viernes, 22 de mayo de 2026

El Fanal


  Capítulo 16: La Sombra de Centauri

A bordo del Pionero, el silencio era la única constante. Dos semanas de viaje a la deriva, alejándose de la Tierra por la trayectoria Hoffmann, habían convertido a la nave en una prisión monótona para su tripulación de cuatro. El comandante Mark Collins, un ex piloto de la Fuerza Aérea, observaba con el ceño fruncido las pantallas. Su objetivo: ser el primero en llegar a Alfa Centauri.

"Tenemos señal visual," dijo uno de los ingenieros. "Es el Dragón Ascendente. Se está preparando para el salto. Su firma energética es... ruidosa."

En la pantalla, la nave china apareció como un punto brillante, un espectro de luz rodeado por un halo de energía residual. El pulso electromagnético que había provocado en la Tierra era la prueba de la imprudencia de su despegue, pero su audacia les había dado la delantera. Los cálculos del salto, una vez resueltos por el supercluster de la NASA, ya habían sido enviados. Solo tenían que esperar a que el Dragón Ascendente saltara, y luego harían lo mismo.

Collins miró el reloj. "Nuestros cálculos para el salto ya están a bordo. Tenemos unos minutos de ventaja. No vamos a perder esta carrera".

El Dragón Ascendente se puso en marcha. La firma energética en la pantalla se volvió más intensa, y en un segundo, la nave china se esfumó. El silencio en el puente de mando era ensordecedor. Solo se oía el sonido de los ventiladores del aire acondicionado. La nave china había saltado.

El equipo de control en la Tierra envió una señal al Pionero: "Procedan con el salto, Pionero. Repito, procedan con el salto. No hay tiempo que perder."

Collins no dudó. "Estamos en el punto de salto. Preparen el motor FTL. No vamos a darles la oportunidad de que nos superen."

La tripulación preparó el motor FTL, y el capitán del Pionero activó el condensador de Fluzo. El mundo se distorsionó. Los ojos de Collins se sintieron estirados, y la habitación se llenó de un color que no existía. Las paredes se estiraron y el tiempo se hizo elástico. El silencio se rompió por un sonido que era más una sensación que un ruido, un murmullo que venía de las estrellas.

El viaje no fue más que un instante.

El Pionero apareció en el espacio. El tiempo se volvió a la normalidad, y el color se restauró. Fuera de la ventana, Alfa Centauri, una estrella binaria de colores, brillaba con una luz que era más un espectro de colores que una simple luz. Habían llegado.

El equipo se felicitó. Lo habían logrado. Los segundos de ventaja que tenían les habían dado la victoria. O eso creían.

Collins activó los escáneres. "Búsquenlos," dijo, con una sonrisa en el rostro. "Busquen la firma de energía residual del Dragón Ascendente. Quiero ver si llegaron. Si lo lograron, quiero felicitarlos".

El equipo de ingenieros buscó en el espacio circundante, pero no encontraron nada. No había firma de energía residual, no había rastro de la nave china. El silencio del espacio era la única respuesta. La sonrisa de Collins se desvaneció.

El Pionero era la única nave en el sistema de Alfa Centauri. Habían ganado la carrera. Pero la victoria era vacía. El Dragón Ascendente no había llegado.

¿Dónde estaban los chinos? ¿Su salto había fallado? ¿O habían encontrado una forma de no dejar rastro, de no dejar una firma de energía residual? La respuesta a esa pregunta era más importante que la victoria.

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