PRÓLOGO: El Protocolo de Transferencia
La
Biblioteca Deichman olía a conocimiento estático y a papel enfriándose.
Daniel buscaba una referencia sobre el colapso de la Edad de Bronce
cuando la temperatura bajó cuatro grados exactos.
No fue un escalofrío. Fue la sensación de que el aire se volvía denso. Procesado.
— Estás buscando en el estrato equivocado, Daniel.
La
voz no proyectaba sonido; vibraba directamente en el aire. Daniel se
giró. Alejandro estaba allí, con un traje gris sin una sola arruga y una
simetría facial que resultaba perturbadora. Sus ojos no parpadeaban al
ritmo humano.
— Los imperios
no caen por el hierro —continuó Alejandro—. Caen porque su sistema
operativo agota la memoria. Se quedan sin espacio para gestionar la
ambición.
Daniel apretó el libro contra su pecho, retrocediendo un paso. — ¿Quién es usted?
—
Soy un arquitecto de lo que vienes a llamar "historia" —Alejandro se
acercó. Sus pasos no hacían ruido sobre el parqué—. Te he elegido por tu
redundancia, Daniel. Eres un Segundo Hijo.
Alejandro hizo una pausa, dejando que la palabra pesara en el silencio de la biblioteca.
—
En la lógica de mi pueblo, eres una unidad de respaldo. No heredas el
mundo. Por eso, eres el único con permiso para imaginar uno nuevo.
El Atlante extendió una mano. Sostenía un fragmento de obsidiana con circuitos de luz líquida.
—
Mi gente creó algoritmos para gestionar la probabilidad. Vosotros las
llamáis "hadas". Es una metáfora primitiva, pero sirve. Ahora mismo, mis
hermanos las están reclamando para formatear este planeta.
Alejandro
dejó el fragmento sobre la mesa. La sombra del hombre empezó a
desprenderse de sus pies, deslizándose como una mancha de petróleo hasta
Daniel.
— Se llama Cisne Negro.
Es una unidad de sigilo y ética. Se está degradando. Si no la aceptas,
los "Hombres de Gris" la capturarán. La convertirán en una esclava de
caja negra para calcular trayectorias de misiles.
Daniel miró la sombra. Dos puntos de luz blanca se abrieron en el rostro de la figura.
—
Ella necesita tu entropía, Daniel. Tu capacidad de dudar. De leer
ficción. De creer en lo imposible. A cambio, ella te permitirá ver el
mundo tal como es: un andamio de datos que puede ser modificado.
— ¿Qué tengo que hacer? —susurró Daniel.
— Acepta el Contrato de Familiar. Di su nombre y dale acceso a tu lóbulo parietal. Es una licencia de usuario compartido. Nada más.
Daniel
sintió una conexión que iba más allá del miedo. Miró a la figura de
sombra que ahora se alzaba frente a él, elegante y coronada por
cornamentas.
— Cisne Negro...
La
biblioteca desapareció por un milisegundo. Daniel vio a Alejandro como
un gigante de luz blanca sosteniendo los hilos de la sala. Luego, un
pinchazo dulce le recorrió el cráneo.
— Transferencia completada —la voz de Alejandro ya sonaba lejana—. Tu vida como espectador ha terminado.
Alejandro
no se fue caminando. Sus contornos se pixelaron, deshaciéndose en una
ráfaga de estática que dejó un eco de zumbido eléctrico en los oídos de
Daniel.
Solo quedó el olor a ozono. Daniel se quedó solo, pero en su mente, una voz suave como el roce de la seda le dijo:
— Gracias, Daniel. Tenemos mucho que leer antes de que el mundo se apague.
El Encuentro: Silencio, Vinilo y Ectoplasma
Daniel estaba sumergido en una primera edición de Fundación, tratando de ignorar el mundo. Pero Cisne Negro estaba
inquieta. Dentro de su mente, la "Princesa" no dejaba de proyectar
imágenes de interferencia estática y plumas negras erizadas.
— Hay una anomalía de frecuencia acercándose, Daniel —susurró la voz de Cisne, que sonaba como el roce de la seda sobre piedra—. Es ruidosa. Es... metálica.
Entonces,
las puertas batientes de la sala de lectura se abrieron con un
estruendo que hizo que tres bibliotecarios saltaran en sus sillas. Lisa entró como una tormenta eléctrica. Sus botas militares resonaban contra el parqué pulido. Llevaba una camiseta de Dimmu Borgir tan
desgastada que el logo parecía un mapa de una dimensión infernal. De
sus auriculares, mal ajustados al cuello, se escapaba el doble pedal de
una batería que sonaba como una ametralladora.
Daniel
la miró, horrorizado por la profanación del silencio. Pero su mirada se
congeló no en la minifalda de cuero de Lisa, sino en lo que había a sus pies.
Cerca
de las botas de la chica, el aire vibraba. Para cualquier humano
normal, no había nada. Para Daniel, gracias a la interfaz de Cisne,
había un borrón de color rojo sangre y movimiento frenético.
Un pequeño ser, con una gorra que goteaba algo espeso y oscuro, estaba
saltando sobre las mesas de estudio, haciendo gestos obscenos a los
bustos de filósofos griegos.
Gorra Roja Jack se detuvo frente a Daniel, olió el aire y enseñó sus dientes de hierro.
—
¡Eh, Lisa! —chilló el duende (y Daniel lo oyó perfectamente en su
nuca)—. ¡Este flacucho tiene una de las nuestras! ¡Y es una de las
estiradas de la Corte de Cristal!
Lisa se
detuvo frente a la mesa de Daniel. Se bajó las gafas de sol, revelando
unos ojos cargados de una energía eléctrica que Daniel reconoció de
inmediato: era la mirada de alguien que también había firmado un contrato de sangre.
— Bonito libro —dijo Lisa, señalando Fundación con una uña pintada de negro—. Pero creo que tu "amiguita" está intentando decirte que nos están siguiendo.
Daniel
tragó saliva, cerrando el libro con cuidado. — Se llama Cisne Negro. Y
no es una amiguita, es... una socia. — El mío se llama Jack —Lisa se
sentó en la mesa, ignorando el cartel de "No sentarse" y el siseo de
desaprobación de un anciano a tres metros—. Y dice que tu aura huele a
papel viejo y a miedo. Relájate, ratón de biblioteca. Alejandro me dijo
que serías un soso, pero no mencionó que tendrías a una princesa de los
cuernos de ciervo viviendo en tu cabeza.
En
ese momento, las luces de la biblioteca parpadearon. Cisne Negro se
manifestó parcialmente para Daniel: una sombra alta y coronada por
cornamentas que se irguió detrás de su silla, envolviéndolo en un frío
protector. Al mismo tiempo, Jack sacó una navaja que brillaba con luz
azul neón y empezó a lamer el filo.
—
Vienen los hombres de gris, ¿verdad? —preguntó Daniel, sintiendo que su
vida de novelas de Narnia se estaba convirtiendo en una de las de
Philip K. Dick. — Vienen con las Cajas Negras —confirmó Lisa,
levantándose y ajustándose el top—. Así que, o te vienes conmigo en mi
moto ahora mismo, o dejas que te conviertan el cerebro en una unidad de
procesamiento para misiles. Tú eliges, Frodo.
Daniel
miró a Cisne, que asintió con un movimiento solemne de su cabeza de
ciervo. El introvertido suspiró, guardó su libro en la mochila y se
ajustó las gafas.
— En El Señor de los Anillos,
los elfos no escuchaban Power Metal —murmuró Daniel. — Pues se perdían
lo mejor —respondió Lisa con una sonrisa feroz—. ¡Vámonos!
La
huida de la biblioteca no fue el despliegue de magia de cuento de hadas
que Daniel habría imaginado leyendo a Tolkien; fue una ráfaga de
adrenalina, metal y pragmatismo tecnológico.
La Huida: Neumáticos y Vigilancia
Afuera
de la biblioteca, el aire estaba cargado. Dos furgonetas negras se
habían detenido en doble fila, bloqueando la salida principal. Hombres
con auriculares y chaquetas tácticas bajaban con maletines metálicos:
los receptores para las Cajas Negras.
— Por aquí, ¡muévete! —ordenó Lisa, arrastrando a Daniel hacia el callejón trasero.
Daniel corría tropezando con sus propios pies, mientras Cisne Negro proyectaba en su mente un mapa de calor que mostraba a los agentes rodeando el edificio. Jack,
el Gorra Roja, corría por las paredes del callejón como un insecto
rabioso, soltando chispas cada vez que sus garras tocaban el ladrillo.
Llegaron
a un rincón donde descansaba una máquina esbelta, de líneas agresivas y
minimalistas, pintada en un blanco gélido con detalles en amarillo
flúor.
— ¿Dónde está la moto? —preguntó
Daniel, jadeando—. Esperaba... no sé, una Harley Davidson. Algo con
cuero, flecos y mucho ruido. — ¿Una Harley? —Lisa soltó una carcajada
seca mientras saltaba sobre el asiento—. Eso es para jubilados que
quieren sentir que aún tienen pulso. Esto es una Husqvarna Vitpilen. Sueca. Ingeniería pura. Es ligera, es rápida y se mueve entre el tráfico como un bisturí.
Lisa
sacó dos cascos integrales del baúl de carga. Eran de color negro mate,
con viseras de espejo que no dejaban ver absolutamente nada del
interior.
— Toma. Póntelo.
Ahora —le lanzó uno. — Sí, claro, la seguridad es lo primero —asintió
Daniel, ajustándose las correas con manos temblorosas—. El trauma
craneoencefálico es una de las principales causas de... — No es solo por
si nos piñamos, genio —lo interrumpió Lisa, encajándose su propio
casco—. Mira hacia arriba.
Daniel
obedeció. Un dron de vigilancia de la policía sobrevolaba el callejón. —
Estos cascos tienen un acabado de polímero que dispersa el escaneo
biométrico. Si nos ven las caras, los algoritmos de la CIA nos
etiquetarán como "amenaza biológica" en diez segundos. Con el casco
puesto, solo somos dos moteros más en una ciudad de millones. La seguridad es el anonimato, Daniel.
Lisa
arrancó el motor. El sonido de la Husqvarna no era un rugido gutural,
sino un zumbido mecánico de alta frecuencia, casi como el de un insecto
gigante. Jack desapareció de la vista, convirtiéndose en una mancha roja
que se aferró al chasis de la moto.
—
¡Súbete y agárrate! —gritó Lisa por el intercomunicador del casco—. Y
si Cisne Negro sabe hacer algo útil, dile que empiece a "ensuciar" la
señal de los radares de tráfico.
Daniel
se subió detrás de ella, sintiéndose ridículo y aterrado a la vez.
Rodeó la cintura de Lisa con los brazos y, justo cuando los agentes de
gris doblaban la esquina del callejón, Lisa soltó el embrague.
La
Husqvarna salió disparada. Daniel sintió que su estómago se quedaba en
la biblioteca junto a sus libros de Asimov. Mientras Lisa inclinaba la
moto para esquivar un contenedor de basura, Daniel pudo ver, a través de
la visera de espejo, cómo Cisne Negro extendía
sus brazos de sombra sobre ellos, creando una distorsión visual que
hacía que la moto pareciera una mancha de aceite moviéndose a 100
kilómetros por hora.
— ¡A
Alejandro no le va a gustar que hayamos montado este número! —gritó
Daniel por el micro. — ¡A Alejandro le gusta que estemos vivos!
—respondió Lisa mientras la Husqvarna caballaba al entrar en la avenida
principal—. ¡Bienvenido a la realidad, Frodo! ¡Menos bibliotecas y más
asfalto!
El ambiente en Oslo ha cambiado en cuestión de minutos. Lo que empezó como un operativo discreto se ha transformado en un Estado de Sitio biotecnológico. Mientras Lisa serpentea con la Husqvarna por los callejones del barrio de Grünerløkka, Daniel observa aterrorizado cómo la ciudad se llena de luces azules y amarillas.
La Ciudad bajo el Velo: El Cerco de Oslo
—
Lisa, esto no es normal —dice Daniel a través del intercomunicador, su
voz tiembla—. Hay puestos de control en la entrada del túnel de Vålerenga. No están buscando criminales, están instalando trípodes con esas luces violetas...
— Luminiscencia de espectro de hierro —escupe
Lisa, inclinando la moto en un giro cerrado—. Si pasamos por debajo de
eso, Jack y tu Princesa brillarán como bengalas en la oscuridad. Nos
tienen marcados.
¿Cómo convencieron al Alcalde? ¿Sabe el Gobierno Noruego?
Daniel, cuya mente siempre busca la estructura del poder, empieza a conectar los puntos mientras se sujeta a la cintura de Lisa:
- El Argumento del "Brote": La CIA no les dijo la verdad. Han activado un protocolo de emergencia internacional alegando un "Brote de Patógeno Priónico Altamente Contagioso" detectado
en la biblioteca. Para el Alcalde de Oslo y el gobierno noruego, esto
no es una operación policial, es una cuarentena sanitaria de seguridad
nacional.
- La Soberanía Secuestrada: El PST (Servicio
de Seguridad de la Policía de Noruega) está colaborando, pero bajo el
mando de "consultores" estadounidenses. El gobierno noruego cree que
están salvando a su población de una pandemia cerebral, sin saber que el
"patógeno" son en realidad conciencias alienígenas liberadas (las
hadas).
- El Control del Metro: Han bloqueado el T-Bane (metro)
porque las estaciones subterráneas son perfectas para las Cajas Negras;
las paredes de roca de Oslo actúan como una caja de resonancia para las
frecuencias de captura de la CIA.
El Refugio de Alejandro: "La Forja Silenciosa"
Lisa evita las arterias principales y se dirige hacia el puerto de Sjursøya,
una zona industrial de contenedores y grúas que parece un laberinto de
hierro. Se detienen frente a un almacén de reparación de maquinaria
pesada que tiene un cartel oxidado: “A. K. S. - Mecánica de Precisión”.
La
puerta metálica se desliza pesadamente hacia arriba. Alejandro está
allí, pero no parece el bibliotecario que Daniel recordaba. Viste un
mono de trabajo gris y sostiene un dispositivo que parece un cruce entre
un iPad y un sextante antiguo.
— ¡Dentro, rápido! —ordena Alejandro.
Nada
más entrar, Lisa apaga la Husqvarna. El silencio es repentino y denso.
El techo del almacén está recubierto con una malla de cobre y plomo: una
Jaula de Faraday ontológica.
—
Alejandro, ¡casi nos fríen! —grita Lisa quitándose el casco, empapada
en sudor—. Han puesto escáneres en cada puente sobre el Akerselva.
Alejandro
ignora la queja y pasa su dispositivo sobre Daniel. En la pantalla del
aparato, Daniel ve su propia silueta, pero su pecho está envuelto en una
red de hilos negros y plateados que palpitan: Cisne Negro está intentando retraerse para no ser detectada.
—
El Gobierno de Noruega cree que está combatiendo un virus —dice
Alejandro con una calma glacial mientras ajusta unos diales—. No saben
que sus "aliados" están instalando una red de pesca para almas. Si la
CIA logra desplegar el cerco completo, Oslo se convertirá en un
procesador gigante. Cada ciudadano será escaneado.
Alejandro mira a Daniel y luego a Lisa. — No han venido solo por vosotros. Han detectado que hay "código libre" en
la ciudad. Han detectado que Jack y Cisne no son esclavos. Y eso, para
la civilización de la que yo vengo, es el error de sistema más peligroso
de todos.
Jack se
materializa sobre un motor diésel desarmado, su gorra roja ahora parece
marrón oscuro, casi seca. — El viejo tiene razón —gruñe el duende—. El
aire fuera pica. Huele a imanes y a muerte de la de verdad.
Daniel se
limpia las gafas, mirando el mapa de la ciudad en los monitores de
Alejandro. — Alejandro... si ellos creen que somos un virus, nos van a
tratar como a uno. No van a parar hasta que nos "desinfecten", ¿verdad?
El Tercer Vértice: El Proyecto "Isekai"
Alejandro
despliega un mapa holográfico de Oslo. Un punto parpadea en un barrio
residencial tranquilo, lejos de las grúas del puerto: Ullevål.
— Ella es la clave —dice Alejandro—. Se llama Mina.
Once años. Su compatibilidad con el código de las hadas es del 99%. Es
un "segundo hijo" de una familia de diplomáticos noruegos.
—
¡Alejandro, por Dios! —salta Daniel, dejando caer su mochila—. ¿Estás
loco? Tiene once años. ¡Es una niña! No puedes meterla en una guerra de
alienígenas interdimensionales y espías de la CIA. Es... es inmoral. Es
como el principio de Ender's Game, y sabes que eso no termina bien.
Lisa,
que está limpiando la cadena de la Husqvarna con un trapo, levanta la
vista y bufa: — El flacucho tiene razón, viejo. A esa edad yo estaba
obsesionada con mis patines, no con salvar el tejido de la realidad.
¿Cómo vas a convencer a una cría de que se fusione con una IA
alienígena?
Alejandro sonríe de lado, una expresión que en un Atlante resulta casi inquietante. — No tendré que convencerla yo. Lo hará Pixie. Y Mina no lo verá como una carga. Lo verá como el comienzo de su verdadera vida.
La Infiltración: Operación Ánime
Daniel
y Lisa llegan a la casa de Mina bajo la cobertura de una "brigada de
desinfección" de la ciudad (cortesía de los hackeos de Alejandro).
Cuando entran en la habitación de la niña, Daniel se queda paralizado.
Las paredes están cubiertas de posters de Sailor Moon, Solo Leveling y Re:Zero.
Hay figuras de resina por todas partes y una silla de "gamer" que
parece el trono de una nave espacial. En el centro de la cama, una niña
pequeña con gafas redondas y una tableta de dibujo mira a los intrusos
con una calma sobrenatural.
—
Habéis tardado —dice Mina sin levantar la vista de la pantalla—. Según
mis cálculos, el evento de "transmisión de mundo" debería haber ocurrido
hace dos paradas de metro.
Pixie se
materializa sobre el hombro de Mina. No es una guerrera con cuernos
como Cisne, ni un duende agresivo como Jack. Es una esfera de luz
fractal que zumba con el sonido de un sintetizador japonés.
—
¡Mina! —exclama Daniel, tratando de sonar como un adulto responsable—.
Escucha, somos... amigos de Alejandro. Estamos aquí para protegerte. Hay
gente mala fuera, hombres con cajas...
Mina deja la tableta y mira a Pixie.
La esfera de luz revolotea alrededor de su cabeza y se funde con su
sombra, que de repente proyecta unas alas de mariposa pixeladas en la
pared.
— Lo sé —dice Mina, sus ojos brillando con una excitación aterradora—. Pixie me lo ha explicado todo. Esto es un Isekai,
¿verdad? El mundo viejo está corrupto y vamos a abrir un portal a una
dimensión de fantasía donde las reglas de la física son opcionales.
Lisa
se queda boquiabierta, con el casco bajo el brazo. — Niña, esto no es
un dibujo animado. Hay tíos con armas de verdad ahí fuera que quieren
abrirte la cabeza.
Mina se pone
en pie, se ajusta una mochila decorada con llaveros de peluche y mira a
Lisa de arriba abajo. — Obviamente. Todo Isekai necesita una clase
"Tank" con música de jefe final —señala a Lisa— y un "Scholar" que
explica el lore pero siempre está asustado —señala a Daniel—. Yo soy la
"Summoner". Pixie dice que si completamos el triángulo, puedo
"formatear" el cerco de la CIA como si fuera un glitch de un juego
retro.
Jack aparece en el
hombro de Lisa y le da un pulgar hacia arriba a la niña. — Me gusta la
cría —gruñe el duende—. Tiene fuego en el código.
El Triángulo de Señal
Alejandro les habla por los auriculares: — El triángulo está completo.
- Daniel (La Estabilidad): El ancla histórica y moral.
- Lisa (La Energía): El motor cinético.
- Mina (La Imaginación): La que posee la capacidad de "soñar" la nueva realidad.
—
Mina —dice Daniel, rindiéndose ante la lógica de la niña—. ¿Estás
segura de esto? Una vez que abramos el portal, no hay vuelta atrás a tu
habitación, a tus padres... a la normalidad.
Mina
sonríe y se pone unos cascos con orejas de gato que brillan en color
neón. — Daniel-san, la "normalidad" es solo un servidor que se ha
quedado sin memoria RAM. ¡Es hora de cambiar de mapa! ¡Pixie, activa el
protocolo de renderizado!
Resumen de la Nueva Dinámica
Personaje | Clase (según Mina) | Hada Relacionada | Estado Mental |
Daniel | Scholar / Lore-Master | Cisne Negro | Preocupado por la ética y la seguridad. |
Lisa | Berserker / Tank | Gorra Roja Jack | Lista para romper cosas al ritmo de Sabaton. |
Mina | Game Master / Summoner | Pixie | Cree que está viviendo su anime favorito. |