Capítulo 4: La Diplomacia Secreta y la Sombra de Langley
El Departamento de Justicia de EE.UU. tardó menos de 24 horas en confirmar el bloqueo de los fondos de Stellarius Lux. La justificación oficial era vaga: "cumplimiento de la Ley de Secreto Bancario y revisión de la actividad de exportación". Pero en la alta esfera del gobierno, todos sabían la verdad. La cuenta bancaria de Joris de Vries era la carnada. Ahora, el pez chino había picado, y EE.UU. debía usar la suya.
En un salón privado de un club de élite en Washington D.C., un hombre vestido con un traje perfectamente ajustado, el subdirector de la CIA, se sentó frente a un hombre de negocios europeo. Su nombre, en clave, era "Sr. Smith".
"Sr. Smith", comenzó el subdirector con una sonrisa que no llegó a sus ojos. "Su empresa tiene un problema. Y a mi gobierno no le gusta que empresas extranjeras usen el sistema bancario de EE.UU. para financiar proyectos que podrían poner en riesgo nuestra seguridad nacional".
El "Sr. Smith", que en realidad era un emisario de Joris de Vries, respondió con firmeza. "Esos fondos son nuestros. Están en un banco estadounidense porque la compañía se constituyó allí. El gobierno no puede simplemente tomar el dinero de una empresa sin causa".
El subdirector se echó a reír. "Causa, la tenemos. Una de las nuestras. La tecnología FTL es un cambio de paradigma. La próxima revolución en el transporte, la guerra, la economía. No podemos permitir que caiga en las manos equivocadas. Por ejemplo, en las de una potencia extranjera que ya se ha puesto en contacto con ustedes, Sr. Smith, para 'ayudarles'".
La cara del emisario de Vries se puso pálida. El gobierno de EE.UU. ya sabía del contacto con China. No había juego. Se movían en una órbita diferente.
"¿Qué quieren?", preguntó Smith con un hilo de voz.
"Una asociación", respondió el subdirector. "Una asociación de verdad. El gobierno de EE.UU. descongelará los fondos y los incrementará, proporcionará ingenieros, laboratorios, seguridad. Todo lo que necesiten, siempre y cuando el proyecto se traslade a nuestro territorio. Y, por supuesto, que Louis Martin se convierta en consultor exclusivo del gobierno".
El emisario sabía que Joris nunca aceptaría la condición de "consultor exclusivo", porque Louis era un genio anárquico y libre, que odiaba los protocolos y las reglas.
"Señor, no creo que el Sr. Martin esté de acuerdo", dijo Smith.
El subdirector se levantó. Su voz se volvió más fría. "No tiene opción. Dile a Joris que, si no aceptan, su gobierno lo considerará un activo de un país enemigo. Que usará la Ley de Seguridad Nacional, que permite procesar a cualquier ciudadano o empresa que tenga negocios con un país enemigo. Dile que el gobierno tiene la capacidad de hacer la vida muy difícil, tanto para él como para Louis, para que no puedan volver a tener fondos en ningún otro banco, y que sus movimientos sean controlados en todo el mundo".
Con esta amenaza, el gobierno de EE.UU. hizo su jugada. Una oferta que Joris no podía rechazar, pero que tampoco podía aceptar.
La Sombra de Louis
A miles de kilómetros de distancia, ajeno a todo esto, Louis se encontraba sentado en un parque de Luxemburgo. Estaba frustrado porque su teléfono, un modelo antiguo, no podía conectarse al Wi-Fi público y quería enviar unos cálculos a Joris. Justo en ese momento, una joven que se encontraba cerca, absorta en su teléfono, se cayó al suelo. Louis corrió a ayudarla y, al agacharse, el teléfono de la chica, que había sido dañado por la caída, se conectó a la red de forma milagrosa. El brillo en sus ojos al ver la conexión en su teléfono se podía confundir con el de la chica que le agradecía con una sonrisa. Al levantarse, una ráfaga de viento apareció, provocada por un camión de basura que pasaba en ese momento, impidiendo que una cámara de vigilancia lo grabara. Unos segundos después, el teléfono de la chica volvió a desconectarse.
El rechazo de Joris a la oferta de EE. UU. fue rápido y cortés. El gobierno americano, sin embargo, no aceptó un 'no' por respuesta. Usaron una estrategia que tenía dos vertientes: una pública y una privada.
La Estrategia Pública: La Guerra de la Información
La Casa Blanca emitió un comunicado de prensa diciendo que el gobierno de EE. UU. estaba "muy interesado" en el proyecto FTL de Stellarius Lux, y que lo consideraban un proyecto estratégico para la humanidad. El comunicado sugería que EE. UU. tenía el conocimiento, la infraestructura y la capacidad para llevar el proyecto a buen término, y que la Unión Europea era muy "inestable" para manejar tal empresa.
Los medios de comunicación, que tenían agentes de la CIA y el MSS infiltrados, comenzaron a publicar artículos en los que se insinuaba que el gobierno de EE. UU. tenía en su poder una tecnología similar y que la compañía de Joris era un "experimento inestable". La prensa británica, que tenía sus propios espías, publicó artículos sobre los posibles riesgos de la tecnología FTL para la humanidad y la estabilidad del universo. Los periódicos europeos, por su parte, defendían a la empresa, pero el daño ya estaba hecho.
El mensaje era claro: Joris no estaba a la altura de la empresa, y el proyecto era demasiado arriesgado para un país pequeño como Luxemburgo.
La Estrategia Privada: La Guerra Fría en un Teléfono
La CIA también tenía una estrategia privada. Llamaron a Joris de Vries y le ofrecieron un acuerdo. Un acuerdo que, según ellos, no podía rechazar.
"Señor de Vries, sabemos que está pasando por un momento difícil. Sabemos que los chinos lo han contactado, y sabemos que su tecnología es demasiado importante para que caiga en las manos equivocadas. Por eso, le ofrecemos un refugio en los Estados Unidos. Puede venir con Louis Martin y su equipo, y le daremos un puerto seguro. Le daremos fondos, un laboratorio, seguridad, y todo lo que necesite para que su proyecto se desarrolle. Todo lo que tiene que hacer es aceptar nuestra ayuda."
La oferta, que en apariencia era un refugio, era en realidad un intento de atraer al empresario y a su genio a un lugar donde el gobierno de EE.UU. pudiera tener control sobre ellos.
Joris, que ya estaba al borde del colapso, le pidió un día para pensarlo. El agente de la CIA se lo concedió, pero le recordó que el tiempo se acababa.
Mientras tanto, en Pekín, el general del MSS, al enterarse de la oferta de la CIA, se rió. "Una trampa para incautos. Los americanos son tan predecibles. Un refugio que es en realidad una jaula de oro". El general sabía que Joris nunca aceptaría el trato, pero le dijo a su agente que se preparara. El juego apenas había comenzado, y el próximo movimiento de Joris sería el que definiera el tablero.
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