viernes, 20 de febrero de 2026

El Fanal

  Capítulo 3: El Gran Bloqueo y la Pequeña Paloma



La llamada de Joris de Vries con el banco no duró más de un minuto. La voz al otro lado, un tono sin emociones que ahora era la encarnación de la burocracia, fue directa y brutal.

"Señor de Vries, la transferencia ha sido retenida. A partir de este momento, y debido a un informe de actividad sospechosa relacionado con la seguridad nacional, todos los fondos de la cuenta de Stellarius Lux están congelados temporalmente. No podemos revelar más detalles en este momento, pero cualquier intento de transferencia o retiro será denegado".

Joris se quedó en silencio, con el teléfono aún en la mano. La palabra "temporalmente" resonaba en su mente, pero sabía que en el lenguaje del gobierno de Estados Unidos, "temporal" era un eufemismo que podía durar décadas.

No habían pasado ni diez minutos cuando una nueva llamada, esta vez en su línea segura, le llegó. El número era desconocido. Al responder, la voz de un hombre con un acento británico impecable se presentó como un "asesor de inversiones" de una empresa china.

"Señor de Vries, sabemos que está pasando por una situación... complicada. Nosotros en Orient Venture Capital siempre estamos buscando oportunidades de inversión. Nos hemos enterado de su pequeño problema con su banco en EE. UU., y nos gustaría asegurarle que nosotros no tenemos tales restricciones. Podríamos transferirle los fondos necesarios para su 'proyecto de transporte avanzado' de inmediato, con una sola condición. Nada especial. Solo requerimos tener un asiento en el consejo de administración, un representante que supervisaría las decisiones de ingeniería para asegurar que nuestra inversión esté bien utilizada". El "nada especial" sonó como una amenaza. Joris sintió un escalofrío. El juego acababa de comenzar, y él era la pieza central.

Mientras el teléfono de Joris no paraba de sonar con llamadas de números desconocidos y amenazas veladas, el pequeño ducado de Luxemburgo se convertía en un nido de espías. Agentes de la CIA, el MSS, el MI6 británico y el BND alemán se movían por las tranquilas calles, intentando localizar al genio detrás del motor FTL. Pero su búsqueda era un fracaso tras otro, una comedia de errores de proporciones internacionales.

Un equipo de la CIA había posicionado un micro-dron de última generación en el balcón del edificio de enfrente a las oficinas de Stellarius Lux. Su objetivo: captar una imagen facial clara de Louis Martin mientras se reunía con Joris para su café de la tarde. El dron flotaba en silencio, el operador listo para la toma. Justo en ese momento, una gaviota de tamaño inusual, atraída por un trozo de pan que Louis había dejado en la ventana, se posó en el balcón, interponiéndose entre el dron y su objetivo. El dron, diseñado para enfocar cualquier rostro humano, se centró en la cara de la gaviota y la persiguió en un círculo absurdo, grabando un video de quince segundos de las plumas y los ojos irritados del ave, mientras Louis pasaba por la ventana riéndose del pájaro. El agente se limitó a maldecir en voz baja, impotente.

El MSS chino tuvo un plan más audaz. Habían rastreado el patrón de viaje de Louis en bicicleta por la ciudad. Habían posicionado un sensor de movimiento con una cámara de alta resolución en un túnel subterráneo por el que él pasaba a diario. Pero en el día clave, un camión de reparto se quedó atascado en el túnel durante el mismo segundo en que Louis pasaba, creando un bloqueo de tráfico que activó la cámara con el camión en primer plano. Cuando Louis pasó, la cámara, confundida por la cantidad de metal, había sobrecargado su sistema y solo logró grabar el parachoques trasero del camión.

Mientras las superpotencias perdían el tiempo intentando capturar a un fantasma, la Unión Europea hacía su movimiento. La reacción de la UE fue sutil, pero firme. La Comisión Europea emitió un comunicado de prensa pidiendo a EE. UU. una explicación sobre el bloqueo de fondos a una empresa europea, y el embajador de Luxemburgo presentó una queja diplomática formal. Se reforzó discretamente la seguridad en torno a las oficinas de Stellarius Lux y se iniciaron investigaciones sobre los movimientos de capital sospechosos de cuentas en el extranjero. El mensaje era claro: "Esta es nuestra empresa, nuestra tecnología, y nuestros ciudadanos. Y los protegeremos".

En su oficina, Joris miraba su teléfono, sobrecargado con las llamadas de China y con su cuenta bancaria en cero. Se sentía atrapado, su sueño de un futuro mejor se había convertido en un campo de batalla geopolítico. En ese momento, la puerta de la oficina se abrió. Louis Martin entró con un café en la mano.

"Joris, he estado pensando, voilà," dijo Louis, completamente ajeno a la pesadilla de Joris. "Con los cálculos de la potencia que necesitamos para la transición, la nave podría necesitar una fuente de energía secundaria. Quizá un pequeño reactor de fisión. Si lo hacemos, podemos duplicar la velocidad de desplazamiento y llegar a Alfa Centauri en..."

Joris lo interrumpió, su voz un hilo de desesperación. "Louis, por favor, detente. No podemos construir nada. El gobierno de Estados Unidos acaba de congelar todos nuestros fondos. Nos han bloqueado".

Louis parpadeó. Parecía que la información no había procesado en su mente. "Ah. ¿Bloqueado? Eso es un problema. Pero, bah, no se preocupe. La física es la misma. Solo es un problema de capital, ¿no? A lo mejor podemos encontrar a alguien más que nos preste el dinero. Estoy seguro de que hay alguien por ahí que estaría encantado de financiar una nave que podría viajar al borde de la galaxia en un par de semanas."

Louis le ofreció el café a Joris con una sonrisa, completamente inconsciente de que la persona que podía "financiar" su sueño ahora era la que estaba a punto de convertir su vida en una pesadilla.


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