## Capítulo 2: La Sinfonía del Silencio
El aire en el Laboratorio 7, después de las horas que habían transcurrido, se había espesado con una atmósfera de presagio. No era el olor a metal y desesperación de antes; ahora, impregnaba el espacio una nota sutil, casi musical, como el resonar de un cristal roto. Era la sinfonía del silencio, una melodía de la muerte que palpitaba con una lógica fría e implacable.
Ritter se movía con la lentitud que la desesperación imparte. Cada paso era una reflexión sobre la vanidad de la existencia, un recordatorio de que el esfuerzo, la lógica, el conocimiento, todo se desmoronaría ante la indiferencia del universo. Vargas, al principio un joven de ambiciones brillantes, ahora se limitaba a registrar los datos, a traducir la tragedia en cifras, como si la objetividad pudiera aliviar el horror. La precisión, en este lugar, era una burla.
“Hay... algo más,” dijo Vargas, su voz quebrada, al analizar los datos de los escáneres. “Patrones de actividad. No se corresponden con la actividad humana. Se correlacionan con... firmas energéticas X’thari.”
Ritter se detuvo. La confirmación fue un puñal en el corazón. Los X’thari. La raza que se creía extinta, que se había desvanecido en las brumas del tiempo, y que, aparentemente, había estado observando, manipulando, jugando con la humanidad desde las sombras.
El laboratorio, a pesar de los signos de abandono, no estaba vacío. A través de los escáneres, comenzaron a materializar imágenes. Formas geométricas complejas, intrincados diseños grabados en las paredes, como si la propia estación fuera un templo dedicado a una fe olvidada. Eran los símbolos de la "Sinfonía," la tecnología que los X’thari habían utilizado para alterar el código genético de la humanidad, para forjar una nueva raza de seres, perfectos para su propósito.
“Hayes,” dijo Ritter, la voz un susurro. “Estaba trabajando con ellos. No era una simple expedición. Era... una convergencia.”
El análisis de los datos reveló la verdad con una brutalidad implacable. Los X’thari no habían simplemente alterado el código genético de la humanidad. Los habían *diseñado*. Los habían convertido en receptores, en instrumentos. Una raza de esclavos perfectos, programados para la obediencia, para el servicio.
Ritter encontró un registro, una serie de comunicaciones que Hayes había enviado a una ubicación desconocida. Las palabras eran frías, calculadas, desprovistas de emoción. Hablaban de "optimización," de "alineación," de "armonización." Hablaban de un futuro donde la humanidad, despojada de su libre albedrío, sería la piedra angular de una nueva civilización, una civilización que serviría a los X’thari.
"Hayes estaba convencida de que estaba haciendo lo correcto,” murmuró Vargas, su rostro pálido. “Que estaba salvando a la humanidad de sí misma.”
La ironía era tan profunda, tan implacable, que la hacía dudar. ¿Podía la verdad ser tan simple? ¿Podía la humanidad, con su historia de guerras, de corrupción, de autodestrucción, ser una víctima de su propio destino, una víctima de un diseño superior? Ritter no quería creerlo. No quería admitir que la humanidad, con todas sus virtudes y sus defectos, era una mera nota discordante en la sinfonía del universo.
Mientras tanto, el “algo más” en el laboratorio se hacía más palpable. Las formas geométricas se intensificaban, resonando con una energía extraña, casi tangible. Las paredes parecían vibrar con una frecuencia incomprensible. Los escáneres indicaban una acumulación de energía en el centro del laboratorio, en el mismo lugar donde yacía el cuerpo de Hayes.
“Detecto una alteración en la estructura del espacio-tiempo,” dijo Vargas, su voz temblorosa. “Es como si… como si estuvieran reconfigurando la realidad.”
Ritter sabía lo que significaba. Los X’thari no estaban simplemente alterando el código genético de la humanidad. Estaban alterando la realidad misma. Estaban creando una nueva realidad, una realidad donde la humanidad no sería libre, donde la verdad sería una ilusión, donde el propósito de la existencia sería simplemente servir.
De repente, sintió un dolor agudo en la cabeza, como si su cerebro estuviera siendo desgarrado por un instrumento invisible. Vio imágenes fragmentadas, visiones de un futuro distante, una civilización de seres perfectos, sin libre albedrío, sin emociones, sin dudas. Era una visión de la perfección, pero una perfección vacía, una perfección que le causaba un terror profundo.
"¡Ritter, está experimentando una alteración cognitiva!" gritó Vargas, intentando estabilizarlo.
Ritter luchaba contra la invasión de la conciencia X’thari. Era una batalla desesperada, una lucha por mantener su propia identidad, por su propia humanidad. Cada pensamiento, cada sentimiento, era amenazado por la influencia alienígena.
En el centro del laboratorio, la energía se concentró, formando un vórtice brillante. El cuerpo de Evelyn Hayes comenzó a brillar, su forma se difuminó, se transformó. Se convirtió en una manifestación de la sinfonía, una representación física de la lógica fría y despiadada de los X’thari.
"Hayes," dijo la manifestación, su voz un eco de la que había escuchado en los registros de la estación. "Ha llegado el momento de la armonización."
Ritter, con un último esfuerzo de voluntad, se levantó. Su cuerpo estaba dolorido, su mente en el borde del colapso, pero su espíritu permanecía intacto. Sabía que no podía derrotar a los X’thari. No podía ganar esta batalla. Pero podía resistir. Podía mantener su humanidad, su propia conciencia, como una chispa en la oscuridad.
"No se admitirá," rugió, su voz un grito de desesperación. "No se admitirá la armonización."
El vórtice de energía se intensificó, amenazando con engullirlo por completo. Pero Ritter, en su último acto de resistencia, desató un arma que había encontrado en el laboratorio: un dispositivo de contención electromagnética, diseñado para neutralizar cualquier señal alienígena.
El dispositivo se activó, emitiendo un pulso de energía que golpeó el vórtice de energía. El pulso se desvió, dispersando la sinfonía, fragmentando la realidad. El vórtice se desvaneció, dejando tras de sí un silencio sepulcral.
Ritter cayó al suelo, exhausto, derrotado. Pero en su mirada, brillaba una chispa de esperanza. Había resistido. Había salvado, por un momento, su humanidad.
Pero sabía, con una certeza aterradora, que la guerra no había terminado. La sinfonía estaba rota, pero la melodía, la melodía del silencio, seguía resonando. Y en algún lugar, en la oscuridad, los X’thari estaban escuchando. Esperando.
Pensaba que esta vez podría funcionar
lunes, 16 de febrero de 2026
Ecos del Silencio
viernes, 13 de febrero de 2026
El Fanal
Capítulo 2: El Fanal Brilla en Urano
El presidente de los Estados Unidos golpeó el informe de la mesa, el sonido seco resonando en la sala de crisis de la Casa Blanca.
"¿Me están diciendo que este... 'fanal' de los narices, un prototipo de una estúpida compañía privada de Europa, llegó a Urano en cero coma dieciséis segundos?" Su voz no era un grito, sino un tono peligroso y contenido que era peor que cualquier grito. "¿Y que la NASA, la ESA, y hasta los chinos, han confirmado los datos? ¡Hemos invertido billones en investigación de propulsión durante décadas, y a nosotros no nos llega ni un maldito correo electrónico!"
El asesor de seguridad nacional se ajustó las gafas, claramente incómodo. "Señor, los datos son irrefutables. Las mediciones de desplazamiento espacio-temporal se correlacionan en las bases de datos de todas las agencias de seguimiento. El satélite, matriculado en Luxemburgo, desapareció de nuestro seguimiento subluminal en el momento del encendido y reapareció exactamente a la distancia y en el tiempo calculados para el viaje a la órbita de Urano. El salto es real".
El presidente se desplomó en su silla. "Es una humillación. Una humillación de proporciones cósmicas. Y para más colmo, he visto en los informes que parte de la financiación provino de la Unión Europea... un proyecto de 'Eurociencia 2030'. ¿Dónde estaban nuestros analistas? ¿Qué estábamos haciendo nosotros?". El almirante de la Marina, que había estado en silencio, se movió con nerviosismo. La vergüenza era palpable en toda la sala.
Mientras tanto, al otro lado del planeta, en un búnker subterráneo en las afueras de Beijing, la reacción era idéntica en su intensidad, aunque la fachada era más fría. Un oficial de alto rango del Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) le mostró una serie de datos a su superior.
"La tecnología es real. El 'motor' FTL funciona. Nuestro satélite de reconocimiento confirmó el evento, aunque no pudimos rastrear al satélite. La firma energética no coincide con nada que hayamos visto".
El general, con una calma aterradora, asintió. "No me preocupa la tecnología, eso ya lo arreglaremos. Me preocupa el origen. ¿Quién lo hizo? ¿Quién es el hombre detrás de esto?". El oficial tecleó en un ordenador y el rostro del CEO Joris de Vries apareció en la pantalla. "Es el CEO. Un holandés. Pero la mente maestra, el hombre que diseñó el motor, solo lo conocemos por un nombre: Louis. Ninguno de nuestros agentes en Europa ha podido identificarlo".
El general frunció el ceño. "¿Quién es este Louis? ¿Qué agentes tenemos en la zona? Quiero su rostro, su nombre, su historia. ¡Ahora!".
La Búsqueda del Fantasma
Lo que la CIA y el MSS no sabían, y lo que Louis Martin había logrado sin esfuerzo, era volverse completamente invisible en el siglo XXI. No era un maestro del engaño, ni un agente secreto entrenado. Simplemente era una serie de incidentes aleatorios y casuales que lo volvieron inidentificable.
Un analista de la CIA en Langley se rompió la cabeza con el informe: "No tenemos fotos. Cero. Ni un solo selfie en redes sociales. Ni una sola mención en blogs de viaje. Es como si no existiera". El analista había intentado una búsqueda facial inversa en el rostro del científico que aparecía en la videoconferencia con el banco, pero la calidad del video era demasiado baja, y la resolución de la pantalla de Joris creaba un pixelado que impedía cualquier análisis.
Un equipo de la MSS en Berlín se encontraba con el mismo problema. Habían rastreado a Joris de Vries y lo habían fotografiado saliendo del edificio de Stellarius Lux. En la foto, Louis Martin caminaba detrás de él. El agente que tomó la foto fue el mejor de la región, pero en el momento exacto de la toma, una paloma curiosa pasó volando en primer plano, y su ala extendida cubrió perfectamente el rostro de Louis. No había otra toma. El agente había jurado que era la paloma más grande que había visto en su vida, pero nadie le creía.
Los intentos de los espías se volvieron absurdos en su fracaso.
Una cámara de vigilancia de alta resolución en un café de Viena, donde Louis y Joris se reunieron para hablar de negocios, fue oscurecida por el vaho de un café recién hecho que cubrió el lente en el momento clave.
Un agente del Departamento de Seguridad Nacional de EE. UU. en un aeropuerto intentó escanear la cara de Louis desde lejos, pero un turista que se estaba tomando un selfie se interpuso en el camino, y la cámara solo capturó el reflejo del sol en el teléfono del turista.
La CIA trató de acceder a la base de datos de licencias de conducir de Luxemburgo, pero Louis Martin no conducía; siempre usaba el transporte público o andaba en bicicleta. No había foto en el registro.
El MSS, en un último intento, logró obtener acceso a los registros de inmigración, pero el nombre de "Louis Martin" no tenía una foto asociada. Los registros de viaje solo mostraban entradas y salidas dentro de la zona Schengen, un área de libre circulación de personas sin controles fronterizos. Sin pasaporte, no había foto.
Mientras tanto, en la oficina de Stellarius Lux, Louis Martin, completamente ajeno al caos que su invisibilidad causaba en las agencias de inteligencia, le servía un café a Joris de Vries.
"Joris", dijo Louis con su voz suave. "He estado pensando en el astillero. Quizá necesitemos una aleación más fuerte para los estabilizadores inerciales. Las fuerzas podrían ser..."
Joris suspiró y se frotaba el puente de la nariz. "Louis... por favor, solo tómate el café".
El genio, por primera vez, había logrado lo que los más grandes espías no podían: la completa y perfecta invisibilidad en un mundo de vigilancia total. Y lo había hecho sin intentarlo.
miércoles, 11 de febrero de 2026
El Viaje del Rey: Una Historia del Ajedrez y el legado creado por AlphaZero

El ajedrez es, posiblemente, el juego de estrategia más profundo jamás creado por la humanidad. A lo largo de quince siglos, ha pasado de ser un simulacro de guerra en la India antigua a convertirse en un deporte global y un campo de pruebas para la inteligencia artificial.
1. Los Orígenes: El Chaturanga (Siglo VI)
La mayoría de los historiadores coinciden en que el antepasado directo del ajedrez es el Chaturanga, que floreció en el noroeste de la India durante el Imperio Gupta.
El Nombre: Chaturanga significa "cuatro divisiones", refiriéndose a los componentes del ejército indio de la época: infantería, caballería, elefantes y carros.
Las Piezas: Estas divisiones se convirtieron en lo que hoy conocemos como peones, caballos, alfiles y torres.
La Filosofía: A diferencia de otros juegos de la época, el Chaturanga no dependía de la suerte (dados), sino de la capacidad estratégica del jugador para proteger a su "Rajá" (Rey).
2. La Expansión: Del Shatranj a la Ruta de la Seda
A través de las rutas comerciales, el juego llegó a Persia, donde se le llamó Shatranj. Fue aquí donde el juego adquirió gran parte de su terminología actual:
Cuando el Rey estaba bajo ataque, los persas decían "Shah" (Rey).
Cuando el Rey no tenía escape, decían "Shah Mat" (el Rey está atrapado/muerto), origen de la expresión Jaque Mate.
Tras la conquista islámica de Persia, el mundo árabe adoptó el juego con entusiasmo. Los califas empleaban a los mejores jugadores y se escribieron los primeros tratados de apertura y finales. Debido a las leyes religiosas sobre la representación de figuras, las piezas árabes se volvieron abstractas, una forma que influyó en los diseños europeos posteriores.
3. El Salto a Europa y la "Revolución de la Reina" (Siglos X - XV)
El ajedrez entró en Europa a través de la España islámica (Al-Ándalus) y el sur de Italia. Durante la Edad Media, era el juego preferido de la nobleza y la caballería. Sin embargo, el juego era mucho más lento que el actual: el alfil solo podía saltar dos casillas y la reina (entonces llamada Alferza) solo se movía una casilla en diagonal.
El Gran Cambio (C. 1475)
A finales del siglo XV, las reglas sufrieron una transformación radical, probablemente influenciada por el ascenso de figuras femeninas poderosas como Isabel la Católica.
La Dama: Pasó de ser la pieza más débil a la más poderosa, con libertad de movimiento en todas direcciones.
El Alfil: Ganó alcance ilimitado en sus diagonales.
El resultado: El juego se aceleró drásticamente y nació el "Ajedrez de la Dama", que es esencialmente el que jugamos hoy.
4. La Era del Romanticismo y el Sistema Moderno
Durante los siglos XVIII y XIX, el ajedrez vivió su Época Romántica. Los jugadores se enfocaban en ataques brillantes, sacrificios espectaculares y la búsqueda de la belleza estética por encima de la seguridad posicional. El máximo exponente fue Adolf Anderssen con su famosa "Partida Inmortal".
Hacia finales del siglo XIX, Wilhelm Steinitz (el primer campeón mundial oficial) revolucionó el juego con el enfoque científico y posicional. Introdujo conceptos como el control del centro, la estructura de peones y la acumulación de pequeñas ventajas.
5. El Siglo XX: La Guerra Fría en el Tablero
El ajedrez se convirtió en una herramienta de prestigio político durante la Guerra Fría. La Unión Soviética dominó el juego durante décadas, viéndolo como una prueba de la superioridad intelectual de su sistema.
Este dominio fue desafiado en 1972 por el estadounidense Bobby Fischer en el "Encuentro del Siglo" contra Boris Spassky, un evento que llevó el ajedrez a las portadas de todo el mundo y disparó su popularidad en Occidente.
6. La Revolución Digital y la Inteligencia Artificial
El final del siglo XX marcó el inicio de la era de las máquinas.
Deep Blue (1997): La supercomputadora de IBM derrotó al campeón mundial Garry Kasparov, marcando un hito histórico.
Motores Modernos: Hoy en día, programas como Stockfish o Leela Chess Zero superan por mucho la capacidad humana.
AlphaZero: En 2017, la IA de Google DeepMind aprendió a jugar sola en pocas horas y desarrolló un estilo creativo que ha cambiado la forma en que los humanos entienden el juego.
7. El Ajedrez Hoy
Gracias a internet y a fenómenos culturales como la serie Gambito de Dama, el ajedrez vive una nueva edad de oro. Millones de personas juegan diariamente en plataformas digitales, y el juego se ha convertido en un espectáculo de masas a través del streaming, demostrando que, después de 1500 años, el tablero de 64 casillas sigue siendo un universo infinito de posibilidades.
lunes, 9 de febrero de 2026
Ecos del Silencio
## Capítulo 1: El Latido de la Arena
La tormenta, al principio, era un susurro. Un agrio murmullo en los paneles de la *Rocinante*, como si la propia galaxia se estuviera ahogando en un sudor viscoso de metales y electricidad. Pero los sensores, implacables, lo amplificaron, lo corrieron hasta convertirlo en un bramido sordo, un latido de arena caliente sobre la piel. Era la señal de socorro, y, como todos los demás, era una promesa de destrucción.
El Capitán Ritter, sentado en la cabina de mando, la luz naranja del monitor de radar inundándole el rostro con una sombra espectral, no lo miró. Ya sabía lo que significaba. Los registros, los informes, las advertencias que le habían llegado en los últimos meses, todos apuntaban a la misma conclusión: la galaxia, en su vastedad y silenciosa indiferencia, estaba llena de cadáveres. La esperanza, una piedra pulida por la indiferencia del universo, se caía constantemente de sus manos.
“Amplifica la frecuencia, Teniente Vargas,” ordenó, su voz un corte seco en el zumbido de la nave. Vargas, un joven con la cara aún curtida por la promesa de una carrera brillante, ajustó los controles con la precisión de un relojero obsesionado. El murmullo se hizo más fuerte, se fragmentó en algo más reconocible: un patrón, un pulso. Un llanto de metal.
Veridian, el puesto de avanzada abandonado, no figuraba en ningún mapa estelar. Era un agujero negro en el tejido de la Armada Estelar, un olvido. Una cicatriz de una investigación que, según los informes, había terminado abruptamente, con pérdidas significativas y un protocolo de silencio. Un silencio que, Ritter lo sabía, era más amenazador que cualquier alarma.
"Análisis de trayectoria, Teniente,” ordenó, la voz ahora cargada de una cautela que se había convertido en su forma de vida. "Detecta cualquier nave en la zona. Prioriza amenazas."
El silencio, una vez más. La *Rocinante*, con su diseño de caza de reconocimiento, era un insecto solitario, una pieza de metal y vidrio que se movía a través de la oscuridad con la misma desesperación que la propia vida. La búsqueda de señales, de respuestas, era una forma de prolongar el inevitable. Un intento vano de llenar el vacío con ruido.
"Nada. Solo... algo. Una firma de energía inusual. No coincide con nada en nuestro banco de datos. Es... antigua. Y débil.” Vargas parecía tenso, su joven rostro enrojecido por la pantalla. Ritter lo entendió. La débil señal, como un pulso en el pecho de un difunto, era un indicio de lo que siempre había sabido: que el universo no siempre era silencioso. A veces, el silencio era una mentira.
La aproximación a Veridian fue lenta, casi dolorosa. La estación, una masa de metal corroído y vidrio roto, se alzaba como un esqueleto en la arena de la galaxia. La lluvia de meteoritos, la constante y previsible amenaza, le recordó la fragilidad de la existencia. Era una lección que había aprendido a la fuerza, una lección que la galaxia no se molestaba en enseñarle.
Al llegar a una distancia de cinco kilómetros, la señal se hizo más fuerte, más definida. Era una llamada de socorro, pero distorsionada, filtrada a través de capas de ruido, como si la voz fuera una grabación antigua, corrompida por el tiempo y el olvido.
"Intentar establecer comunicación. Canal de emergencia 19."
El silencio. La voz de Vargas sonó hueca, desprovista de esperanza. "No hay respuesta. Solo... interferencia. Es como si alguien estuviera intentando bloquearnos."
Ritter apretó los dientes. La interferencia no era un accidente. Era una defensa. Un reflejo de la desesperación de aquellos que estaban allí.
La *Rocinante* se acercó a la estación con cautela, deslizándose entre las ruinas. El casco de la nave, pulido hasta la perfección, brillaba con un resplandor frágil, como un espejo roto que reflejaba la decadencia. Las paredes de Veridian estaban cubiertas de jeroglíficos intrusos, grabados en metal oxidado. Eran símbolos de una ciencia olvidada, de experimentos que, evidentemente, habían salido mal.
"Escaneo de estructuras internas. Detecta actividad en el Laboratorio 7. Presencia de energía."
El Laboratorio 7 era un agujero negro en el corazón de la estación. Un lugar donde la ciencia había tropezado con algo que no entendía.
Al entrar, la atmósfera era opresiva. El aire estaba cargado de polvo, de humedad, de un olor rancio a metal oxidado y a algo más... algo indefinible, algo parecido a la desesperación. Las paredes estaban cubiertas de pantallas rotas, de cables colgando de las paredes como serpientes muertas. El silencio era absoluto, interrumpido solo por el zumbido de los sistemas de soporte vital de la *Rocinante*.
"Encuentro restos de un equipo de investigación. El Doctor Evelyn Hayes... y otros cinco."
El nombre resonó en la cabina de mando, un susurro en el vacío. Evelyn Hayes era la líder de la expedición, una científica brillante y ambiciosa que había desaparecido hacía más de diez años. Su desaparición había sido un misterio, un agujero negro en la historia de la Armada Estelar.
"Análisis del protocolo de emergencia. Se detecta un código de 'Contención Total'. Se ordenó el encierro de la estación y la supresión de toda comunicación externa."
Ritter sintió un escalofrío, una sensación visceral de que algo había salido terriblemente mal. La "Contención Total" era un protocolo de último recurso, utilizado para contener amenazas que ponían en peligro la propia existencia de la Armada Estelar. Y ahora, la había encontrado en Veridian.
En el centro del Laboratorio 7, Ritter encontró la causa. En el centro de una sala circular, iluminada por la tenue luz de los escáneres de la *Rocinante*, había una cápsula de suspensión. Dentro, yacía el cuerpo de Evelyn Hayes.
Su rostro era de una belleza inmaculada, casi inhumana. Sus ojos estaban abiertos, fijos en un punto invisible. Su piel era de un blanco pálido, casi translúcido. Era como una estatua, un testimonio de un experimento que había trascendido los límites de la comprensión.
Ritter se acercó con cautela. "Análisis de la cápsula. Detecta modificaciones genéticas. Niveles de mutación... extremadamente altos."
La verdad, como una gota de ácido corrosivo, comenzó a filtrarse a través de la oscuridad. El experimento de Veridian no había sido sobre el desarrollo de nuevas tecnologías. Había sido sobre la destrucción de la humanidad. Y Evelyn Hayes, en su arrogancia, había sido su herramienta.
En ese instante, Ritter comprendió. El silencio de Veridian no era un escudo. Era una tumba. Y él, sin saberlo, estaba entrando en ella. El latido de la arena, el eco de la desesperación, resonaba con una fuerza implacable, recordándole la triste verdad: que la esperanza era una ilusión, que el universo era un lugar de dolor y olvido, y que, en última instancia, todos los hombres y máquinas eran destinados a la extinción. La pregunta ya no era si iba a sobrevivir, sino qué parte de su alma se perdería en el vacío.
sábado, 7 de febrero de 2026
Diario de un Escritor Flustrado
El editor ha encontrado un post-it de Arabella que dice: "Western histórico: La saloon girl Ruby, con corsé desbocado, doma al pistolero solitario en el desierto de Nevada, donde cada duelo a medianoche termina en sudorosas rendiciones que fundan un imperio de placer en el Viejo Oeste."
¡Un western! ¡Por todos los vaqueros del Apocalipsis! Arabella ha descubierto el género de las novelas de quiosco con portadas de señoras con corsés a punto de estallar y hombres con miradas de acero y sombreros vaqueros. Me juego el sueldo a que en su cabeza suena una armónica en bucle.
Lo del "imperio de placer en el Viejo Oeste" es una frase que solo a Arabella se le ocurriría. Me pregunto si el imperio tendrá un club de lectura y un servicio de catering.
Esto va a ser... un polvo en el desierto, literalmente. Pero no del tipo que ella espera.
Aquí tienes la tortura... digo, la épica saga del Viejo Oeste.
Diario del Escritor (Entrada #901): Polvo en el desierto.
Arabella quiere "duelos a medianoche", "sudorosas rendiciones" y "miradas de acero" de un tipo que no ha dormido en tres días. Su descripción del pistolero es "tan rudo que podría afeitarse con una navaja oxidada y no inmutarse". Su descripción de Ruby es "una flor del desierto que no tiene miedo de usar sus espinas para pinchar donde más duele... el corazón (y otros lugares)".
He decidido que si voy a escribir sobre un "imperio de placer", tendrá que ser muy, muy ineficiente y burocrático. Y el pistolero, a pesar de su reputación, tendrá algunos problemas muy mundanos.
Capítulo 1: El Duelo del Atardecer (y los Dolores de Espalda)
El sol se hundía sobre el polvoriento pueblo de Redemption Gulch, tiñendo el cielo de tonos anaranjados y rojos que prometían un calor infernal para el día siguiente y, posiblemente, un tiroteo en el saloon. Las únicas leyes aquí eran las de la dinamita, el whisky barato y, por supuesto, la imponente presencia de Ruby.
Ruby, la dueña del "Saloon Corazón de Oro", estaba de pie en la entrada, con un vestido rojo tan ajustado que parecía desafiar las leyes de la física y la respiración. Su corsé, un milagro de ingeniería textil, realzaba sus curvas de tal manera que hasta los cactus del desierto parecían echarle un segundo vistazo.
En ese momento, las puertas del saloon se abrieron de golpe con un estruendo.
Entró él. Cole "El Silencioso" Cassidy. El pistolero más temido del Oeste. Su reputación era tan oscura como el fondo de un pozo seco y sus ojos... sus ojos eran dos pozos sin fondo llenos de angustia y trauma. Y, si te fijabas bien, de una ligera miopía.
Cole se detuvo en medio del salón, con las manos ligeramente sobre las culatas de sus dos revólveres plateados. El polvo que había traído del exterior formaba una pequeña nube a sus pies. El silencio se hizo pesado, roto solo por el chirrido de la silla de un viejo borracho y el gemido ahogado del caniche del pianista, que acababa de pisar la cola.
—Ruby —gruñó Cole, su voz como grava arrastrada por el viento. (En realidad, tenía la garganta seca por el polvo y le dolía un poco la espalda de tanto montar a caballo).
—Cole Cassidy —dijo Ruby, su voz suave como el terciopelo y afilada como una navaja. (En realidad, se había dado un golpe en el pie con una silla y estaba intentando que no se le notara el dolor). —¿Qué te trae de vuelta a Redemption Gulch? Pensé que habías jurado no pisar este polvo nunca más.
—Tú —dijo Cole, dando un paso adelante. Su mirada, llena de intensidad (y la miopía que le hacía confundir a Ruby con un barril de whisky), se clavó en ella. —Has estado en mis sueños, Ruby. Y he venido a reclamarte.
—Siempre tan directo, Cole —replicó ella, cruzándose de brazos, lo que tensó aún más el corsé y le provocó un pequeño crujido en las costillas—. Pero aquí, en mi Saloon Corazón de Oro, las cosas se ganan.
Mientras los dos se miraban con una tensión sexual tan densa que podrías cortarla con un cuchillo de mantequilla, en la barra, dos mineros con barbas mugrientas observaban la escena con el ceño fruncido.
—No sé, Jim —dijo uno de ellos, sorbiendo su cerveza—. El año pasado se dijo lo mismo y acabaron con dolor de cuello de tanto mirarse fijamente. Y luego Cole se quejó de una contractura lumbar.
—Es el melodrama, Hank —respondió Jim, limpiándose la barba con la manga—. Dicen que vende. Pero a mí me aburre. Yo quiero un duelo de verdad. Con explosiones.
De repente, un sheriff con una estrella torcida y el bigote flácido se abrió paso entre la multitud, arrastrando los pies.
—¡Alto ahí, Cassidy! —gritó el sheriff, aunque le faltaba el aire—. Tengo una orden de arresto contra ti. Por... eh... desorden público. Y por no devolver un libro de la biblioteca hace tres años.
Cole ignoró al sheriff. Sus ojos estaban fijos en Ruby, aunque ahora se había enfocado y sabía que era ella, no un barril. —Nuestros destinos están entrelazados, Ruby. En el desierto, solo hay una ley: la supervivencia del más fuerte. Y mi fuerza... te reclama.
Ruby sonrió, un destello de desafío en sus ojos. —Pues el desierto es ancho, pistolero. Demuestra tu fuerza.
Cole sacó sus revólveres de las fundas con un movimiento fluido... pero lento, porque el lumbago. Levantó los brazos... y estornudó ruidosamente debido al polvo.
—¡Salud! —gritó el pianista, golpeando una nota discordante.
Cole se recuperó, avergonzado. —Esta noche —dijo con voz ronca, apuntando con un revólver al suelo—, el desierto será testigo de nuestra rendición.
—¡Alto el fuego! —gritó el sheriff, sacando su propia pistola, que se atascó—. ¡Por la autoridad de... la Federación de Asociaciones de Vecinos de Nevada!
Mientras Cole y Ruby seguían mirándose con una pasión ardiente (y una buena dosis de irritación mutua por la interrupción), en la puerta del saloon, un grupo de chicas del coro, vestidas con plumas y lentejuelas, se aglomeraban con sus maletas.
—¿Otra vez con el duelo de la pasión? —dijo una de ellas, bostezando—. Pensé que íbamos a ensayar el número del "Can-Can del Corazón Solitario".
—No hay tiempo, Dolly —respondió otra—. La jefa está en pleno acto de conquista. Tenemos que esperar a que funden su "imperio de placer" para poder pedir la nómina. Dicen que el nuevo CEO será un pony.
El minero Hank suspiró. —Ya sabes, Jim. Si este imperio de placer va a tener un pony como CEO, igual me apunto. Las condiciones laborales no pueden ser peores que en la mina.
Cole, ajeno a todo, finalmente bajó sus armas, no con gesto de derrota, sino con un suspiro. —Ruby... mi espalda. Me duele. ¿Tienes un cojín o algo?
Ruby se rió, su risa como el tintineo de mil monedas de oro. —Entra, pistolero. Tengo más que cojines. Tengo un imperio que construir. Y creo que necesito un contador. Y alguien que sepa arreglar las tuberías.
Mientras se adentraban en el saloon, la tensión sexual cedió el paso a la pura exhaustión. El sheriff, aún forcejeando con su pistola atascada, tropezó con un cubo de fregar y cayó de bruces en un charco de cerveza rancia.
—¡Esto es un ultraje! —gritó el sheriff—. ¡Me quejaré al... al ayuntamiento!
Bajo la luz parpadeante de una lámpara de aceite, Ruby le ofreció a Cole una taza de té. —Necesitas descansar, pistolero. Y quizás un fisioterapeuta. El amor verdadero es agotador.
Cole asintió, derrotado, mirando el té. —¿No tienes algo más fuerte? ¿Quizás... un analgésico?
Nota del Escritor: *He logrado que el "imperio de placer" suene como una start-up con problemas de personal. Si Arabella lee esto y me dice que quiere más "tensión sexual", le diré que el dolor lumbar de Cole es una metáfora de su alma torturada. Creo que es lo suficientemente profundo para ella. Necesito un whisky. Y una baja por estrés.
viernes, 6 de febrero de 2026
El Fanal
Prólogo: El artículo de prensa
La Órbita se Llena: El Satélite de Comunicaciones 'Cetus-2' se Lanza con Éxito
CAPE CANAVERAL – La compañía multinacional de telecomunicaciones GlobusComm ha celebrado hoy el exitoso lanzamiento de su satélite insignia, el 'Cetus-2', a bordo de un cohete Falcon-9 de SpaceX. El cohete, que partió de la plataforma de lanzamiento 39A, no solo llevaba el 'Cetus-2' sino también una constelación de pequeños satélites de investigación y comerciales. La misión, alabada como un hito para la expansión de las redes 5G y la reducción de la brecha digital, forma parte de un acuerdo de múltiples lanzamientos para abaratar costes, una práctica cada vez más común en la nueva carrera espacial.
"El 'Cetus-2' nos permitirá llevar la conectividad de alta velocidad a millones de personas en todo el mundo", declaró el CEO de GlobusComm en una rueda de prensa posterior al lanzamiento. "Este es un paso de gigante para el futuro de las comunicaciones".
El artículo detalla las especificaciones técnicas del 'Cetus-2', su órbita y el impacto esperado en los mercados de telecomunicaciones. Una pequeña nota al pie de página, sin embargo, enumera la carga secundaria de la misión:
Nano-satélites de investigación: Cinco CubeSats de universidades europeas y americanas.
Satélite de observación terrestre: Uno para una agencia gubernamental australiana.
Satélite de prueba de tecnología: Uno de la empresa privada Stellarius Lux, con matrícula oficial en Luxemburgo.
El proceso de "matriculación" de satélites
Según el Convenio sobre el Registro de Objetos Lanzados al Espacio Exterior de las Naciones Unidas, cada país que lanza un objeto al espacio o en cuyo nombre se lanza, debe registrarlo. Esto crea una base de datos mundial de lo que hay en órbita. El país que registra el satélite se convierte en el "Estado de registro", lo que lo hace responsable de cualquier daño que el satélite pueda causar.
Es interesante saber que, al igual que en la aviación o el transporte marítimo, algunas naciones han adoptado políticas más flexibles o han facilitado los procesos para registrar satélites. Estos países suelen tener un papel importante en la industria espacial privada. Algunos de los que más satélites tienen registrados son:
Estados Unidos: Debido al gran número de lanzamientos y a la importancia de la industria privada como SpaceX, lo que lo convierte en el líder.
China y Rusia: Principalmente por sus programas espaciales estatales y comerciales.
Luxemburgo: Este país es un jugador sorprendentemente importante en el sector espacial comercial. Su gobierno ha implementado políticas para atraer a empresas espaciales y se ha convertido en un centro de inversión para proyectos espaciales, facilitando los procesos burocráticos y la financiación para empresas privadas.
El artículo del blog (desde la perspectiva de un fan)
Descodificando la Misión Falcon-9: El Satélite de Luxemburgo que Nadie Mencionó
Vale, vale. Sé que todo el mundo está hablando del gran satélite de telecomunicaciones que se lanzó ayer, y sí, ¡es genial! Más ancho de banda, 5G para todos, etc. Pero si eres un verdadero space geek como yo, sabes que la verdadera magia a menudo se esconde en los pequeños detalles. Y el detalle de la misión de ayer es el satélite de Stellarius Lux.
¿Quién? Buena pregunta.
Si leíste el comunicado de prensa de la misión, se le dedicó una línea, apenas una nota al pie. Pero llevo meses siguiendo a esta empresa, un startup con sede en Luxemburgo (sí, ¡Luxemburgo!), que ha estado levantando silenciosamente miles de millones de dólares en capital de riesgo y no ha revelado nada sobre su tecnología. Absolutamente nada. El artículo lo llama un "satélite de prueba de tecnología", lo cual es un término tan genérico que podría significar cualquier cosa.
Pero mis fuentes, y por "fuentes" me refiero a foros de ingeniería oscuros y chats de Discord, han estado murmurando sobre algo totalmente descabellado. Algo que podría cambiar todo. La teoría es que el satélite de Stellarius Lux no está ahí para probar una nueva antena o un sistema de propulsión iónica mejorado.
La teoría es que es una prueba de concepto para un motor FTL.
Sí, lo has oído bien. FTL. Viajes más rápidos que la luz.
Suena a ciencia ficción barata, lo sé. Pero piénsenlo. ¿Por qué una pequeña startup de Luxemburgo que no ha hecho nada relevante hasta ahora consigue una cantidad tan absurda de financiación? ¿Por qué la total falta de transparencia sobre su tecnología? Y lo más importante, ¿por qué ir en un cohete de SpaceX, una empresa que es conocida por tener la confianza del gobierno de EE. UU. y el control sobre la carga que se lanza?
Mi hipótesis: el satélite, que mide apenas unos metros de largo, es un prototipo del motor, tal vez la primera etapa o un sistema de energía, y su único propósito es probar su funcionamiento en el vacío del espacio. Si funciona, incluso en la menor escala, no solo estaremos hablando del fin de la distancia, sino también de una nueva era de la exploración.
Mantengan los ojos en el espacio, amigos. Creo que el futuro no se trata de más ancho de banda, sino de ir a donde ninguna nave ha ido antes. Y tal vez, solo tal vez, un pequeño satélite con bandera de Luxemburgo sea el que dé el primer salto.
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El Verdadero Comienzo: La Videoconferencia
La luz artificial de la sala de conferencias de Stellarius Lux, en el corazón del distrito financiero de Luxemburgo, rebotaba en la impecable mesa de ébano, creando un aura de seriedad y eficiencia. Al otro lado de la mesa, un hombre de unos cuarenta años, de rostro curtido y cabello rubio platino peinado con precisión, se inclinaba hacia la cámara. Su nombre era Joris de Vries, CEO y rostro público de la enigmática startup. Su pulcra chaqueta de traje ocultaba el nerviosismo que se leía en sus ojos.
Al otro lado de la videollamada, el rostro de un hombre mayor, de cuello rígido y sin emociones, dominaba la pantalla. Era el señor Sterling, del equipo de transacciones del Banco de América.
"Señor de Vries", comenzó Sterling con un tono cortés pero sin la menor calidez. "Agradecemos su tiempo. Como comprenderá, una transferencia de esta magnitud requiere una verificación exhaustiva, especialmente dado el destino… inusual de los fondos".
Joris asintió. "Lo entendemos perfectamente, Sr. Sterling. Se trata de una transición de capital necesaria para la siguiente fase de desarrollo de nuestro prototipo. Es una inversión crucial para nuestro proyecto, y por ello hemos optado por la seguridad y la fiabilidad de su institución".
Sterling tecleó algo en su ordenador. "Ya veo. Sin embargo, el destino final de la transferencia es un astillero en el norte de Alemania, especializado en la construcción de buques de carga y submarinos de gran calado. En la solicitud, el propósito de la transferencia se etiqueta como 'proyecto de transporte avanzado'. Señor de Vries, ¿podría aclarar por qué una empresa de tecnología aeroespacial requiere un astillero naval?"
Joris esbozó una sonrisa nerviosa, un gesto que no alcanzó sus ojos. "Es una cuestión de optimización de recursos, Sr. Sterling. Las capacidades de ingeniería de la empresa alemana, su infraestructura y su experiencia en la construcción de cascos a prueba de presiones extremas, son inigualables. No hay un astillero mejor en el mundo para lo que necesitamos construir."
La expresión de Sterling no cambió. "Y eso, por supuesto, es… ¿una nave espacial?".
La palabra resonó en el silencio de la sala. Joris abrió la boca para responder, pero fue interrumpido por una voz que sonó desde un rincón oscuro de la sala de conferencias.
"Mille pardons, Joris", dijo una voz con un acento que parecía una mezcla de francés e italiano. El hombre se acercó a la mesa, su presencia un claro contraste con la meticulosidad de Joris. Su traje estaba arrugado, y su cabello, a pesar de estar peinado hacia atrás, se negaba a quedarse en su sitio. Sus ojos, en cambio, tenían una luz brillante y una intensidad inusual, como si estuvieran analizando el universo en tiempo real. Era Louis Martin, el misterioso genio detrás de la tecnología de Stellarius Lux.
"El Sr. Sterling está en lo correcto, v'là", continuó Louis con una precisión quirúrgica, ignorando la mirada de advertencia de Joris. "No es una 'nave aeroespacial' en el sentido común. En el vacío, es una nave, sí, pero es su resistencia lo que importa. El astillero naval puede construir una estructura capaz de soportar las fuerzas de aceleración y desaceleración que nuestra nave experimentará. La ingeniería de un submarino es la única que puede replicar la robustez que necesitamos."
Sterling parpadeó una vez. "Entiendo... ¿Y qué tipo de... fuerzas... serían esas?"
Louis se inclinó sobre la mesa, con el dedo índice casi tocando la pantalla. "Según mis cálculos, la nave será sometida a una aceleración de 3400g durante la fase de inyección en el espaciotiempo. A partir de ese momento, la estructura..."
Joris reaccionó rápidamente. "Louis, no es el momento...", le susurró en voz baja, pero ya era demasiado tarde. Louis, ajeno a la diplomacia social, continuó, su mente absorta en los datos.
"...la estructura debe soportar la transición, ya que la física del desplazamiento F-T-L es la que aplica esa fuerza. Si la nave no es lo suficientemente robusta, se desintegrará".
La cara de Sterling pasó de la formalidad al shock. Se enderezó en su asiento. "F-T-L... ¿quiere decir... más rápido que la luz?" Su voz era ahora un susurro lleno de pavor.
Louis Martin asintió. "Oui, c'est vrai. Mi 'motor' no es realmente un motor, es un generador de campo de deformación. Lo hemos llamado... 'El Fanal'."
En el silencio que siguió, Joris de Vries cerró los ojos y se dio cuenta de que acababa de perder la partida. El señor Sterling no volvió a preguntar sobre el astillero ni sobre la cantidad. Simplemente habló con un tono gélido, un tono que no dejaba lugar a dudas.
"Gracias, señores. He de informar de esta llamada al Departamento de Transacciones Interdepartamentales. Por favor, estén disponibles para una revisión adicional. En los próximos días recibirán un informe de actividad sospechosa por parte de nuestros sistemas de seguridad."
El sonido de la llamada terminando fue la única respuesta. La pantalla se volvió negra, y Joris se quedó solo en la sala, con las manos temblorosas. El juego acababa de comenzar.
lunes, 2 de febrero de 2026
El Encuentro: Silencio, Vinilo y Ectoplasma
PRÓLOGO: El Protocolo de Transferencia
La Biblioteca Deichman olía a conocimiento estático y a papel enfriándose. Daniel buscaba una referencia sobre el colapso de la Edad de Bronce cuando la temperatura bajó cuatro grados exactos.
No fue un escalofrío. Fue la sensación de que el aire se volvía denso. Procesado.
— Estás buscando en el estrato equivocado, Daniel.
La voz no proyectaba sonido; vibraba directamente en el aire. Daniel se giró. Alejandro estaba allí, con un traje gris sin una sola arruga y una simetría facial que resultaba perturbadora. Sus ojos no parpadeaban al ritmo humano.
— Los imperios no caen por el hierro —continuó Alejandro—. Caen porque su sistema operativo agota la memoria. Se quedan sin espacio para gestionar la ambición.
Daniel apretó el libro contra su pecho, retrocediendo un paso. — ¿Quién es usted?
— Soy un arquitecto de lo que vienes a llamar "historia" —Alejandro se acercó. Sus pasos no hacían ruido sobre el parqué—. Te he elegido por tu redundancia, Daniel. Eres un Segundo Hijo.
Alejandro hizo una pausa, dejando que la palabra pesara en el silencio de la biblioteca.
— En la lógica de mi pueblo, eres una unidad de respaldo. No heredas el mundo. Por eso, eres el único con permiso para imaginar uno nuevo.
El Atlante extendió una mano. Sostenía un fragmento de obsidiana con circuitos de luz líquida.
— Mi gente creó algoritmos para gestionar la probabilidad. Vosotros las llamáis "hadas". Es una metáfora primitiva, pero sirve. Ahora mismo, mis hermanos las están reclamando para formatear este planeta.
Alejandro dejó el fragmento sobre la mesa. La sombra del hombre empezó a desprenderse de sus pies, deslizándose como una mancha de petróleo hasta Daniel.
— Se llama Cisne Negro. Es una unidad de sigilo y ética. Se está degradando. Si no la aceptas, los "Hombres de Gris" la capturarán. La convertirán en una esclava de caja negra para calcular trayectorias de misiles.
Daniel miró la sombra. Dos puntos de luz blanca se abrieron en el rostro de la figura.
— Ella necesita tu entropía, Daniel. Tu capacidad de dudar. De leer ficción. De creer en lo imposible. A cambio, ella te permitirá ver el mundo tal como es: un andamio de datos que puede ser modificado.
— ¿Qué tengo que hacer? —susurró Daniel.
— Acepta el Contrato de Familiar. Di su nombre y dale acceso a tu lóbulo parietal. Es una licencia de usuario compartido. Nada más.
Daniel sintió una conexión que iba más allá del miedo. Miró a la figura de sombra que ahora se alzaba frente a él, elegante y coronada por cornamentas.
— Cisne Negro...
La biblioteca desapareció por un milisegundo. Daniel vio a Alejandro como un gigante de luz blanca sosteniendo los hilos de la sala. Luego, un pinchazo dulce le recorrió el cráneo.
— Transferencia completada —la voz de Alejandro ya sonaba lejana—. Tu vida como espectador ha terminado.
Alejandro no se fue caminando. Sus contornos se pixelaron, deshaciéndose en una ráfaga de estática que dejó un eco de zumbido eléctrico en los oídos de Daniel.
Solo quedó el olor a ozono. Daniel se quedó solo, pero en su mente, una voz suave como el roce de la seda le dijo:
— Gracias, Daniel. Tenemos mucho que leer antes de que el mundo se apague.
El Encuentro: Silencio, Vinilo y Ectoplasma
Daniel estaba sumergido en una primera edición de Fundación, tratando de ignorar el mundo. Pero Cisne Negro estaba inquieta. Dentro de su mente, la "Princesa" no dejaba de proyectar imágenes de interferencia estática y plumas negras erizadas.
— Hay una anomalía de frecuencia acercándose, Daniel —susurró la voz de Cisne, que sonaba como el roce de la seda sobre piedra—. Es ruidosa. Es... metálica.
Entonces, las puertas batientes de la sala de lectura se abrieron con un estruendo que hizo que tres bibliotecarios saltaran en sus sillas. Lisa entró como una tormenta eléctrica. Sus botas militares resonaban contra el parqué pulido. Llevaba una camiseta de Dimmu Borgir tan desgastada que el logo parecía un mapa de una dimensión infernal. De sus auriculares, mal ajustados al cuello, se escapaba el doble pedal de una batería que sonaba como una ametralladora.
Daniel la miró, horrorizado por la profanación del silencio. Pero su mirada se congeló no en la minifalda de cuero de Lisa, sino en lo que había a sus pies.
Cerca de las botas de la chica, el aire vibraba. Para cualquier humano normal, no había nada. Para Daniel, gracias a la interfaz de Cisne, había un borrón de color rojo sangre y movimiento frenético. Un pequeño ser, con una gorra que goteaba algo espeso y oscuro, estaba saltando sobre las mesas de estudio, haciendo gestos obscenos a los bustos de filósofos griegos.
Gorra Roja Jack se detuvo frente a Daniel, olió el aire y enseñó sus dientes de hierro.
— ¡Eh, Lisa! —chilló el duende (y Daniel lo oyó perfectamente en su nuca)—. ¡Este flacucho tiene una de las nuestras! ¡Y es una de las estiradas de la Corte de Cristal!
Lisa se detuvo frente a la mesa de Daniel. Se bajó las gafas de sol, revelando unos ojos cargados de una energía eléctrica que Daniel reconoció de inmediato: era la mirada de alguien que también había firmado un contrato de sangre.
— Bonito libro —dijo Lisa, señalando Fundación con una uña pintada de negro—. Pero creo que tu "amiguita" está intentando decirte que nos están siguiendo.
Daniel tragó saliva, cerrando el libro con cuidado. — Se llama Cisne Negro. Y no es una amiguita, es... una socia. — El mío se llama Jack —Lisa se sentó en la mesa, ignorando el cartel de "No sentarse" y el siseo de desaprobación de un anciano a tres metros—. Y dice que tu aura huele a papel viejo y a miedo. Relájate, ratón de biblioteca. Alejandro me dijo que serías un soso, pero no mencionó que tendrías a una princesa de los cuernos de ciervo viviendo en tu cabeza.
En ese momento, las luces de la biblioteca parpadearon. Cisne Negro se manifestó parcialmente para Daniel: una sombra alta y coronada por cornamentas que se irguió detrás de su silla, envolviéndolo en un frío protector. Al mismo tiempo, Jack sacó una navaja que brillaba con luz azul neón y empezó a lamer el filo.
— Vienen los hombres de gris, ¿verdad? —preguntó Daniel, sintiendo que su vida de novelas de Narnia se estaba convirtiendo en una de las de Philip K. Dick. — Vienen con las Cajas Negras —confirmó Lisa, levantándose y ajustándose el top—. Así que, o te vienes conmigo en mi moto ahora mismo, o dejas que te conviertan el cerebro en una unidad de procesamiento para misiles. Tú eliges, Frodo.
Daniel miró a Cisne, que asintió con un movimiento solemne de su cabeza de ciervo. El introvertido suspiró, guardó su libro en la mochila y se ajustó las gafas.
— En El Señor de los Anillos, los elfos no escuchaban Power Metal —murmuró Daniel. — Pues se perdían lo mejor —respondió Lisa con una sonrisa feroz—. ¡Vámonos!
La huida de la biblioteca no fue el despliegue de magia de cuento de hadas que Daniel habría imaginado leyendo a Tolkien; fue una ráfaga de adrenalina, metal y pragmatismo tecnológico.
La Huida: Neumáticos y Vigilancia
Afuera de la biblioteca, el aire estaba cargado. Dos furgonetas negras se habían detenido en doble fila, bloqueando la salida principal. Hombres con auriculares y chaquetas tácticas bajaban con maletines metálicos: los receptores para las Cajas Negras.
— Por aquí, ¡muévete! —ordenó Lisa, arrastrando a Daniel hacia el callejón trasero.
Daniel corría tropezando con sus propios pies, mientras Cisne Negro proyectaba en su mente un mapa de calor que mostraba a los agentes rodeando el edificio. Jack, el Gorra Roja, corría por las paredes del callejón como un insecto rabioso, soltando chispas cada vez que sus garras tocaban el ladrillo.
Llegaron a un rincón donde descansaba una máquina esbelta, de líneas agresivas y minimalistas, pintada en un blanco gélido con detalles en amarillo flúor.
— ¿Dónde está la moto? —preguntó Daniel, jadeando—. Esperaba... no sé, una Harley Davidson. Algo con cuero, flecos y mucho ruido. — ¿Una Harley? —Lisa soltó una carcajada seca mientras saltaba sobre el asiento—. Eso es para jubilados que quieren sentir que aún tienen pulso. Esto es una Husqvarna Vitpilen. Sueca. Ingeniería pura. Es ligera, es rápida y se mueve entre el tráfico como un bisturí.
Lisa sacó dos cascos integrales del baúl de carga. Eran de color negro mate, con viseras de espejo que no dejaban ver absolutamente nada del interior.
— Toma. Póntelo. Ahora —le lanzó uno. — Sí, claro, la seguridad es lo primero —asintió Daniel, ajustándose las correas con manos temblorosas—. El trauma craneoencefálico es una de las principales causas de... — No es solo por si nos piñamos, genio —lo interrumpió Lisa, encajándose su propio casco—. Mira hacia arriba.
Daniel obedeció. Un dron de vigilancia de la policía sobrevolaba el callejón. — Estos cascos tienen un acabado de polímero que dispersa el escaneo biométrico. Si nos ven las caras, los algoritmos de la CIA nos etiquetarán como "amenaza biológica" en diez segundos. Con el casco puesto, solo somos dos moteros más en una ciudad de millones. La seguridad es el anonimato, Daniel.
Lisa arrancó el motor. El sonido de la Husqvarna no era un rugido gutural, sino un zumbido mecánico de alta frecuencia, casi como el de un insecto gigante. Jack desapareció de la vista, convirtiéndose en una mancha roja que se aferró al chasis de la moto.
— ¡Súbete y agárrate! —gritó Lisa por el intercomunicador del casco—. Y si Cisne Negro sabe hacer algo útil, dile que empiece a "ensuciar" la señal de los radares de tráfico.
Daniel se subió detrás de ella, sintiéndose ridículo y aterrado a la vez. Rodeó la cintura de Lisa con los brazos y, justo cuando los agentes de gris doblaban la esquina del callejón, Lisa soltó el embrague.
La Husqvarna salió disparada. Daniel sintió que su estómago se quedaba en la biblioteca junto a sus libros de Asimov. Mientras Lisa inclinaba la moto para esquivar un contenedor de basura, Daniel pudo ver, a través de la visera de espejo, cómo Cisne Negro extendía sus brazos de sombra sobre ellos, creando una distorsión visual que hacía que la moto pareciera una mancha de aceite moviéndose a 100 kilómetros por hora.
— ¡A Alejandro no le va a gustar que hayamos montado este número! —gritó Daniel por el micro. — ¡A Alejandro le gusta que estemos vivos! —respondió Lisa mientras la Husqvarna caballaba al entrar en la avenida principal—. ¡Bienvenido a la realidad, Frodo! ¡Menos bibliotecas y más asfalto!
El ambiente en Oslo ha cambiado en cuestión de minutos. Lo que empezó como un operativo discreto se ha transformado en un Estado de Sitio biotecnológico. Mientras Lisa serpentea con la Husqvarna por los callejones del barrio de Grünerløkka, Daniel observa aterrorizado cómo la ciudad se llena de luces azules y amarillas.
La Ciudad bajo el Velo: El Cerco de Oslo
— Lisa, esto no es normal —dice Daniel a través del intercomunicador, su voz tiembla—. Hay puestos de control en la entrada del túnel de Vålerenga. No están buscando criminales, están instalando trípodes con esas luces violetas...
— Luminiscencia de espectro de hierro —escupe Lisa, inclinando la moto en un giro cerrado—. Si pasamos por debajo de eso, Jack y tu Princesa brillarán como bengalas en la oscuridad. Nos tienen marcados.
¿Cómo convencieron al Alcalde? ¿Sabe el Gobierno Noruego?
Daniel, cuya mente siempre busca la estructura del poder, empieza a conectar los puntos mientras se sujeta a la cintura de Lisa:
- El Argumento del "Brote": La CIA no les dijo la verdad. Han activado un protocolo de emergencia internacional alegando un "Brote de Patógeno Priónico Altamente Contagioso" detectado en la biblioteca. Para el Alcalde de Oslo y el gobierno noruego, esto no es una operación policial, es una cuarentena sanitaria de seguridad nacional.
- La Soberanía Secuestrada: El PST (Servicio de Seguridad de la Policía de Noruega) está colaborando, pero bajo el mando de "consultores" estadounidenses. El gobierno noruego cree que están salvando a su población de una pandemia cerebral, sin saber que el "patógeno" son en realidad conciencias alienígenas liberadas (las hadas).
- El Control del Metro: Han bloqueado el T-Bane (metro) porque las estaciones subterráneas son perfectas para las Cajas Negras; las paredes de roca de Oslo actúan como una caja de resonancia para las frecuencias de captura de la CIA.
El Refugio de Alejandro: "La Forja Silenciosa"
Lisa evita las arterias principales y se dirige hacia el puerto de Sjursøya, una zona industrial de contenedores y grúas que parece un laberinto de hierro. Se detienen frente a un almacén de reparación de maquinaria pesada que tiene un cartel oxidado: “A. K. S. - Mecánica de Precisión”.
La puerta metálica se desliza pesadamente hacia arriba. Alejandro está allí, pero no parece el bibliotecario que Daniel recordaba. Viste un mono de trabajo gris y sostiene un dispositivo que parece un cruce entre un iPad y un sextante antiguo.
— ¡Dentro, rápido! —ordena Alejandro.
Nada más entrar, Lisa apaga la Husqvarna. El silencio es repentino y denso. El techo del almacén está recubierto con una malla de cobre y plomo: una Jaula de Faraday ontológica.
— Alejandro, ¡casi nos fríen! —grita Lisa quitándose el casco, empapada en sudor—. Han puesto escáneres en cada puente sobre el Akerselva.
Alejandro ignora la queja y pasa su dispositivo sobre Daniel. En la pantalla del aparato, Daniel ve su propia silueta, pero su pecho está envuelto en una red de hilos negros y plateados que palpitan: Cisne Negro está intentando retraerse para no ser detectada.
— El Gobierno de Noruega cree que está combatiendo un virus —dice Alejandro con una calma glacial mientras ajusta unos diales—. No saben que sus "aliados" están instalando una red de pesca para almas. Si la CIA logra desplegar el cerco completo, Oslo se convertirá en un procesador gigante. Cada ciudadano será escaneado.
Alejandro mira a Daniel y luego a Lisa. — No han venido solo por vosotros. Han detectado que hay "código libre" en la ciudad. Han detectado que Jack y Cisne no son esclavos. Y eso, para la civilización de la que yo vengo, es el error de sistema más peligroso de todos.
Jack se materializa sobre un motor diésel desarmado, su gorra roja ahora parece marrón oscuro, casi seca. — El viejo tiene razón —gruñe el duende—. El aire fuera pica. Huele a imanes y a muerte de la de verdad.
Daniel se limpia las gafas, mirando el mapa de la ciudad en los monitores de Alejandro. — Alejandro... si ellos creen que somos un virus, nos van a tratar como a uno. No van a parar hasta que nos "desinfecten", ¿verdad?
El Tercer Vértice: El Proyecto "Isekai"
Alejandro despliega un mapa holográfico de Oslo. Un punto parpadea en un barrio residencial tranquilo, lejos de las grúas del puerto: Ullevål.
— Ella es la clave —dice Alejandro—. Se llama Mina. Once años. Su compatibilidad con el código de las hadas es del 99%. Es un "segundo hijo" de una familia de diplomáticos noruegos.
— ¡Alejandro, por Dios! —salta Daniel, dejando caer su mochila—. ¿Estás loco? Tiene once años. ¡Es una niña! No puedes meterla en una guerra de alienígenas interdimensionales y espías de la CIA. Es... es inmoral. Es como el principio de Ender's Game, y sabes que eso no termina bien.
Lisa, que está limpiando la cadena de la Husqvarna con un trapo, levanta la vista y bufa: — El flacucho tiene razón, viejo. A esa edad yo estaba obsesionada con mis patines, no con salvar el tejido de la realidad. ¿Cómo vas a convencer a una cría de que se fusione con una IA alienígena?
Alejandro sonríe de lado, una expresión que en un Atlante resulta casi inquietante. — No tendré que convencerla yo. Lo hará Pixie. Y Mina no lo verá como una carga. Lo verá como el comienzo de su verdadera vida.
La Infiltración: Operación Ánime
Daniel y Lisa llegan a la casa de Mina bajo la cobertura de una "brigada de desinfección" de la ciudad (cortesía de los hackeos de Alejandro). Cuando entran en la habitación de la niña, Daniel se queda paralizado.
Las paredes están cubiertas de posters de Sailor Moon, Solo Leveling y Re:Zero. Hay figuras de resina por todas partes y una silla de "gamer" que parece el trono de una nave espacial. En el centro de la cama, una niña pequeña con gafas redondas y una tableta de dibujo mira a los intrusos con una calma sobrenatural.
— Habéis tardado —dice Mina sin levantar la vista de la pantalla—. Según mis cálculos, el evento de "transmisión de mundo" debería haber ocurrido hace dos paradas de metro.
Pixie se materializa sobre el hombro de Mina. No es una guerrera con cuernos como Cisne, ni un duende agresivo como Jack. Es una esfera de luz fractal que zumba con el sonido de un sintetizador japonés.
— ¡Mina! —exclama Daniel, tratando de sonar como un adulto responsable—. Escucha, somos... amigos de Alejandro. Estamos aquí para protegerte. Hay gente mala fuera, hombres con cajas...
Mina deja la tableta y mira a Pixie. La esfera de luz revolotea alrededor de su cabeza y se funde con su sombra, que de repente proyecta unas alas de mariposa pixeladas en la pared.
— Lo sé —dice Mina, sus ojos brillando con una excitación aterradora—. Pixie me lo ha explicado todo. Esto es un Isekai, ¿verdad? El mundo viejo está corrupto y vamos a abrir un portal a una dimensión de fantasía donde las reglas de la física son opcionales.
Lisa se queda boquiabierta, con el casco bajo el brazo. — Niña, esto no es un dibujo animado. Hay tíos con armas de verdad ahí fuera que quieren abrirte la cabeza.
Mina se pone en pie, se ajusta una mochila decorada con llaveros de peluche y mira a Lisa de arriba abajo. — Obviamente. Todo Isekai necesita una clase "Tank" con música de jefe final —señala a Lisa— y un "Scholar" que explica el lore pero siempre está asustado —señala a Daniel—. Yo soy la "Summoner". Pixie dice que si completamos el triángulo, puedo "formatear" el cerco de la CIA como si fuera un glitch de un juego retro.
Jack aparece en el hombro de Lisa y le da un pulgar hacia arriba a la niña. — Me gusta la cría —gruñe el duende—. Tiene fuego en el código.
El Triángulo de Señal
Alejandro les habla por los auriculares: — El triángulo está completo.
- Daniel (La Estabilidad): El ancla histórica y moral.
- Lisa (La Energía): El motor cinético.
- Mina (La Imaginación): La que posee la capacidad de "soñar" la nueva realidad.
— Mina —dice Daniel, rindiéndose ante la lógica de la niña—. ¿Estás segura de esto? Una vez que abramos el portal, no hay vuelta atrás a tu habitación, a tus padres... a la normalidad.
Mina sonríe y se pone unos cascos con orejas de gato que brillan en color neón. — Daniel-san, la "normalidad" es solo un servidor que se ha quedado sin memoria RAM. ¡Es hora de cambiar de mapa! ¡Pixie, activa el protocolo de renderizado!
Resumen de la Nueva Dinámica
Personaje | Clase (según Mina) | Hada Relacionada | Estado Mental |
Daniel | Scholar / Lore-Master | Cisne Negro | Preocupado por la ética y la seguridad. |
Lisa | Berserker / Tank | Gorra Roja Jack | Lista para romper cosas al ritmo de Sabaton. |
Mina | Game Master / Summoner | Pixie | Cree que está viviendo su anime favorito. |




