viernes, 13 de febrero de 2026

El Fanal

  Capítulo 2: El Fanal Brilla en Urano



El presidente de los Estados Unidos golpeó el informe de la mesa, el sonido seco resonando en la sala de crisis de la Casa Blanca.

"¿Me están diciendo que este... 'fanal' de los narices, un prototipo de una estúpida compañía privada de Europa, llegó a Urano en cero coma dieciséis segundos?" Su voz no era un grito, sino un tono peligroso y contenido que era peor que cualquier grito. "¿Y que la NASA, la ESA, y hasta los chinos, han confirmado los datos? ¡Hemos invertido billones en investigación de propulsión durante décadas, y a nosotros no nos llega ni un maldito correo electrónico!"

El asesor de seguridad nacional se ajustó las gafas, claramente incómodo. "Señor, los datos son irrefutables. Las mediciones de desplazamiento espacio-temporal se correlacionan en las bases de datos de todas las agencias de seguimiento. El satélite, matriculado en Luxemburgo, desapareció de nuestro seguimiento subluminal en el momento del encendido y reapareció exactamente a la distancia y en el tiempo calculados para el viaje a la órbita de Urano. El salto es real".

El presidente se desplomó en su silla. "Es una humillación. Una humillación de proporciones cósmicas. Y para más colmo, he visto en los informes que parte de la financiación provino de la Unión Europea... un proyecto de 'Eurociencia 2030'. ¿Dónde estaban nuestros analistas? ¿Qué estábamos haciendo nosotros?". El almirante de la Marina, que había estado en silencio, se movió con nerviosismo. La vergüenza era palpable en toda la sala.

Mientras tanto, al otro lado del planeta, en un búnker subterráneo en las afueras de Beijing, la reacción era idéntica en su intensidad, aunque la fachada era más fría. Un oficial de alto rango del Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) le mostró una serie de datos a su superior.

"La tecnología es real. El 'motor' FTL funciona. Nuestro satélite de reconocimiento confirmó el evento, aunque no pudimos rastrear al satélite. La firma energética no coincide con nada que hayamos visto".

El general, con una calma aterradora, asintió. "No me preocupa la tecnología, eso ya lo arreglaremos. Me preocupa el origen. ¿Quién lo hizo? ¿Quién es el hombre detrás de esto?". El oficial tecleó en un ordenador y el rostro del CEO Joris de Vries apareció en la pantalla. "Es el CEO. Un holandés. Pero la mente maestra, el hombre que diseñó el motor, solo lo conocemos por un nombre: Louis. Ninguno de nuestros agentes en Europa ha podido identificarlo".

El general frunció el ceño. "¿Quién es este Louis? ¿Qué agentes tenemos en la zona? Quiero su rostro, su nombre, su historia. ¡Ahora!".

La Búsqueda del Fantasma

Lo que la CIA y el MSS no sabían, y lo que Louis Martin había logrado sin esfuerzo, era volverse completamente invisible en el siglo XXI. No era un maestro del engaño, ni un agente secreto entrenado. Simplemente era una serie de incidentes aleatorios y casuales que lo volvieron inidentificable.

Un analista de la CIA en Langley se rompió la cabeza con el informe: "No tenemos fotos. Cero. Ni un solo selfie en redes sociales. Ni una sola mención en blogs de viaje. Es como si no existiera". El analista había intentado una búsqueda facial inversa en el rostro del científico que aparecía en la videoconferencia con el banco, pero la calidad del video era demasiado baja, y la resolución de la pantalla de Joris creaba un pixelado que impedía cualquier análisis.

Un equipo de la MSS en Berlín se encontraba con el mismo problema. Habían rastreado a Joris de Vries y lo habían fotografiado saliendo del edificio de Stellarius Lux. En la foto, Louis Martin caminaba detrás de él. El agente que tomó la foto fue el mejor de la región, pero en el momento exacto de la toma, una paloma curiosa pasó volando en primer plano, y su ala extendida cubrió perfectamente el rostro de Louis. No había otra toma. El agente había jurado que era la paloma más grande que había visto en su vida, pero nadie le creía.

Los intentos de los espías se volvieron absurdos en su fracaso.

    Una cámara de vigilancia de alta resolución en un café de Viena, donde Louis y Joris se reunieron para hablar de negocios, fue oscurecida por el vaho de un café recién hecho que cubrió el lente en el momento clave.

    Un agente del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. en un aeropuerto intentó escanear la cara de Louis desde lejos, pero un turista que se estaba tomando un selfie se interpuso en el camino, y la cámara solo capturó el reflejo del sol en el teléfono del turista.

    La CIA trató de acceder a la base de datos de licencias de conducir de Luxemburgo, pero Louis Martin no conducía; siempre usaba el transporte público o andaba en bicicleta. No había foto en el registro.

    El MSS, en un último intento, logró obtener acceso a los registros de inmigración, pero el nombre de "Louis Martin" no tenía una foto asociada. Los registros de viaje solo mostraban entradas y salidas dentro de la zona Schengen, un área de libre circulación de personas sin controles fronterizos. Sin pasaporte, no había foto.

Mientras tanto, en la oficina de Stellarius Lux, Louis Martin, completamente ajeno al caos que su invisibilidad causaba en las agencias de inteligencia, le servía un café a Joris de Vries.

"Joris", dijo Louis con su voz suave. "He estado pensando en el astillero. Quizá necesitemos una aleación más fuerte para los estabilizadores inerciales. Las fuerzas podrían ser..."

Joris suspiró y se frotaba el puente de la nariz. "Louis... por favor, solo tómate el café".

El genio, por primera vez, había logrado lo que los más grandes espías no podían: la completa y perfecta invisibilidad en un mundo de vigilancia total. Y lo había hecho sin intentarlo.


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