélado emite 15,8 Gigawatts de energía térmica

Fuente: Ciencia Kanija
La región polar sur de una gélida luna de Saturno emite mucho más calor que el Parque Nacional de Yellowstone, el punto caliente geológico más famoso de la Tierra, según un nuevo estudio.
Usando datos de la nave Cassini de la NASA, los investigadores han determinado que los confines australes de Encélado, la luna de Saturno, producen unos 15,8 gigawatts de energía generada por el calor. Esto es aproximadamente 2,6 veces la emisión de energía de todas las aguas termales dentro y alrededor de Yellowstone – y 10 veces más de lo que habían predicho los científicos, dicen los investigadores.
Energía prevista y medida en Encélado

Los nuevos hallazgos intrigan a los científicos, dado que añaden más pruebas a la probabilidad de un océano de agua líquida bajo la corteza helada de Encélado. Pero también en desconcertante – los investigadores no están seguros de dónde procede todo este calor.
“El mecanismo capaz de producir esa energía interna observada, mucha más de la esperada, sigue siendo un misterio y desafía los modelos actualmente propuestos para la producción de calor a largo plazo”, dice la autora principal del estudio Carly Howett, del Instituto de Investigación Southwest en Boulder, Colorado, en un comunicado de la NASA el lunes 7 de marzo.
Un punto caliente en un mundo helado
Encélado es la sexta luna más grande de Saturno, y tiene una gélida superficie pero un interior activo y turbio – al menos cerca de su polo sur. En esa región, la actividad geotérmica está centrada en cuatro zanjas aproximadamente paralelas informalmente conocidas como “rayas de tigre”.
Estas fisuras – cada una de 130 kilómetros de largo y 2 kilómetros de ancho – expulsan grandes columnas de vapor de agua y otras partículas al espacio. Cassini descubrió por primera vez los géiseres de hielo de Encélado en 2005.
En el nuevo estudio, los investigadores usaron el espectrómetro infrarrojo compuesto de Cassini para estudiar las temperaturas de superficie en la región polar sur de Encélado. Usaron entonces las observaciones para determinar la emisión de calor del área.
Los 15,8 gigawatts de calor en Encélado medidos por Cassini es aproximadamente el equivalente a la emisión de 20 plantas de energía de quema de carbón. Esto fue una sorpresa, dado que un estudio anterior había predicho que la región debería generar sólo aproximadamente 1,1 gigawatts, con la radiactividad natural propia de Encélado añadiendo otros 0,3 gigawatts adicionales, dicen los investigadores.
El equipo informó de sus hallazgos en el ejemplar del 4 de marzo de la revista Journal of Geophysical Research.
Alimentando el motor de calor de Encélado
Gran parte del calor interno de Encélado probablemente procede de las fuerzas de marea generadas por las interacciones de la luna con Dione, otro satélite de Saturno.
Es posible que la relación orbital de Encélado con Saturno y Dione cambie con el tiempo, espoleando algunos periodos de intenso calor por marea y algunos periodos de relativa tranquilidad, dicen los investigadores.
Por lo que Cassini puede simplemente estar captando a Encélado durante un periodo anormalmente caliente – lo que podría explicar los flujos de calor sorprendentemente altos.
Los nuevos resultados hacen que Encélado sea un candidato aún más atractivo para soportar la vida como la conocemos. Los científicos habían sospechado  que un enorme océano de agua líquida yace bajo la corteza helada de la luna, y las lecturas de un mayor calor sólo hacen que esta suposición sea más probable, dicen los investigadores.
En la Tierra, casi invariablemente, la vida logra un asidero allí donde hay agua líquida, por lo que el “sigue el agua” se ha convertido en un mantra para los científicos que buscan vida más allá de la Tierra.
“La posibilidad de agua líquida, una fuente de energía de marea y la observación  de compuestos químicos orgánicos [ricos en carbono] en las columnas de Encélado hacen del satélite un lugar de fuerte interés astrobiológico”, comenta Howett.

Autor: Plantilla de SPACE.com
Fecha Original: 7 de marzo de 2011
Enlace Original

Un intento de hacer estallar la teoría de rayos cósmicos

Fuente: Ciencia Kanija
 
Las supernovas, por sí mismas, no pueden tener en cuenta el movimiento rápido de los núcleos de hidrógeno y helio, según defiende un nuevo estudio.
El origen confirmado de los rayos cósmicos comunes puede que tenga que desmentirse.

Nuevos datos recopilados por un instrumento a bordo de una nave rusa desafían la teoría de que la mayor parte de los rayos cósmicos están propulsados por supernovas, las explosiones creadas por estrellas moribundas.
“El mecanismo de la aceleración de los rayos cósmicos tiene que revisarse por completo”, dice Piergiorgio Picozza, físico de la Universidad de Roma Tor Vergata en Italia. Picozza es coautor de un artículo del 3 de marzo de la revista Science que detalla las nuevas observaciones realizadas con el instrumento PAMELA.
Los rayos cósmicos en realidad no son rayos. Son partículas de movimiento rápido que portan una extraordinaria cantidad de energía y bombardean continuamente la Tierra desde todas direcciones. La explicación más popular para el origen de estas partículas apunta a ondas de choque creadas por supernovas lejanas, uno de los pocos fenómenos del universo lo bastante potente como para impartir tal energía.
De acuerdo con esa explicación, conocida como mecanismo de aceleración de choque difusivo, nubes de gas cargado salen a toda velocidad hacia fuera durante una supernova, y generan potentes campos magnéticos. Estos campos magnéticos podrían acelerar partículas cargadas a velocidades fabulosas y expulsarlas al espacio.
Orbitando a cientos de kilómetros sobre la Tierra, el detector PAMELA ha pasado tres años recopilando partículas de rayos cósmicos – mayormente núcleos de hidrógeno y helio con energías variando entre mil millones y un billón de electrón-volts, lo que es comparable a la energía de los protones en el mayor acelerador de partículas de los Estados Unidos.
Los campos magnéticos de una supernova acelerarían tanto las partículas de hidrógeno como de helio de la misma forma: al hacer un gráfico con las ecuaciones matemáticas que describen este empuje y la curva para cada partícula, ambas deberían tener la misma inclinación Pero en los datos de PAMELA, Picozza encontró una diferencia en estas inclinaciones que una única onda de choque no puede explicar.
“Las dos partículas parecen estar aceleradas por distintos mecanismos”, dice.
Los científicos deberían investigar otros objetos astronómicos como posibles fuentes de rayos cósmicos, dice Picozza. Un lugar que mirar, propuesto por físicos rusos, es en las novas, explosiones menores producidas cuando estrellas enanas blancas expulsan energía. Otra opción es en súper-burbujas gigantes de gas que son arrastradas por el universo por vientos estelares, dice Picozza.
Pero Mikhail Malkov, físico de plasma de la Universidad de California en San Diego, quien estudia ondas de choque de supernovas, no está listo para descartar la teoría actual de rayos cósmicos. “Los datos parecen estadísticamente significativos, pero es demasiado pronto para decir que el modelo de aceleración de supernovas está en apuros. Esta afirmación es demasiado fuerte”, dice Malkov.
Los telescopios espaciales que escrutan en los remanentes de supernovas han encontrado grandes cantidades de pruebas a lo largo de los años par apoyar la teoría de la onda de choque de supernovas – incluyendo rayos gamma que revelan la estructura de los campos magnéticos, y la energía perdida que podría haberse gastado en crear los rayos cósmicos.
Malkov dice que la diferencia entre las curvas de hidrógeno y helio de Picozza es pequeña, y podría tenerse en cuenta simplemente ajustando el actual modelo de supernovas. Malkov no ha calculado los detalles aún, pero sospecha que PAMELA puede estar viendo rayos cósmicos creados por una onda de choque que no era completamente uniforme, o una mezcla de partículas liberadas por dos supernovas distintas.

Autor: Devin Powell
Fecha Original: 3 de marzo de 2011
Enlace Original

viernes, 4 de marzo de 2011

Cómo crear un paquete .deb (otra vez).

Fuente: 120% Linux

crear debPara crear nuestros propios paquetes de datos DEB, necesitamos distribuir paquetes compilados de programas no existentes en los repositorios oficiales o nuevas versiones de ellos. Debian, y muchas de sus distribuciones derivadas, incluyen todas las herramientas necesarias para la creación de paquetes .deb.
Un paquete DEB, es un archivo empaquetado y comprimido que contiene toda la información necesaria para instalar un software mediante cualquiera de las herramientas compatibles dpkg o apt. Está compuesto por tres archivos que contienen la información que guarda el paquete. Estos archivos son el control.tar.gz, el data.tar.gz y el debian-binary. Los dos primeros son ficheros comprimidos que contienen uno información y otro los archivos que componen el programa empaquetado respectivamente, mientras que el último indica el número de versión del paquete DEB construido.
Para visualizar el contenido del paquete simplemente ejecutaremos el siguiente comando:
ar x paquete.deb
Para tener todas las herramientas necesarias para crear el .deb, instalamos lo siguente:
aptitude install autoconf
automake  dh-make debhelper
devscripts dpkg-dev fakeroot
file gcc gnupg libc6-dev
lintian make pbuilder perl xutils
El último comando, nos instalará el programa lintian, que no es necesario para la creación del paquete, pero nos ayudará a verificar errores.
Ahora podemos empezar a construir nuestro paquete DEB y lo haremos a partir del código fuente del editor joe en última versión, la 3.7. Para descargarnos el código fuente, nos vamos a la siguiente dirección haciendo click aquí.
Después debemos seguir los siguientes pasos:
Paso1.- Creamos una carpeta con el nombre del programa:
mkdir joe
Paso2.- Movemos el archivo tar.gz del código fuente a la carpeta y lo descomprimimos con el comando:
tar xvzf joe-3.7.tar.gz
Paso3.- Entramos en el directorio del código fuente del programa y ejecutamos el comando:
dh_make -e usuario@correo.com -f ../joe-3.7.tar.gz
paquete debReemplazando el "usuario@correo.com" por nuestro correo y "../" por la ruta al paquete con el código fuente. Al acabar, obtendremos un archivo nuevo con extensión orig.tar.gz que contiene el código fuente del programa original empaquetado con los estándares de Debian y el directorio Debian con los archivos necesarios (control, rules, changelog y copyright).
Paso4.- Construimos el paquete con el siguiente comando:
debuild -r fakeroot
Con esto obtendremos un nuevo paquete con el nombre original del programa, su número de versión, etc.
Paso5.- La firma del paquete requiere  una llave GPG, que corresponde al correo electrónico escrito en el paso número 3. Para crear la llave, ejecutamos:
gpg --gen-key
NOTA: Si queremos construir un paquete sin firmar, emplearemos el siguiente comando:
dpkg-buildpackage -r fakeroot
Paso6.- Finalmente, comprobamos que el paquete esté correctamente creado ejecutando el código:
lintian -i paquete.deb
Si no nos dice que hay algún error, es que todo ha ido según lo esperado. En el caso de que nos diga algo, yo recomendaría revisar los pasos y si no se encuentra en fallo, repetir el proceso.
Ahora, si quisieramos instalarlo en nuestro equipo, simplemente tendríamos que escribir en el terminal:
dpkg -i joe_3.7-1_i386.deb
Con esto habríamos creado nuestro propio paquete DEB. Hay más opciones que son posibles configurar, pero decidí poner sólo lo más importante.
debian

Juego de tronos

Ocho piezas fáciles de Frank Wilczek

Fuente: Francis (th)E mule
Frank Wilczek es Premio Nobel de Física 2004 por sus contribuciones a la cromodinámica cuántica (QCD), la teoría de la interacción fuerte, junto a David Gross y a David Politzer. En 1973, Wilczek, estudiante de doctorado, y Gross, su director de tesis en la Universidad de Princeton, descubrieron la libertad asintótica que afirma que mientras más próximos estén los quarks menor es la interacción fuerte entre ellos; cuando los quarks están muy próximos entre sí se comportan como partículas libres lo que permitió confirmar su existencia en los experimentos. Politzer descubrió la libertad asintótica de forma independiente.
Wilczek tiene una serie de artículos divulgativos sobre cromodinámica cuántica y sobre el modelo estándar que merece la pena leer si te interesa saber algo más sobre estas teorías. Siguiendo la estela de Richard Feynman y sus “Seis Piezas Fáciles” os recopilo ocho de estos artículos a modo de “Ocho Piezas Fáciles” (los artículos están gratis en la página web de Wilczek)
  • “QCD Made Simple,” Physics Today, August 2000: “Quantum chromodynamics is conceptually simple. Its realization in nature, however, is usually very complex. But not always.”
  • “In Search of Symmetry Lost,” Nature, January 2005: “Powerful symmetry principles have guided physicists in their quest for nature’s fundamental laws. The symmetry-breaking field, the so-called Higgs particles, [will be] produced at the Large Hadron Collider.”
  • “Four Big Questions with Pretty Good Answers,” ArXiv, February 2002: “I discuss four big questions that can be importantly addressed using concepts from modern QCD. They concern the origin of mass, the feebleness of gravity, the uniqueness of physical laws, and the fate of matter when it is squeezed very hard.”
  • “Anticipating a New Golden Age,” ArXiv, October 2007: “The standard model of fundamental interactions is remarkably successful, but it leaves an unfinished agenda. Several major questions seem ripe for exploration in the near future. I anticipate that the coming decade will be a Golden Age of discovery in fundamental physics.”
  • “Unification of Couplings,” Physics Today, October 1991: “Recent high-precision experimental results support the predictions of the minimal supersymmetric 5U(5) model that unifies electromagnetism and the weak and strong interactions.”
  • “Enlightenment, Knowledge, Ignorance, Temptation,” ArXiv, December 2005: “I discuss the historical and conceptual roots of reasoning about the parameters of fundamental physics and cosmology based on selection effects. I argue concretely that such reasoning can and should be combined with arguments based on symmetry and dynamics; it supplements them, but does not replace them.”
  • “Reference Frame: What Is Quantum Theory?,” Physics Today, June 2000: “I fee that after seventy-five years we are still two big steps away from understanding quantum theory properly.”
  • “Asymptotic Freedom: From Paradox to Paradigm,” 2004 Nobel Prize Lecture: “Asymptotic freedom was developed as a response to two paradoxes: the weirdness of quarks, and in particular their failure to radiate copiously when struck; and the coexistence of special relativity and quantum theory, despite the apparent singularity of quantum field theory. It resolved these paradoxes, and catalyzed the development of several modern paradigms: the hard reality of quarks and gluons, the origin of mass from energy, the simplicity of the early universe, and the power of symmetry as a guide to physical law.”
Por cierto, y ya que estamos, también recomiendo:
  • Chris Quigg, “Unanswered Questions in the Electroweak Theory,” Annual Review of Nuclear and Particle Science, November 2009: “The status of the electroweak theory on the eve of experimentation at CERN’s Large Hadron Collider is presented. A compact summary of the logic and structure of the electroweak theory precedes an examination of what experimental tests have established so far. The outstanding unconfirmed prediction of the electroweak theory is the existence of the Higgs boson, a weakly interacting spin-zero particle that is the agent of electroweak symmetry breaking, the giver of mass to the weak gauge bosons, the quarks, and the leptons. General arguments imply that the Higgs boson or other new physics is required on the TeV energy scale.”
  • John Ellis, “To Higgs or Not to Higgs? Searching for Particle Physics Beyond the Standard Model at the LHC and Elsewhere,” ArXiv, 24 February 2011: “Following a general introduction to open questions beyond the Standard Model, the prospects for addressing them in the new era opened up by the LHC are reviewed.”

Cursos de Física Teórica de Leonard Susskind en la Universidad de Stanford gratis en youtube

Fuente:  Francis (th)E mule
Youtube nos ofrece muchas sorpresas agradables, entre ellas los cursos de Física Teórica que ha impartido Leonard Susskind, profesor de la Universidad de Stanford. Emulando a los geniales Lev Landau y Evgeny Lifshitz, Leonard nos ofrece lo mínimo que todo físico debe conocer sobre la física teórica. El Stanford Continuing Studies Program son cursos para “mayores” en el sentido de que no son cursos para alumnos de primeros cursos de carrera o para alumnos ya graduados, son cursos para un público general interesado en la física teórica y que no le tiene miedo a los detalles técnicos. Los cursos se presentan como una lista de reproducción (playlist), en sesiones de una hora, o una hora y media. Cursos muy interesantes (en mi opinión personal) que nos permiten disfrutar y aprender con uno de los grandes físicos teóricos vivos.
Mecánica Clásica (9 clases en vídeo)
Mecánica Cuántica (10 clases en vídeo)
Relatividad Especial (8 clases en vídeo)
Relatividad General de Einstein (12 clases en vídeo)
Cosmología (8 clases en vídeo)
Mecánica Estadística (10 clases en vídeo)
Entrelazamiento Cuántico (8 clases en vídeo)
Nuevas revoluciones en la física de partículas (10 clases en vídeo)
Para los que no lo sepan, Susskind es uno de los padres de la teoría de cuerdas: descubrió en 1969 que la fórmula de Veneziano y el álgebra de Virasoro eran modelos de las vibraciones de una cuerda relativista; desde entonces ha sido uno de los físicos de cuerdas más famosos, destacando su trabajo con Edward Witten en 1998 que relacionó el principio holográfico de Gerardus ‘t Hooft con la entropía de los agujeros negros.